jueves, 30 de julio de 2026

Romi, Ramiro y Sabré Olvidar, del buen Joe

 


Joe Arroyo es de lo mejor de la salsa, HE DICHO, jajajaja. El tipo se inventó un ruido inimitable y buenísimo, con su voz como de un delfín drogado…a mí a veces me sale, pregúntenme 😏...me da mucha risa y me parece genial.

Esta era la canción que Romi, escuchaba mientras bailaba con Roberto, su nuevo interés amoroso después de salir de su Egipto. Todos hemos tenido un Egipto, un Faraón y un desierto qué transitar en la vida. El de Romi fue Ramiro.

Romi no se casó con Ramiro, tranquilos, no todo es divorcio ni restauración de matrimonios. A veces, en el noviazgo, el Señor tiene misericordia de sus hijos y pueden terminar una relación que iba al despeñadero. Directo y sin escalas.

Romi se dio cuenta que el desprecio crónico de Ramiro hacia sus modos, a su forma de ser, de pensar, de vestir, de expresarse, era una señal importante de no seguir ahí. Y muchos podrían decir “obvio”, pero pues no. No es obvio. No cuando eres codependiente, tú ya sabes amigo lector.

Cuando el pueblo de Israel estaba en Egipto, veían super normal el ser esclavos. Cuenta la historia del Éxodo que, a partir de cierto Faraón, los egipcios olvidaron el bien que José, el que los salvó de la hambruna hacía unos siglos, les había hecho. Pensaron que los Israelitas eran prole de menor valor y por lo tanto “esclavizables.” Y los Israelitas lo aceptaron como normativa de vida. Porque también ellos habían olvidado que eran el pueblo escogido por Dios para traer salvación al mundo.

Así como a Romi casi se le olvida que era una mujer valiosa, talentosa, hermosa y cualquier adjetivo calificativo positivo que se les ocurra. Era un 10 y Ramiro, pues Dios ya me dijo que no les diga Hombres Pequeños, así que diré simplemente que era un 7 en sus mejores momentos.

Hubo un día que Ramiro la humilló porque ella había reaccionado con llanto a un irrespeto que él le había hecho en una cita. Romi me contó que ella le había pedido que la incluyera en un proyecto en el que podría ayudarlo. Él le dijo que era la peor idea porque ella era insufrible, muy difícil y sólo haría que todo saliera mal. Ella sintió unas ganas desbordadas de llorar que no pudo retener mientras comían en el restaurante. Romi le dijo que por qué era tan duro con ella y por qué la trataba así. Ramiro empezó a menospreciarla, lo de siempre: “siempre extorsionas con tus lágrimas, cómo me molesta que me hagas shows, eres una llorona y sensible”. El problema no era que él la acusara de insufrible y se expresara con desprecio de ella, sino el llanto que ella no supo guardar. Lo de siempre.

Pero en esta ocasión Romi no aguantó más y se fue. Entonces su reacción no fue la de siempre. Así terminaron su relación y ella bailaba la canción que repetía mientras se recordaba que le encantaba escuchar al buen Joe. Dejó de escucharlo porque a Ramiro le parecía burdo y poco interesante. Romi tratando de agradarlo, dejó de escucharlo…lo de siempre para los codependientes.

Es maravilloso como Dios usa la dureza del corazón del Faraón para hacernos salir del lugar donde hemos sido esclavos. Si el Faraón no hubiese exigido que salieran con premura de Egipto, probablemente los Israelitas se hubieran tomado todo su tiempo para salir de ahí, y quizás al final no lo hubieran hecho. Si el Faraón no se hubiera querido vengar después de verlos salir, y los israelitas no se hubieran visto entre “morir ahogados” o “morir a manos de los egipcios”, la gloria de Dios nunca hubiera podido manifestarse ante sus ojos y se hubieran querido de nuevo regresar a Egipto.

El corazón del Faraón se tiene que endurecer para que los escogidos salgan de su esclavitud y retomen la identidad de pueblo de Dios, que siempre fue suya, pero olvidaron.

La necedad de nuestro corazón es profunda y diría yo, directamente proporcional a los traumas sin resolver que haya en nuestros corazones. Romi tuvo más herramientas en ese momento, tuvo dignidad, y pintó la raya en el noviazgo tóxico con Ramiro. En ese abuso verbal recordó que sus papás sí la querían, que era hermosa, talentosa y trabajadora, y que no necesitaba soportar ese tipo de tratos. Pudo salir de ahí antes de casarse con él, como ya había considerado. Por lo menos, en ese momento así lo hizo.

Hay personas que pasan 1 año, 5, 10, 20…o toda la vida, amando al verdugo y perdiendo su identidad en relaciones infructíferas que las destruyen. Hay quienes reciben inspiración divina en algún momento y salen de esa esclavitud.

Lo que sí es que, si nuestros afectos no son redirigidos a los pies de Cristo, si nuestro corazón no se vuelve a nuestro Hacedor y recibimos el amor infinito e incondicional que sólo Él nos puede dar, es cuestión de tiempo que encontremos un nuevo Faraón.

Los Israelitas no alcanzaron a conquistar completamente su tierra prometida, y debido a la idolatría, pasaron de ser esclavos de Egipto a ser esclavos de Babilonia. Pasaron de Faraón a Nabucodonosor. El tiempo es irrelevante, la idolatría que los acompañó desde que salieron huyendo de Faraón nunca los dejó, y los regresó a la esclavitud. Nunca adoptaron su verdadera identidad de ser hijos de Dios.

Todos tenemos nuestras tierras de esclavitud, en donde olvidamos la identidad que tenemos, y nos sometemos a abusos/conductas que nos destruyen, de las cuales creemos que es imposible salir. Pero hay un Jesús que nos predica vida y libertad. Y tenemos la opción de dejar de adorar verdugos y comenzar a vivir para un Dios que todo lo llena en todo.

Romi volvió a encontrar un verdugo, pues Roberto fue su amor del despecho, pero esa es otra historia. Muchos años después, Romi entendió que Jesús era su única satisfacción y pudo sanar. Jesús se presentó como su única alternativa en una profunda depresión y salió adelante. Para todos Hay Esperanza, siempre. 


lunes, 27 de julio de 2026

Lovesong cover Adele y la Venganza

 



Hoy estuve escuchando Boys don't cry y me recordó lo mucho que me gustaban 3 canciones de The Cure, Just like heaven, boys don’t cry y Lovesong, pero la que va con mi melancolía es Lovesong. No vamos a hablar de esto. Vamos a hablar de venganza

¿Alguna vez has despertado con ganas de vengarte?

A mí hoy me pasó. Tranquilos, no hubo acciones vengativas de por medio, sólo el sentimiento, mi tiempo con Dios y vivir en primera persona el “airaos, pero no pequéis”, sin llantitas de entrenamiento, brutal y en la cara. Sentir las ganas y dejarlas ir. Pero fueron bélicas. Hace mucho no sentía este deseo intenso de ser restituída en mis términos e inmediatamente. El diablo es puerco, bien decía don Hermes.

Todos los duelos tienen etapas, eso lo sabemos. Pero no sé dónde entra la etapa de “deseo justicia a mi manera y en este instante” …Ha de ser en la ira. Aunque también tendrá algo de negación…el deseo de venganza es un “rechazo que la conclusión haya sido tan mala y quiero una nueva versión”.

Como si eso fuera posible. No, no…el hubiera sólo existe para plantear lo que nunca será. Y ya.

Hoy de nuevo no quería escribir, porque la tristeza me estaba llevando a lugares oscuros y pensamientos que no conviene tener. Pero siempre que hago caso a mi autodisciplina, cosas bonitas pasan, así que me dejaré guiar por esta experiencia.

A veces no se trata del final de la prueba, del por fin terminar de caminar el desierto. Eso es lo que uno quiere. Todos anhelamos terminar nuestro recorrido por las tierras vacías, el maná a veces nos empieza a saber mal y el agua de las piedras, pierde novedad. La nube durante del día pierde majestad y el torbellino de fuego nocturno deja de ser sorprendente al año 2 de caminar por el desierto.

Pero justamente, esa rutina, ese transitar, es el que nos obliga a movernos por la verdad de Dios, no por lo que sentimos. Porque al final, la nube sí es gloriosa y el torbellino siempre te deja sin aliento, siempre que tus ojos lo vean con el agradecimiento y la actitud que te produzcan vida. Y esa parte es una decisión. Por eso el desierto es tan valioso, por eso la prueba vale oro, aunque uno quiera tirar la toalla tan pronto está comenzando a transitarlo.

En estos días he considerado mucho cómo a Jesús lo desvirtuaron, lo deshicieron, lo destruyeron, vituperaron de él, lo llamaron hijo del diablo, siendo le Unigénito de Dios. Él por motivos infinitamente más altruistas y bondadosos, pero nosotros, ocasionalmente también podemos sentirnos así.

Esta es una entrada particularmente honesta de cómo me siento en este punto. Veo valor en decirlo porque las redes sociales y todos los medios de comunicación masiva tienden a glorificar el resultado de la prueba, el final, el testimonio, eso que va en los servicios de las iglesias cristianas antes de la enseñanza o en un video institucional. Pero cuando uno está en medio de la tormenta, y cuando las ideas no tienen mucho sentido, y cuando se percibe un dedo acusador que se esfuerza mucho en pintarlo a uno como el más villano de los villanos…no se tiene tanta documentación.

