jueves, 6 de agosto de 2026

Bye Bye depresión...

 


Esta canción sólo la puse porque hoy quise escuchar a Vilma Palma e Vampiros, de los mejores grupos de rock en español...jajaja para mí, ¿ok? ya casi voy a ir a muchas estaciones y viajaré, y sentí que era correcto para esta entrada. No tiene que ver con el contenido, ¿o sí? jajajaja, hoy estoy chistocita 😜😜😜

Todos deberíamos de tener un blog o algo por el estilo que nos haga felices y nos de oportunidad de expresarnos en libertad. Eso me encanta de este espacio, me da mucho gusto que me lean, claro, pero saber que puedo expresarme sin pena ni culpa, es algo liberador que le podría recomendar a todos.

Cuando alguna amiga o amigo me dicen que les gusta cómo escribo o que algo que comenté les recordó algo y los puso a pensar, lo tomo como una confirmación de que escribir tiene que ver con el propósito de mi vida. Siempre me ha gustado. Tan pronto supe que me venía para México, de lo primero que hice fue tener un diario donde escribía de mis dramas pubertos y cómo veía el mundo. No era tan disciplinada como lo soy ahora, pero leer esas historias me da una ternura enorme y mucha risa. Siempre fui muy dramática y a penas el Señor me está liberando de ver todo con un filtro depresivo y triste.

Justamente de eso te quiero hablar hoy. Creo que mucha de mi propensión a ver todo bajo la luz opaca de la tristeza y ansiedad tuvo que ver con todos esos cambios que he vivido, y que ya he hablado mucho, así como con ciertos patrones familiares, en los que más bien no he ahondado aquí, hasta hoy.

Y quiero hablarlo porque cuando uno experimenta una perdida monumental, como la que he vivido este año, y cuando uno se muda de lugares, de personas, y de vidas, todo se le simbra y cosas que estaban debajo del tapete salen a la luz. El volver a estar soltera ha sido de las cosas que menos esperaba y creía que me fueran a pasar a estas alturas. Todavía no he de hablar de ese tema en particular, pero sí veo la mano de Dios removiendo y moviendo todo en mi mente, para que yo pueda comprobar que eso que tanto he predicado es verdad: Él es bueno, y Su voluntad, buena, agradable y perfecta. Independientemente de todo lo que siento y de todos los altares a ídolos que he desmontado, Él me ha ayudado a desmontar y Él mismo ha desmontado. La verdad de la bondad y el amor infinitos de Dios no se van en medio de mi nueva soltería, y de todo lo que me llevó a ella, sino que más bien se confirman. Porque ningún desierto es deseado, ninguna tierra árida se antoja para vacacionar, menos para vivir por un tiempo, pero en esos lugares, sin lugar a duda, es