Jesús oró por los que lo asesinaron. Pidió al Padre misericordia, porque no sabían lo que hacían. Prueba de buen seguidor de Jesús es poder hacer algo así, a una escala infinitamente menor, pero con los ojos puestos en esa Cruz y confiando que ese mismo Espíritu que le dio fuerza para decir eso, mora en nosotros.

Cuenta el libro de Josué que cuando la tribu de Rubén, Gad y media de Manasés retornaron a sus tierras tras ayudar a la conquista de la Tierra Prometida, del otro lado del Jordán, pusieron un monumento, un testimonio, de que el Dios de las otras tribus, era el mismo que el de ellos. El Dios de Israel.

Esta entrada será un testimonio que me recuerde que en medio de todo lo que no entiendo, todo lo que me asusta, de todos los nuevos comienzos, el mismo Espíritu que resucitó a Jesús de entre los muertos vive en mí. El salvador de mi alma es Jesús y el Padre que tengo, el de todas las luces, me sigue sosteniendo.

Estimado lector, no siempre las palabras necesitan hacer sentido, no siempre las ideas tienen que ser las mejores, o los planes los más claros. A veces sólo toca pedirle a Dios que nos ayude a terminar un día más, con agradecimiento por la bendición que es vivir, y al mismo tiempo con el sentimiento de que la vida pesa muchísimo. Ambas cosas pueden ser verdad al mismo tiempo. Y es fundamental sentir todo para hacer un buen duelo. No hay atajos para vivir los desiertos. Toca vivirlos.

Espero que, si estás viviendo algún tipo de desierto, o hay cosas que no te hacen nada de sentido, esta noche mi Dios y Señor te den mucha paz, sepas que somos muchos pasando por pruebas parecidas, y por más que los dolores todos tengan matices diferentes, su esencia es la misma. Ese vacío y esa añoranza, la nostalgia y el deseo de que no fuera lo que ha sido, todos los hombres lo hemos vivido y podemos comprenderlo. Yo te entiendo y te mando un abrazo.

Ten mucha paz y descansa bien.


jueves, 23 de julio de 2026

"Lo merezco pero no lo quiero..."



Dice el chisme de la farándula que la salsa “Yo no sé mañana” nació como himno del fin de la relación entre Julieta Venegas y Jorge Villamizar. También de este fin parece que salió la canción que más le gustaba a mi amiga Rosy, que podrías estar escuchando mientras me lees.

La frase“lo merezco, pero no lo quiero, por eso me voy” hizo mucho eco en su mente mientras le firmaba el papel que le urgía a Adal quedara listo “en quince días”. Adal, otro Hombre Pequeño, también hizo sufrir por narcisismo a mi amiga Rosy. Rosy era de esas cristianas que creía que por ir una vez cada dos semanas a la iglesia ya conocía a Jesús. Ella me cuenta ahora, habiendo pasado la experiencia que te contaré, que se identificaba mucho con este meme:

Going to church doesn't make you a Christian any more than standing in a  garage makes you a car. | Confession Ecard

(“ir a la iglesia te hace tan cristiano como estar en un garaje te convierte en un carro”… en inglés suena mejor jiji)

Ella terminó como la mayoría de mis amigas, encontrando a Jesús a consecuencia de una separación muy dolorosa. Es que nada es nuevo debajo del sol, amado lector. Todas las historias se repiten, y sólo hay matices: oscuros, claros, chiaroscuros, valles más pronunciados, montes más altos. Nada es nuevo debajo del sol, dice la Biblia. Es verdad.

El punto es que Rosy lloraba y lloraba mientras firmaba el divorcio en el juzgado. Verás, ella era medio ilusa (luego me dijo que ilusa y medio cuando estábamos adelantando cuaderno en alguna cafetería entre muchas risas y llantos), y tenía este deseo desbocado de que antes de que terminaran de firmar, Adal le iba a decir que reconocía que había sido un narcisista manipulador, que la había engañado desde que comenzaron a estar juntos, que se arrepentía profundamente de haberla lastimado, que ya era todo un nuevo hombre, regenerado. Que quería estar por siempre a su lado…Ella pasaría a hacer lo mismo, reconociendo que le puso cargas que no podría jamás llevar, enlistando lo que había entendido que había hecho mal, y vivirían felices por siempre…jajaja.

Pero no amigos, esto es la vida real. Adal se apresuró a repetir el discurso que la persona que más lo influenciaba, a la que más temía y más amaba, le dijo que dijera. Hizo todo muy mecánicamente. Una semana antes, Rosy le había firmado todo sin leer mucho porque estaba abrumada de ver el fin de la relación, por todas las vacas sagradas que se le seguían muriendo, día tras día. Sabía que había firmado algo que decía que ella no le iba a reclamar nada, era parte del papeleo que se necesitaba para concluir ante las autoridades humanas la relación. Se le hizo un intento de herida innecesario que le volviera a hacer firmar un recibo confirmando que de verdad no le debía nada. Él a ella jamás le podría pagar los años. Era incuantificable la vida que le dejó, el tiempo que le dio, y el corazón y alma que le entregó a esa relación…o eso pensaba ella. Digo “intento de herida” porque a pesar de lo ilusa que era, Adal no la logró decepcionar. No esperaba menos, aunque anhelaba con todo su corazón haber visto más. El hombre pequeño cumplió con la expectativa. Su deseo estaba a años luz de su realidad, pero ella reconocía perfectamente cuál sería la realidad.

Verás, el codependiente peca mucho de fantasioso, de tener la mente lejos y el cuerpo presente. Tiene como esta esperanza disonante de que las cosas van a cambiar por arte de magia. Y por eso le cuesta tanto trabajo soltar. Es la respuesta traumática, cree que esta vez, si sostiene con 0.5+ de KG de fuerza, en un ángulo de 35º, y no de 32º como la vez anterior, o 25º previos, seguro la reacción de su ídolo va a ser diferente. “Si le digo que esto o que aquello ahora sí va a cambiar, se va a dar cuenta, va a poder ver”.

El codependiente está convencido de que el éxito de la relación yace en una receta mística que aún no ha descubierto, que lleva toda la vida buscando, y que un día, como José Arcadio Buendía, va a llegar a la alquimia precisa para conseguir el oro que tanto anhela. Falso.

Por eso la pura idea de soltar parece casi blasfemia al codependiente, porque significaría reconocer la verdad, que todos sus amigos, familiares y allegados reconocen, menos él: nunca va a cambiar a su ídolo, es imposible convencer al adicto de su urgencia de cambio. Así como nadie pudo convencerlo a él de su adicción al adicto. Sólo Dios puede tener misericordia, sólo Su Espíritu podría traer convicción de pecado y arrepentimiento. Al adicto y al codependiente. Nada ni nadie más.

Rosy no esperaba nada porque llevaba poco más de un mes de terapia cuando fue al juzgado, en la cual le permitieron entender que todas sus respuestas fantasiosas y falsas expectativas eran resultado del abuso narcisista que sufrió de pequeña a manos de un papá infiel y una mamá codependiente. Ella estaba con un psicólogo muy bueno que con 7 sesiones la ubicó mucho, y después, nos pusimos a hablar y yo le comenté del programa que ando promocionando porque me dan comisión… jajajaja ¡no es cierto! Pero es chistoso porque pareciera.

Ella se metió también a Hay Esperanza, pero cuando firmó el divorcio apenas estaba trabajando con el psicólogo. Él le puso todas las piezas del rompecabezas para que Rosy pudiera entender que lo que en verdad quería era cambiar a su papá, y como él se había ido hace tanto tiempo de su vida, todo hombre se convertiría en el avatar del progenitor, que pasaría a ser su proyecto personal de transformación. Y así fue como se enamoró y casó con Adal, quien se parecía mucho a su papá. Te digo, nada nuevo bajo el Sol.

En fin, esta entrada es de cómo no se necesita de la reconciliación para perdonar. A muchos nos enseñaron que era fundamental pedir perdón expresamente y darlo a viva voz para considerarlo válido. Es decir, nos dijeron que un perdón depende de que el que ofende vaya y reconozca ante el agredido la ofensa, muestre frutos de arrepentimiento, haga actos de penitencia, y entonces, pueda ser perdonado. Falso.

A muy grosso modo, el perdón depende de ese regalo de la convicción de pecado que Dios nos da a todos, cuando podemos disponernos para recibirlo, y del arrepentimiento que esta convicción de pecado trae a nuestro corazón. No se tiene que “sentir”, se decide hacer. A la mayoría de los cristianos no les cuesta trabajo pedirle perdón a Dios. Pero sí que les cuesta recibirlo. Porque no nos enseñaron que el objetivo de pedir perdón era de hecho recibirlo, ¡pff, qué bobada! Entonces estamos llenos de iglesias en las que las personas todos los días van y se arrepienten de exactamente lo mismo, porque no han entendido que, conforme le piden perdón a Dios, Él ya los está perdonando. Uno es el que necesita convicción de pecado y arrepentimiento para dejar de hacer estupideces en contra de sí mismo y de los demás. Dios ya nos dio todo el perdón en Jesús en la cruz. Uno necesita reconocer que ya es perdonado. UNOOOOO!! Di conmigo “yo” ahhh jajajaja es broma, pero si quieres, no es broma.

Ya que hemos sido perdonados, recibimos el superpoder de perdonar. Podemos entregar el perdón que hemos recibido del Padre de toda buena obra, a los demás. Y ellos no tienen que saberlo, ni entenderlo, ni escucharlo. Uno no tiene que sentirlo, pero lo hace porque es lo que sana. Porque el perdón es para uno. Es para soltar lo que no se puede cambiar, es para avanzar en la vida, es para dejar de cargar con pesos muertos, es para UNO. Porque habrá gente que ofende sin querer y otra que se ofende porque la mal ven. Imagínese uno ir a decirle a todos los que uno considera que lo han ofendido, bajo la circunstancia que sea, que ya los perdonó. ¡Qué tontería! Todos ofendemos mucho, y muchos podemos ser sensibles y sentirnos ofendidos por poco, por todo…por eso, Jesús dijo en Mateo 18 (énfasis agregado):

“Entonces se le acercó Pedro y le dijo: «Señor, si mi hermano peca contra mí, ¿cuántas veces debo perdonarlo? ¿Hasta siete veces?» Jesús le dijo: «No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.»”

Entonces, para perdonar no se necesita la participación del ofensor. Esto también abre la posibilidad de perdonar a los que ya no están entre nosotros, y nos pudieron hacer mucho daño. Pero bueno, eso es harina de otro costal. Porque no creo en que se hable con los muertos, eh! lo dejo claro. 

Pero la reconciliación es diferente. La reconciliación requiere que sí o sí haya un esfuerzo consciente de ambas partes de reconocer las ofensas dentro de su relación, con el fin de restaurar la confianza y generar puentes nuevos de comunicación, de amor. Necesita transparencia, honestidad y vulnerabilidad. Es costosa. Es fundamental que ambas partes se sepan perdonadas por Dios, puedan perdonarse a sí mismos por sus faltas en la relación, y procedan a perdonar al otro. Porque es necesario ver primero la viga en el propio ojo antes de querer sacar la paja en el ojo ajeno. El objetivo del perdón dentro de una relación que se fracturó, y que ambas partes desean rescatar, es la restauración. El perdón es fundamental para la restauración, necesita de dos partes, con viva voz y consciencia, interesadas en salir adelante. Pero el perdón no requiere de la restauración. No todas las relaciones se restauran, pero sí todas las personas lo hacen, eso me lo enseñaron también ya sabes dónde.

Rosy buscó de todas las maneras que su relación no se perdiera, aún en sus carencias emocionales, pero Adal estaba muy preocupado en salvar su apariencia, en demostrarle a sus propios dioses que él no se equivocaba. El precio de nunca equivocarse era encontrar un chivo expiatorio perpetuo. Y, por los traumas que ya les dije, mi amiga Rosy fue candidata ideal. Ella quería cambiarlo tratando de salvar su relación con su ausente papá, y él quería alguien que pudiera cargar con la multitud de culpas que sentía que tenía, pero no podía reconocerle a sus dioses. El dios de tener siempre la razón, por encima de toda relación, es uno difícil de apaciguar. El dios de las apariencias también es uno muy demandante. El dios del orgullo es Leviatán.

Tanto Rosy como Adal estaban a un perdón de Dios de restaurarse individualmente, pero como matrimonio…

Ella ya no habla casi al respecto. Aprendió en Canaán a no hacer votos, así que no dice “jamás regresaría con él”. Ella cree que Dios puede resucitar muertos y darles vida a los huesos secos. Pero sabe que para Adal el divorcio era el barco que se quemaba y jamás podría regresar, porque él lo decidió, no porque Dios dijera. Y para ella lo que Dios diga se volvió lo más importante. Así que, recuperándose de su mente fantasiosa, prefiere simplemente no hablar al respecto. Es costoso, como te digo amado lector. Y sólo Dios puede poner ese tipo de convicción de pecado y arrepentimiento en los corazones de los hombres, digamos que Adal esta ocupado buscando más opciones que otra cosa. Y así lleva ya años entonces, dudamos, pero no decimos nada...

Ella cuantificó las perdidas que pensaba imposibles de medir. Les asignó a los años sentimientos, a los engaños, emociones y fue perdonando conforme a lo que le enseñaron en el curso que no promociono ( 😜blink, blink jajaja). Ofensa por ofensa, en silencio y con paciencia. Entonces las pérdidas sí se pueden cuantificar, siempre que les adjudiques un valor en sentimientos, en esa parte de ti que perdiste, en eso que dejaste de ser por la mentira que creíste. Hay pérdidas económicas, que también se pueden perdonar, pero las que son más difíciles de definir, yo te recomendaría pedirle a Dios sabiduría y considerar que medidas también son: años, emociones, nombre de las personas con las que perdiste relación a causa de la pérdida principal, meses, partes de tu identidad que se escondieron por la ofensa que recibiste, o algo así, por dar algunos ejemplos. Reconoce la pérdida y suéltala, como la oración que dejé hace poco.

Así que recuerda, para perdonar no necesitas reconciliarte, pero para reconciliarte, sí necesitas perdón. 

lunes, 20 de julio de 2026

Di ¡no! a la vergüenza


Hoy no quería escribir, pero cuando comencé a hacer esto, me propuse hacerlo por encima de lo que sienta. Porque así es la vida y eso es crecer mijos. Además, madurar es hacer cosas que no quieres hacer o te cuestan trabajo, cuando tienes todo para no hacerlo y nadie te diría algo si no lo haces.

Pues resulta que hoy Google me envió un correo que me decía qué personas le daban clic a mis publicaciones, por lo menos, de los teléfonos de Whatsapp y las cuentas de Instagram/FB que le dan clic. Entonces me da mucho gusto saber que me lees.

¿AHHH verdad…? Jajaja un pequeño chascarrillo, algo necesitaba para animarme porque sí me siento muy ad hoc con el clima vespertino, muy lluvioso, de la Ciudad de México. Me imagino a la gente que le da pena reconocer que me lee, no sé por qué siento que sí es un demográfico importante en mis lectores…no porque crea que lo que escribo merece vergüenza, sino porque he pensado que más bien a ellos sí les podría dar pena reconocer que me leen. La pura imagen me generó risa 😊 Aquellos que me leen y les da penita, pues espero que no se avergüencen ya, no vale la pena. Aunque sí agradezco la risa.

Eso sí, quiero dar un lugar muy especial a las personas que me han reconocido estas reflexiones, ¡¡gracias!! Sus palabras de afirmación también son motivo para continuar esta hermosa tarea. Es bonito saber que uno escribe algo que resuena con el corazón de alguien que puede estar a miles de kilómetros a la distancia.

Aprovecharé esta entrada para recordarles que este blog no se trata sólo de historias de personas en procesos de sanidad, principalmente mujeres (porque pues el programa de Canaán te lleva a tener grupos de apoyo de tu mismo género y de esas historias es que saco mis cuentos), sino que eso era una etapa que necesitaba y deseaba describir para seguir sanando el corazón. Este blog trata de encontrar todo lo bueno y justo en medio de la infinidad de vivencias cotidianas que todos los descendientes de Eva y Adán tenemos.

Por eso procuro siempre llevar mis narraciones a conclusiones de perdón y esperanza. El jueves hablaré sobre la reconciliación, porque perdonar y reconciliarte con alguien son cosas diferentes. Si bien, la reconciliación si requiere del perdón, el perdón no requiere de la reconciliación, pero bueno, de eso escribo el jueves amado lector.

También quiero comentarles que empezaré a retomar más próximamente los temas relacionados con el fin del mundo, que siempre me han apasionado mucho. OVNIS, dioses de la antigüedad, gigantes, catástrofes, deterioro en picada de la moralidad humana y cómo todo eso es señala… ¡el regreso de Jesús!

Y bueno, ahora sí, esta es mi reflexión para este día. Me he dado cuenta últimamente que he luchado mucho con la vergüenza y la culpa a lo largo de mi vida. Aprovechando el tema de la vergüenza…Creo que este asunto se vence en gran medida reconociéndolo, exhibiéndolo, arrepintiéndose uno delante de Dios por eso, y recibiendo ese perdón.

Lo que pasa es que yo siempre fui un poco particular, estimado lector. Uno de los adjetivos más recurrentes que amigos o conocidos usaron para describirme a lo largo de la vida no eran “socialmente exaltables”, sino más bien como ¿incómodos?

Muchas veces me han dicho eres “chistosa” o eres “diferente”, estando “diferente” inclinado hacia el “rara”. A ver, esto no es pitty party ni queja. Ya he podido reconocer mi rareza como parte de mi personalidad, y siento que hago reír mucho a Dios con mis ocurrencias, entonces, he hecho paz con esa parte de mí.

Pero pues ¿qué querían? Con un acento raro toda mi vida, en todas partes, con una manera muy particular de establecer relaciones desde esta itinerancia entre apego evitativo y ansioso, sabiendo que ni soy de aquí ni de allá, que me podría ir (hablando de mi infancia y pubertad), creciendo en ambientes que, de tantos cambios, parecían tapizados de cáscaras de huevos, una voz bastante aguda (ah, pero ¿qué tal canto? Jajaja), un metro setenta de estatura en una región cuya media oscila entre 1.5 y 1.6, y de muchas preguntas, desde siempre, pues sí iba a ser un poco diferente, digámoslo así, a los demás. Y además me gusta mucho inventar palabras, hablo fuerte cuando algo me apasiona (aunque no esté brava), y muchas cosas me apasionan, sobre todo de Dios. A veces también hablo rápido, creo firmemente que sí podría rapear si me lo propusiera jajajaja. En Colombia me dicen que mi acento es muy mexicano y aquí todavía me preguntan “no eres de aquí, ¿verdad?” ¡Todo es parte del paquete!

A mí no me incomoda particularmente que esa sea mi realidad, pero he tenido que reconocer que me incomodaba mucho la idea de pensar que a los demás les incomodaba mucho que yo fuera diferente. Es muy chistoso como la gente que más quisiera pasar desapercibida, el hacerlo le resulta casi imposible, como a mí.

Verás, yo toda mi infancia soñaba con permanecer, quedarme, estar y no moverme de ahí. Yo no me quería regresar de Miami para Bogotá. Yo no quería venirme de Bogotá a Ciudad de México. Ambos cambios trajeron un montón de bullying que ciertamente me hizo adquirir mucha vergüenza e incomodidad con quien yo era.  En tanto tránsito uno adquiere cada costumbre, cada mecanismo bizarro de defensa…

Además, el dejar de ver a mi familia extendida, a la que amaba y con la que me sentía segura, me hizo desarrollar este miedo al acercarme mucho a personas nuevas porque o me iban a llevar, o se iban a ir, o me iba a ir, o las cosas iban a cambiar. Ese apego ansioso y evitativo que he tenido muchas veces y del cual me arrepiento, Papá sabe.

Pero el punto es, la vergüenza es una mentira del infierno. Es algo que te quita ese sello de la personalidad que ha sido un regalo que Dios nos ha dado a todos los hijos de Adán y Eva. Perdón por usar la palabra “infierno”, que a tantos incomoda, pero que, si no tenemos a Jesús en nuestro corazón, pues podría pasar a ser nuestra habitación, ¡así que pilas, estimado lector! No es un chiste el infierno…

Regreso. Es una mentira del infierno porque vergüenza era cargar la Cruz del Calvario, y a esa Jesús la menospreció para traernos salvación. Dice Hebreos 12: 1-3 (énfasis agregado)

“Esto lo hacemos al fijar la mirada en Jesús, el campeón que inicia y perfecciona nuestra fe. Debido al gozo que le esperaba, Jesús soportó la cruz, sin importarle la vergüenza que esta representaba. Ahora está sentado en el lugar de honor, junto al trono de Dios. Piensen en toda la hostilidad que soportó por parte de pecadores, así no se cansarán ni se darán por vencidos”.

Esa sí era vergonzosa, la muerte en la cruz en los tiempos del imperio romano. Tenemos muy romantizado el instrumento de mayor tortura y humillación en el que cualquier ser humano hubiera podido morir en los tiempos del César… de la historia humana probablemente me atrevería a decir. Jesús murió desnudo y hecho una sola llaga, no muchas llagas, mira Isaías 53:3-4 (énfasis agregado):

“Será despreciado y desechado
por la humanidad entera.
Será el hombre más sufrido,
el más experimentado en el sufrimiento.
¡Y nosotros no le daremos la cara!
¡Será menospreciado! ¡No lo apreciaremos!

Con todo, él llevará sobre sí nuestros males,
y sufrirá nuestros dolores,
mientras nosotros creeremos que Dios
lo ha azotado, lo ha herido y humillado.
Pero él será herido por nuestros pecados;
¡molido por nuestras rebeliones!
Sobre él vendrá el castigo de nuestra paz,
y por su llaga seremos sanados”.

 Cuando entendí que vergüenza era morir en la cruz, y que mi Salvador no dudó en entregarse a esa pena por amor a mí, para salvarme, la que yo tenía pasó a un plano muy poco importante.

Por Su llaga y vergüenza yo soy sana y libre de toda pena. Y tu también amigo lector. La sanidad que fluye de la Cruz de Jesús es TAN abundante que alcanza hasta para cosas que podrían sonar tan superfluas como la vergüenza. Pero no lo son. Porque cuando uno vive acomplejado y avergonzado por lo que piensa que debió ser o no, por los modos tan suyos del ser, la ansiedad y la depresión suelen ser unos acompañantes de uno, unos muy medrosos.

Así que no te avergüences de nada, agradece este día que Dios tuvo a bien darte y sé como Él te ha diseñado. Él te hizo para caminar en buenas obras, para ser luz en la oscuridad, para ser la sal del mundo. Y tus diferencias son parte de esa luz y esa sal, son lo que la generación, potencialmente la que presencie el regreso del Rey, necesita. Di ¡no! A la vergüenza, jajaja.

Yo creo que para Jesús hemos valido la pena...dejo esa salsa porque esta entrada comenzó siendo medio triste pero acabó animándome mucho. Bueno el Marco Antonio...

Llegaste hasta el final, ¡wow!

jueves, 16 de julio de 2026

Cuando los mentirosos dicen la verdad


Hace muchos años, Antón le dijo a Sarah que ella era una adicta a la idea del matrimonio. Que ella “idolatraba al matrimonio”, más que quererlo a él. Y como tantas mentiras que escuchamos y hacen eco en nuestros corazones, algo de verdad tenía.

Antón estaba imposibilitado a reconocer, al momento de su infidelidad y de la campaña de desprestigio que emprendió en contra de Sarah, que ella sí lo quería. No de una manera que él pudiera entender, pero sí lo hacía. Lo amaba más de lo que ella se amaba así misma, como tantas codependientes de las historias que he escrito aquí. Claro, Sarah no se amaba mucho a sí misma, entonces quizás es verdad, no lo quería mucho. Pero dentro de su universo, Antón era el Sol y ella era la Tierra, girando en torno a él en cada emprendimiento, cada idea, cada problema. Ella, aunque se identificó en algún momento de su adolescencia como cristiana, llevaba muchos años sin caminar con Jesús. Entonces, cuando algo le pasaba, se preguntaba ¿qué haría Antón? Sus amigas se burlaban de ella por lo mucho que cada una de sus decisiones descansaban en el visto bueno final de su propio hombre pequeño.

Hablemos de las verdades de mentirosos.

El enemigo de todos los hombres usa muchas estrategias que pasan desapercibidas por lo internalizadas que las tenemos. Están en nuestro ADN prácticamente. Entraron a nuestra mente cuando el pecado entró en nuestras vidas. Por eso nos cuesta tanto ver. Por eso estamos tan ciegos. Todos.

Además de la estrategia que usa el diablo que les comenté en entradas pasadas de “asumir” la responsabilidad de lo que pensamos o creemos para mantenernos ligados a creencias autodestructivas (solemos culpar mucho al enemigo por cosas que nosotros necesitamos resolver en nuestra alma, y a él le encanta eso), otra de sus estrategias es el decir la verdad, fuera de tiempo, y a través de un corazón muy herido. Cuando alguien a quien amamos nos dice la verdad por fines egoístas y desde un mal lugar, nos es imposible reconocerla. Pero la verdad es cierta, aunque la diga un mentiroso.

Antón le dijo algo que en sus grupos de apoyo de Canaán Sarah descubriría, muchos años después. Pero cundo hablaron al respecto, ella se quedó en el comentario de Antón de “más que quererlo a él”. Para ella lo más importante era que Antón supiera que, de todo lo que ella pensaba que tenía, nada le había negado y lo quería como a un dios. Entonces lo de “idolatrar al matrimonio” sólo le generó enojo y frustración. No lo pudo razonar. No pudo escucharlo, por más que sí fuera verdad. Durante años ella vivió en negación completa de esa verdad evidente.

Sarah idolatraba el matrimonio. Para ella, la máxime de toda mujer era ser esposa y madre. Y fuera de eso, la vida no tenía sentido. Ella era muy chapada a la antigua. Sus abuelas le habían dicho toda su vida, hasta su adultez, que, para una mujer, el ser esposa y mamá era el centro de la identidad. Y ella no pudo concebir la vida de otra forma. Así que sí, para ella, el dios del matrimonio merecía todos sus sacrificios, todo su tiempo, todo su esfuerzo. Cuando estuvo con Antón, a pesar de lo amargado, mentiroso e infiel que le daba la sensación de que era en el noviazgo, decidió casarse porque consideró que tanto el dios de su vida presente, Antón, como el dios que sus abuelas le enseñaron a adorar, el matrimonio, podrían perfectamente vivir juntos.

Nada más falso.

Esos dos dioses le drenaron la vida. Ella perdió varios bebés durante los dos primeros años de su matrimonio, y lo cargó en silencio. Fue una experiencia muy dolorosa, pero pensaba que, si Antón se enteraba de ello, la dejaría, porque uno de los también dioses de este hombre pequeño era ser papá. A él el matrimonio no le importaba, pero ser papá era su objetivo de existir. De hecho, cuando se divorciaron, Sarah se enteró de que él tuvo 3 hijos con diferentes mujeres durante su matrimonio. Antón era muy trabajador y exitoso en el mundo laboral. Viajaba mucho, y Sarah siempre quería creerle todas las mentiras. Ya saben, típico de codependiente.

Sarah y él no pudieron tener hijos. Cuando Sarah descubrió la última infidelidad, la que rebasó la copa, llamó a sus hermanos y entre todos sacaron las cosas de Antón a la calle. Sarah decidió que no se iría de la casa que con tanto amor habían construido juntos, así que, en medio de su dolor, sacó fuerzas para echarlo y no dejarlo volver más, ni a su corazón ni a su casa. Un amigo cristiano de la infancia le recomendó la sanidad que tanto les he comentado y así fue como empezó a entender su propia realidad.

Pero lo importante de la historia de Sarah es que, aunque conocer la verdad nos hace libres, el querer imponerla como método de extorsión masiva a los demás de forma impositiva, sólo con el fin de convencer al otro de que piense o haga como uno considera que debe ser, jamás producirá buen fruto. La verdad es buena, pero es importante considerar por qué se le está queriendo decir al otro. No nos sirve de NADA el querer andar por la vida escupiendo la verdad, si ningún corazón está preparado para escucharla. Y nadie ejerce verdadera influencia en el otro por acción directa, no de manera que trascienda. Ni Dios nos obliga a nosotros a actuar de una u otra manera. A todos nos inspira, nos aconseja, pero no nos impone. Lo más que podemos hacer por los que genuinamente amamos y por los que deseamos que sean mejores, es interceder por ellos y actuar de forma congruente para que puedan considerar seguir al Jesús que seguimos. Y eso ya es bastante. Vivir una vida congruente es astrofísica en el mundo de la posverdad…sólo el Espíritu de Dios nos puede llevar a hacerlo.

Cuando Antón le dijo a Sarah que ella idolatraba el matrimonio, era porque él no se quería casar con ella. Él quería convencerla de seguir siendo novios de forma indefinida, de ser pareja sin mayor título, porque amaba la posibilidad de continuar en su soltería y era adicto a tener velitas encendidas. Sarah después terminó enterándose que desde el noviazgo salió con amigas del bachillerato, que tuvo muchas novias mientras la presentaba a ella con la familia como “la oficial”. Sarah no sabía evidentemente esta realidad. Ella era la catedral, pero ese hombre pequeño tenía capillitas en cada esquina. Se burlaba de ella, aunque le decía que con ella, cuando le dedicó la canción de Cristian Castro…

Entonces, la verdad no podía entrar en el corazón herido de Sarah porque salió de Antón, una cisterna rota. Pero era verdad.

Sarah aprendió a perdonar a sus abuelitas por haberle metido esa idea de que la identidad de las mujeres era el matrimonio y la maternidad. No, la identidad de todos los hijos de Eva está en Cristo Jesús. Ninguna persona debe sostenerse sobre algo que puede perecer, porque entonces, cuando las cosas se acaban o no se dan como uno esperaba, o cuando las personas se van, o cuando los destinos se separan, se perdería la esencia de uno.

Nuestra identidad necesita afianzarse en lo que no se mueve, y sólo Jesús ofrece esa posibilidad. Ni lo que hacemos, ni nuestro trabajo, ni donde vivimos, ni nuestra familia, ni nuestros amigos pueden ser nuestra identidad, porque todo puede pasar. Y si tenemos un sustento que se va, que puede desaparecer, perdemos el sentido de vivir. Nos quedamos sin piso. Creo que eso es uno de los principales motivos de depresión, ansiedad y desesperanza que hay en el mundo moderno. La mayoría pone sus expectativas en los demás, en sus reacciones, en sus cambios, o en su presencia. Y cuando se van, o cuando se pierden las cosas, se va la identidad.

Sólo Jesús puede definirnos de manera inamovible. Sólo Él es la fuente de agua viva en un mundo lleno de cisternas rotas.

La verdad la puede decir un mentiroso. Todos hemos dicho verdades por motivaciones equivocadas, en momentos egoístas y con fines narcisistas. Todos. Y por eso también uno se puede arrepentir y recibir perdón de Dios. Para también a la larga perdonar a los que le han mentido.

lunes, 13 de julio de 2026

Te quiero Amor, Te quiero, te quiero más que ayeeeer



Cuando a Anna le dijeron que tenía que perdonar a su esposo, el que había tenido una hija con una de sus primas, que la había despreciado hasta el final de su relación, y que, con las semanas, terminaría descubriendo le fue infiel un total de 16 veces, pensó que se trataba de un chiste de pésimo gusto.

¿Cómo se perdona a alguien así? Además, él nunca le había pedido perdón. De hecho, la última vez que hablaron, le dijo que jamás le daría un solo peso para mantener a su hijo, pues no creía que fuera suyo. Claro, el ladrón siempre juzga por su condición, pensó Anna. El niño era idéntico a él, para tristeza (oculta y vergonzosa) de ella. Se sentía muy confundida porque amaba mucho a su niño, pero él le recordaba sin saberlo en absoluto, la etapa más dolorosa de su vida. Poco tiempo después, Dios también le dijo que tenía que perdonar al niño, aunque a penas podía hablar.

Verás, el perdón no se trata del ofensor. El perdón se trata de la restauración de tus creencias, decisiones y afectos. Es sobre tu alma. El perdón no depende de nadie más que de ti ni beneficia a nadie más de lo que te beneficia a ti. He aprendido que el perdón es el fundamento de vivir plenos en la vida y que es el camino para llegar a otro pilar del bienestar: pasar por alto la ofensa.

Digamos que uno comienza perdonando todo lo que lo ofende, lo que le dicen, cómo se lo dicen, cuándo se lo dicen. Uno perdona todo lo que se acerca a heridas que para los ojos de su interlocutor son invisibles, pero para uno son evidentes e intocables. Porque uno es el que está resentido pero la mayoría del tiempo no lo sabe. El prójimo no es responsable de que tú no quieras ni puedas compartir tu comida porque cuando tenías 6 años, Robertito tu primo te quitaba toda la merienda cuando visitabas la casa de tu abuela.  El prójimo no tiene ni idea de que, para ti, desde el último día que viste a Robertito (cuando se fue a vivir a otra ciudad), te prometiste jamás volver a compartir con nadie. El prójimo no tiene ni idea de tu voto interno y de lo agraviante que es para ti que si quiera se les OCURRA pedirte un poco de tus papas a la francesa cuando vas a Carls Jr. En realidad, ni tu ni el prójimo saben que ese pedido estaba vulnerando tu sensibilidad, pero no es responsabilidad del prójimo saberlo. Es tuya. Por eso tú necesitas perdonar y sanar. Tu no lo sabes, porque se te olvidó, pero esa irritación irracional muestra que algo hay que resolver.

Vivimos en un mundo de gente herida que anhela justicia por ofensas que no recuerdan, pero por las que demandan restitución inmediata cuando alguien se las evidencia un poco. Que tu no seas consciente del impacto que Robertito tuvo en tus conductas adultas, no te exime de la responsabilidad/necesidad de curarte de esa irritabilidad que tanto perjudica a todos los que te aman, te rodean y también necesitan lidiar con sus propias heridas inconscientes.

Por eso el perdón no tenía nada que ver con el HP que perjudicó tanto a Anna y a su hijo. Tenía todo que ver con ella. Anna tuvo que decidir perdonar, aunque no lo sintiera. Aunque lo único que quisiera es mandar a secuestrar y drenar todas las finanzas de ese hombre pequeño, pues sentía que eso había sido él para ella: una prisión y desagüe de vida. Anna tenía el poder porque su familia tenía negocios que marginaban la ley y sus hermanos tenían un temperamento intempestivo y violento. Pero Anna no lo hizo, porque ese Hombre Pequeño seguía siendo papá de su amado hijo.

Cuando Anna decidió perdonar al papá de su hijo, aunque no lo sintiera, aunque quisiera todo lo peor para él, recibió una paz sobrenatural que nunca había experimentado antes. Anna entendió que si Jesús la perdonó y la sigue perdonando, que si la muerte y resurrección de Él cubrió la multitud de sus pecados, lo que correspondía es regresarle a todos los que la hubieran ofendido ese perdón.

Eso es lo hermoso de Jesús. Las últimas palabras que dijo en la cruz fueron “perdónalos porque no saben lo que hacen”. A los que lo ejecutaron. A los que lo dejaron hecho una sola herida. Y en ese perdón estábamos nosotros. A diferencia de todos los credos que existen, de todas las religiones que tienen dioses, o que hacen de cosas dioses, el cristianismo es la única que plantea a un Dios que se hizo hombre para regalarle a la humanidad, por precio de nada, un perdón que vale y cubre todo.

Porque a nosotros no nos cuesta creer en Jesús como Salvador, pero a Jesús le costó toda su humanidad darnos ese privilegio. Mientras los dioses de la antigüedad demandaban sangre en intercambio por favores de la divinidad, Jesús vertió toda la suya para restaurar nuestra relación con el Padre. Entonces nosotros recibimos todo el perdón de Dios para poder acercarnos confiadamente delante de Él y alcanzar ayuda en tiempos de aflicción. Y con ese perdón, que no nos costó nada, pero nos llena todo, podemos perdonar a los demás. Recibimos perdón, cuyo único requisito para obtener es el pedirlo, y podemos entregarlo en libertad a todos los que nos ofenden.

He descubierto que el perdón es algo que al principio se hace con muchísima frecuencia por muchos motivos, pero que conforme pasa el tiempo, se van decantando y haciendo más profundos. Al principio uno puede perdonar hasta porque la señora del mercado lo miró mal, o al que lo cerró cuando iba manejando. Con el tiempo uno aprende a perdonarse a sí mismo por los límites que no puso, por el abuso que tanto le hizo desarrollar fortalezas mentales que se convirtieron en caminos de muerte para su vida. Como todo con el Señor, es un proceso.

La oración que se volvió casi rezo para Anna de perdón a su exesposo fue algo así:

Papá, muchas gracias por la vida que me has dado. Gracias por mi amado hijo Raulito. Gracias porque tengo mucho más de lo que necesito. Gracias por mi trabajo. Gracias porque tengo una familia que se siente feliz y triste conmigo. Gracias porque ellos me expresan tu amor.

Te pido perdón porque ayer me enojé mucho cuando Raulito me desobedeció y le grité. Perdón por perder tanto tiempo viendo series y películas. Perdón porque todavía tengo resentimiento contra ya sabes quién. Recibo tu perdón Papá y lo quiero dar.

Hoy quiero perdonar a ya sabes quién. Ya sabes quien, te perdono porque hoy recordé que me dijiste que yo había sido el peor error que cometiste esa última conversación que tuvimos y me dolió mucho. Te perdono porque me sentí desvalorada, rechazada y muy enojada con ese comentario. Reconozco que eso me ha hecho creer que no merezco amor. Pero porque he recibido el amor y perdón de Jesús, decido perdonarte. No me debes nada y no te debo nada. Rompo toda atadura de resentimiento. Eres libre de mí y soy libre de ti. Reconozco todos esos sentimientos de impotencia, frustración y enojo y los suelto. Tú no eres responsable de satisfacer mis necesidades emocionales, espirituales y físicas. Eso sólo lo puede hacer mi Padre Celestial. Papá, te pido que hagas Tu parte, yo ya hice la mía.

Señor, por favor reemplaza mis sentimientos de amargura por gozo. Que el resentimiento y la ira no formen parte de mi motivación detrás de mi relación con ya sabes quién. Alinea mis sentimientos con los Tuyos Papá.

Renuncio a sentirme desamada, renuncio a sentirme rechazada, renuncio a sentirme desvalorada. Renuncio a creer que no valgo, o que valgo menos que mi prima. Renuncio a ser víctima. Renuncio a la ira y renuncio al enojo.

Me comprometo a vivir este proceso de perdón y restauración de Tu mano Jesús. Como dice el Salmo 23, unge con aceite mi cabeza, sana mis heridas Señor. Quiero hacer Tu voluntad conforme sano amado Dios.

Ya sabes quien, rindo el derecho de ser tu juez y tu abogada demandante. Rindo todos mis juicios en tu contra. Yo no soy quién para juzgarte, ese lugar es exclusivamente de Dios. Y Papá, te pido que tengas misericordia de él, quítale todas las excusas para buscarte, abre sus ojos para que se pueda acercar a Ti. Quítale todos los colchones, todos los apoyos humanos que tenga, para que seas Tú su único lugar seguro. Haz con él como haz hecho conmigo. Hazme justicia en contra de esos enemigos que tengo: la infidelidad, el maltrato, la destrucción de mi familia. Tuya es la venganza, tú pagarás.

Ayúdame a mantener los límites correctos con ya sabes quién Papá. Y me comprometo a dejar este perdón concluido y a evitar volver a sacarlo a la luz.

Si el enemigo de mi alma, alguien más o yo misma trae pensamientos de derrota, yo me recordaré que ya perdoné y veré Tu gloria en mi vida.

En el nombre tuyo Jesús, amén.

En Canaán le enseñaron esta oración a Anna. Esta fue la oración que la ayudó a perdonar a su HP, aún mientras él la seguía ofendiendo, aún mientras procuraba seguirla despreciando. Con el tiempo, Anna entendió que todos esos maltratos y tristezas hablaban más de él que de ella. Anna consiguió despersonalizar las ofensas y comenzó a pasarlas por alto. De pronto, aquel HP se dio cuenta que no conseguía nada ofendiendo a Anna, comenzaron a llevarse mucho mejor por el bien de Raulito.

Cuando el Hombre Pequeño y Anna eran novios, él le dedicó la canción de Palito Ortega “Te Quiero Amor, Te Quiero”. Cuando el HP la defraudó y comenzó a perdonar para sanar, ella se agarró de todos los perdones que decían los versos de esa canción y los tomó como la manera de él de pedir perdón por anticipado. Esta acción, que para todos podría parecer una bobería, le hizo mucho más fácil su proceso de perdón.

Dios siempre tiene salvavidas o recursos de sanidad para nosotros, empaquetados en maneras variadas. Canciones, escenas de películas, poemas, libros, recuerdos bonitos. Cuando tenemos un corazón agradecido y podemos reconocer algún buen detalle de la persona que nos lastimó, perdonarlos se puede hacer un ejercicio más sencillo. A esto se le llama gozo, a la gratitud y a la apreciación de los momentos bonitos que componen nuestra cotidianidad.

No todas las historias que producen heridas fueron una pena completa. El reconocer lo bueno y agradecérselo a Dios nos hace más fácil perdonar a los demás. La vida de todos es difícil, todos enfrentamos procesos, duelos, heridas y luchas. Pero la gratitud y el gozo nos pueden hacer todo mucho más vivible y, con el tiempo, hasta disfrutable.

 

 

 

jueves, 9 de julio de 2026

Ni víctima ni villano




Creo firmemente que todos seremos, en alguna medida, y en algún grado de consciencia, villanos en las narrativas de otras personas. Esta idea peligrosa de “el otro es el villano” tiene el riesgo de hacerlo a uno “la víctima”, lo que es muy destructivo para uno mismo.

El entender el tema de la codependencia como algo que es tan pecado como la adicción, me ha ayudado a ver que no soy ni víctima ni villana, sino que bastante humana y con alto potencial de autodestrucción, así como de auto edificación. Cuando hay un conflicto entre dos partes, cada una narrará las cosas desde su perspectiva. La única versión completa la tiene nuestro Papá, y creo que sí puede sernos revelada si tenemos la fortaleza interna para reconocer esas verdades que tanto nos incomodan.

Por ejemplo, en la mayoría de las historias que he contado, cada una de las personas que fueron agraviadas por el pecado de la infidelidad, muy fácilmente se hubieran podido quedar con el INRI de víctima. Y, así como con el tema del “no perdonar”, lo único que esto hubiera hecho es impedirles sanar y avanzar con su vida.

Cuando estamos sujetos a narrativas externas para ser validados internamente, somos víctimas y perdemos todo el control de nuestra vida. Esto pasa mucho más a menudo de lo que nos sentamos a considerar. Millones de personas todos los días le regresan el espíritu a Dios creyendo que fueron víctimas, sin poder reconocer el rol protagónico que Él les dio en esta vida, y las buenas obras en las que Él quería que caminaran. Porque la narrativa de víctima es extremadamente cómoda y muy fácil de comprar.

Uno de los grandes villanos de la historia cristiana, y que sí lo es, pero no como lo hemos institucionalizado, es el diablo. Satanás, el adversario, o el enemigo ha sido responsabilizado por infinidad de decisiones, heridas, carencias y respuestas en las que él no ha jugado un rol activo. Yo estoy segura de que el enemigo tienta, todos los días, a todos, de muchas formas. Pero tentar y hacer son cosas diferentes. Influenciar y obligar son acciones distintas.

Yo he pensado que al enemigo le encantará que lo culpemos de las consecuencias de nuestras propias acciones, porque así nos imposibilita reconocer nuestra parte dentro del caos, éxito o mezcla de ambos en lo que se ha convertido nuestra vida. Nos impide madurar y sanar.

El libre albedrío es un súper poder que todos los seres humanos tenemos pero que menospreciamos por completo, casi tanto como a nuestra alma. Y ambos están tan profundamente relacionados. En nuestra alma, donde están nuestros sentimientos y nuestras decisiones, por la que el Reino de los Cielos combate con el reino de las tinieblas, está la capacidad de escoger la muerte o la vida. Y esta capacidad la podemos ejercer todos los días. Y hay fuerzas que la quieren influenciar hacia uno u otro lado. Pero la decisión SIEMPRE es nuestra.

Un codependiente es responsable de haber puesto expectativas que sólo Dios podía satisfacer en un hombre. Un codependiente es responsable de esperar que un ser humano pudiera satisfacer el hambre permanente de aceptación, reconocimiento, validación que su alma insaciable tiene. Un codependiente es responsable de haberse inventado cuanta artimaña fuera posible para mantener la fachada de tener una vida perfecta, de haber arrojado todos los colchones, poner todas las tazas, para evitar que la verdad del adicto saliera a la luz. Y no lo hacía por amor, no exclusivamente, al adicto sino también a sí mismo, porque para un codependiente, el adicto es una extensión de sí. Entonces impedirle caerse, es impedirse a sí mismo caer. Un codependiente es orgulloso. Un codependiente no es víctima.

Un adicto es responsable del daño que ha hecho con sus vicios. De las mentiras, los engaños y las máscaras con las que ha caminado para ocultarlos. Un adicto es responsable de cada estrategia que usa para cubrir su vicio, y todas las consecuencias que eso trae a su familia. Un adicto es responsable de creer que algo externo le va a llenar el alma, va a resolver la herida, va a quitar el dolor que produjo el abuso, la pérdida, la injusticia que enfrentó hace mucho tiempo. No hay vicio que pueda llenar el hueco de Dios. Un adicto es muy egoísta. Un adicto no es villano.

No voy a menospreciar el dolor que experimentamos cuando somos codependientes. No voy a decir que nos merecemos todo lo que nos pasa o que hemos hecho una u otra cosa para recibir ciertas pruebas en la vida. No haré pequeño el dolor de la infidelidad y del corazón roto. Pero si nos quedamos en la afrenta, en la injusticia, en el dolor y el resentimiento, estaremos condenados a no avanzar, al estancamiento, al dolor. Cualquier persona que ha experimentado violencia o injusticias profundas, puede llegar a convertir su dolor en una canción que inspire a muchos, en un trabajo que mueva a millones. Ese dolor va a encontrar propósito si nos disponemos a liberarlo y dejarlo ser. A vivirlo y a soltarlo, si buscamos refugio en lo que Dios nos ha dado, en Su amor. Quizás el camino no parece sensible, a nuestros ojos mortales, pero si el fin es eterno, lo vale. El dolor ya está, ¿qué hacemos con él, amados codependientes?

Ambos son pecadores, ambos son responsables y para ambos hay esperanza de vida, cuando hay reconocimiento de las faltas, cuando hay perdón y cuando se sueltan las deudas pendientes. Yo no soy villana ni víctima.

Sólo Jesús sana, sólo el perdón libera, sólo el asumir las responsabilidades propias puede hacer la diferencia. Nada más. Pero en esta vida no somos víctimas ni villanos. Somos responsables.

lunes, 6 de julio de 2026

Manual para el duelo




No hay!! Hahahaha, ¿cómo se te ocurre que te voy a escribir en una entrada de blog un manual para el duelo? Mi tía tiene un libro para gestionar el duelo a través del arte 😊 (ExpresARTE: Arteterapia en duelo), pero sé que es un tema muy complejo que tiene multitud de material, investigaciones y libros. No me atrevería a hacer un manual del duelo, bueno, no aún... quién sabe, ¿verdad? 

Hoy tengo ganas de expresar más bien qué me ha costado a mí hacer en los duelos. Al final, la meta de este blog es encontrar qué es lo bueno y qué podría ser lo justo, para que en eso pensemos. Lo bueno y lo justo también se pueden encontrar en medio del dolor y el duelo.

El duelo es el proceso que se vive cuando hay un cambio dramático en la vida, que el cuerpo, el alma y el espíritu necesitan para adaptarse a la nueva realidad. Es algo que se vive, sí o sí. Lo que está en discusión es el progreso que cada uno pueda hacer en su proceso. Yo diría que, de acuerdo con el valor de lo que se altera o se pierde, de lo que cambia, tendrá una mayor o menor duración el duelo. También de acuerdo con la propia manera del ser, a la personalidad, o a las heridas previas al cambio, se podrá o no llevar a buen puerto el duelo.

Cuando Juan Roberto se enteró de que su esposa, la que lo había llevado a la iglesia cristiana, la que le había presentado a Jesús como Señor y Salvador, le estaba siendo infiel con alguien de la iglesia, poco después del cumpleaños número 4 de su unigénita, cayó en una depresión muy profunda. Culpó inmediatamente a Dios, “¿cómo, si se supone que ella era tu hija, me fue a hacer esto?”

Ay amado lector, yo quisiera decirle a la gente que jamás confíe en los hombres, por más que le digan que son cristianos, o practicantes fieles de cualquier religión. En realidad, toda religión sólo será siempre a lo más un intento de religarnos, en nuestras capacidades, a la dimensión divina. Pero eso jamás va a salvar. Así sea la cristiana… lo dije. Bueno lo escribí. Juzga todo por su fruto. Por algo la mitad exacta de la Biblia es:

“Mejor es confiar en Jehová que confiar en el hombre.”

Juan Roberto es un hombre que tiene muchos dones, mucha inteligencia y aprende rápido. Cuando conoció a Jesús, muchas dudas que tuvo dejaron de ser. Pero todo fue trastocado cuando su amada lo apuñaló por la espalda. Ahí comenzó a darse cuenta de lo mucho que había esperado de alguien que era tan de barro como él mismo. Hubo mucho enojo, tristeza absoluta, y desespero en ese "darse cuenta".

Su esposa, una mujer pequeña cuyo nombre no tiene importancia, pasó de ser una mujer de profundas convicciones en Cristo (eso decía ella y por un buen tiempo aparentaba…quizás si era así pero cambió, a saber), a dedicarse al estudio de los ángeles, el New Age, tarot y brujería. Ella pasó de ser una cristiana de convicción a sumergirse en otros credos porque Jesús no le dio rápido las respuestas económicas que ella necesitaba. En su camino a ser hija pródiga (del cual, dicho sea de paso, no todos regresan amado lector), destruyó todo lo que había en derredor. Hizo que el proceso de divorcio fuera lento y tortuoso para Juan Roberto. Lo estaba prácticamente asfixiando, económica y emocionalmente. Juan Roberto era también codependiente, y él tenía toda la intención de hacer lo que fuera necesario para rescatar ese matrimonio. Juan Roberto se casó “para siempre” y el divorcio le resultaba una abominación. Sin embargo, uno de los dones que Dios le dio a él fue el de escuchar Su voz. Todos escuchamos la voz de Dios si nos disponemos a hacerlo, pero a él Dios le habla audiblemente.

Un paréntesis, es curioso como si la gente dice que le habló un fantasma, o un pariente que murió en sueños, o en visiones, habría muchos que respetarían bastante, si bien no entenderían, ese comentario. Pero no vayan a decir que Dios les habló, porque eso sí es de locos. El diablo todo el tiempo está hablando y tentando a la gente para hacer cosas estúpidas y autodestructivas, pero no fuera Dios diciéndole a alguien que perdone, que ponga límites al abuso, o que se aleje de una u otra situación…porque eso sí es locura.

Dios le dijo que estaba lidiando con el espíritu de Leviatán, y eso fue suficiente para que él desistiera de querer salvar su matrimonio.

Leviatán está muy ligado al narcisismo y al orgullo. Leviatán comparte con la serpiente antigua esta capacidad de asfixiar, envolver y torcer todo lo que toca. Por esto, Dios establece en Su palabra que de Leviatán sólo Él mismo se encarga. Dios juega con el Leviatán, sólo Él lo puede domar (Job 41; Salmo 104:26DHH).

Juan Roberto perdió mucho económicamente cuando se divorció. Pero ganó sabiduría, sanidad y esperanza como nadie en su familia. Todo lo que Leviatán le quitó, por un lado, le fue restaurado por mil al final de su proceso. Conoció a Rut, una hija de Dios que había pasado por el mismo proceso que él, con un hombre pequeño. Ambos se casaron y establecieron una familia en la que existe paz, amor y respeto. Algo que ni para Juan ni para Rut era norma en sus vidas anteriores.

Y no les vino fácil, amado lector, porque seguir a Jesús es difícil. Restaurarse, perdonar, hacer duelo, cuesta mucho. Es incómodo y duele. Seguir a Jesús es duro. Pero es la única opción. Porque sólo Él es el camino, la verdad y la vida. Actualmente tienen un hermoso ministerio de restauración familiar y predican de la libertad en Cristo, a través de las pruebas y del dolor.

Creo que a mí lo que más me ha costado trabajo de hacer duelos es reconocer el tamaño de la deuda, asignarle atributos, y soltarla. Cuando uno perdona y cuando uno hace duelos, necesita ponerle un adjetivo preciso a lo que perdió a causa de la ofensa o de la pérdida. Por decir algo: perdí los sueños que tenía junto a esa persona que se fue, que murió y no va a volver. Perdí 5, 8, 15, 20 años de mi vida construyendo una vida que no será. Perdí la posibilidad de trabajar en este lugar. Perdí al compañero o la compañera que había escogido para mi vejez. Perdí el sentido de amor propio. Perdí la capacidad de confiar en mí misma o mí mismo. Perdí la capacidad de confiar en otros. Perdí la expectativa de la realidad tranquila y cotidiana que tenía antes del evento…

Con suerte el evento será canónico, ¿verdad?

Juan Roberto supo bien cuantificar su pérdida, se asignó un tiempo para llorar. Ponía canciones de Bacilos, que le recordaban triunfos y batallas en su matrimonio, y cómo se perdió la última guerra. Perdonó a la MP (mujer pequeña) por los años perdidos, por los vienes perdidos, por el amor perdido. Lloró durante un año su matrimonio y todo lo que le significó a su alma ese reacomodo. Y floreció.

Creo firmemente que la esperanza que hay en Cristo Jesús es verdadera y única, en medio del panteón de todos los dioses. Pero creo que nos han vendido en muchas religiones e iglesias una versión extremadamente rebajada de esa esperanza. Tanto en los medios para adquirirla como en el resultado final. Porque la gloria que todos anhelamos es muy pequeña en comparación a lo que ofrece la eternidad en la presencia de nuestro Creador. Y, por lo tanto, las aflicciones del tiempo presente no se pueden comparar con ellas. Pero si esperamos que siguiendo a Jesús los duelos no existan, las pruebas sean de días, las respuestas sean instantáneas (como las sopas), pues nos vamos a decepcionar un montón. Si la gloria que viene es mucho más grande que tu mero “high” momentáneo, que tu satisfacción inmediata, los dolores presentes podrían ser mucho más sorteables. Proporcionalmente a las dimensiones de nuestras pruebas, vendrá la restauración y plenitud, si podemos poner nuestros ojos en Jesús y ahí dejarlos.

Si no, pues igual enfrentamos cosas horribles, dolorosas, a lo largo de la vida, pero sin esperanza. O sea, el dolor ya está. Vivir es difícil (¡Breaking News!), pero hay un "difícil" con propósito y hay un "difícil" que lleva a la tristeza vacía.

Sé que no estaba en los planes de Dios que vivir fuera difícil, pues el primer mandamiento de la Biblia era MUY sencillo: Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra, y sojuzgadla (Génesis 1:28). Literal, era reproducirnos y administrar una creación perfecta. Dios inventó las relaciones sexuales. Imagínate. Y su primera instrucción fue que nos valiéramos de ellas para poblar la tierra y posteriormente, administrarla a nuestro criterio, inspirados por nuestra cercanía con nuestro Padre. El árbol que Adán y Eva debían comer, el de la vida, no fue el que escogieron. Pero Dios siempre ha querido que tengamos vida en abundancia. Nuestra dependencia de Dios siempre ha sido. Pero la hemos cambiado por dependencia a cosas que se van, que se evaporan, que no son eternas. Y por eso, entre otras cosas estamos como estamos.

Finalmente, nuestro santo libre albedrío y las fuerzas espirituales que continuamente están influenciándonos hacia un camino u otro, el de la vida y la muerte, han tejido un árbol de decisiones (con sus respectivas consecuencias) que en este punto de la creación sí ha producido un ambiente difícil y caótico para todos los hijos de Adán.

Pero ¡Hay Esperanza! (comercial no pagado…hahaha)


jueves, 2 de julio de 2026

Miranda y Ernesto: no todo es divorcio



Mi amiga Miranda descubrió que su esposo Ernesto le estaba siendo infiel con una fulana de la mitad de su edad. Su familia eran ambos y sus dos niñas. Habían vivido juntos un sinfín de pruebas. Ambos eran cristianos, y servían al Señor con mucha devoción. Sin embargo, Miranda omitió muchas banderas rojas conforme se relacionaba con Ernesto, y como tantas veces, terminaron viviendo un matrimonio disfuncional que aparentaba ser perfecto. 

En esta entrada te quiero hablar de todas las cosas que se nos pasan por la cabeza cuando nos quitan el piso repentinamente con la noticia de una infidelidad. Miranda recordó el video de Britney Spears en el que se rapó por completo la cabeza. Vio su cabello como una parte de ella que ya no quería. Tenía que ver por sus niñas mientras su alma estaba rota, tenía que buscar proveer amor cuando se sentía completamente seca. Para ella, su cabello representaba todo lo que ya no sería en su vida. Ernesto le acariciaba su abundante cabellera y le decía que ella era lo mejor que le había pasado. Le recordaba que era la mujer más hermosa que había visto. Le gustaba consentirla mientras bailaban juntos "bachata en Fukuoka". Esas palabras y recuerdos se convirtieron en tijeras cuando pudo entender las dimensiones del pecado de quien las dijo. Miranda se cortó todo su cabello, y tuvo un corte pixie mientras sanaba sus heridas con esperanza.

La misma esperanza que tuvo Ernesto. No todas las historias de mujeres que sufren infidelidades terminan igual. No todas se divorcian, hay quienes se restauran. Miranda y Ernesto son ese ejemplo.  Ernesto rompió los votos, pero hubo un trabajo divino que llevó a buen puerto este atribulado y hermoso matrimonio.

Cuando uno recibe la mala noticia de que la persona que le prometió amarla en las buenas y en las malas decide renunciar al “en las malas”, permanente o temporalmente, esa fractura en el alma puede tomar manifestaciones físicas y emocionales variadas y exuberantes. Miranda cortó todo su cabello, Sara se lo pintó por primera vez en su vida. Adriana se puso botox. Lorena se hizo una liposucción. Rosaura se enfermó de cáncer de mama. Penélope cayó en depresión e inició una relación de dependencia con variedad de ansiolíticos y antidepresivos.

Lamentablemente, mientras no tengamos las herramientas correctas para canalizar y expresar ese dolor, para hacer el duelo que se necesita a ese matrimonio que dejó de ser (porque la restauración implica llorar y dolerse de lo que se murió con la traición, con la infidelidad, con la adicción descubierta; restaurarse implica llorar la confianza que se perdió y dejarse llevar por el amor de Dios; restaurarse implica que ambos se fijen en su parte dentro de la pérdida y llenen el hueco con el Espíritu del Señor), tendremos una alta probabilidad de desarrollar enfermedades en la mente o en el cuerpo, o en ambas.

Ernesto se cayó camino a Damasco. El dormir lejos de los amores de su vida fue la luz que lo tiró de su caballo y el enfrentarse a la pérdida de todo lo que durante años había construido fue su Lucas 15:17. Ernesto buscó como pudo ayuda para recuperar lo perdido. Bendito Dios que no sólo le dio lo que perdió, sino que tuvo el privilegio de vivir un matrimonio resucitado con una familia que ve con amor y esperanza, con más entendimiento y corazón, a Su Señor y Salvador, Jesús. Ellos volvieron a servirle al Señor, desde el amor, desde la gratitud, no desde la religión y el deber ser. Su ministerio de restauración matrimonial ha alcanzado a muchas familias en el mundo.

Pero el camino fue arduo. Ernesto tuvo que reconocer toda ofensa y pedir perdón por cada una. Miranda fue movida a misericordia porque el amor que le tenía no se acabó, fue renovado al ver el corazón de su esposo quebrantado. Ernesto nunca había entendido tanto el valor de tener un varón experimentado en quebrantos como Señor, hasta que vio completamente perdido todo lo que con tanto esfuerzo había construido con Miranda. Su corazón estaba desecho. Y ahí fue donde Jesús pudo quitarle las escamas de sus ojos. Cuando no tienes nada, te das cuenta de que Dios es todo lo que necesitas. Eso dicen por ahí.

El quebrantamiento es otro superpoder que Dios nos ha dado, que tiene la facultad de acercarnos a Él como nada en el mundo, y nos da la posibilidad de conectar con el corazón de otros que están siendo atribulados como nosotros.

Otro de los motivos por los cuales encuentro tan valiosa la sanidad interior es porque veo que muchas personas a lo largo y ancho del mundo viven con enfermedades físicas y de la mente ocasionadas por heridas sin resolver. Qué bueno que Ernesto pudo acercarse a Jesús y pudo reconocer su parte, porque su humildad llevó a Miranda a también hacerlo y reconocer la suya.

Miranda entendió lo idólatra de su corazón al matrimonio, a su esposo, a las ideas que “deben ser” de toda mujer cristiana. Miranda es una adoradora, por lo que su corazón está destinado a adorar. Sí o sí. Como tantos corazones de codependientes que son cristianas pero que todavía no aman a Jesús.

Cuando el amor de Dios la atrajo así mismo, y cuando entendió su identidad de hija muy amada, las escamas de sus ojos también cayeron. Miranda comenzó a verse hermosa, valiosa, talentosa y llena de amor. La vergüenza y el temor fueron desplazados por el amor inexcusable del Padre.

A veces creemos que sólo los adictos tienen escamas en los ojos, por eso dependen de sus vicios. Pero no es así, los codependientes también tienen. Y así como sin codependiente no hay adicto, cuando al adicto se le caen las escamas, también caen de los ojos de sus codependientes. Se pierde el embrujo. Se cae la venda.

Miranda comenzó a recordarse todos los días que es hermosa, que es digna de honra, que vale todo, porque nuestro Señor lo dio todo por ella. Encontró mil promesas en la Biblia y todos los días se repetía tres al despertar. Fue limpiando sus pensamientos y llenándose de las verdades que su Padre celestial había escrito de ella desde antes que el mundo se fundara.

La verdad de Dios siempre prevalecerá sobre todos los engaños del enemigo, sobre todas las heridas del alma, sobre todos los circuitos rotos en nuestra cabeza. Sólo nuestro Papá puede abrir caminos en el desierto y ríos en la soledad. Y eso hizo en la mente de mi amada amiga Miranda.

Así que, por favor, siempre considera, que hay esperanza. Ninguna herida es más grande que la que Jesús cargó en la cruz del calvario. Y esa la cargó para que tú pudieras ser sano. Para que puedas vivir abundantemente, no a medias.

Gracias por leer y gracias amada Miranda por compartirme tu historia.

Bye Bye depresión...

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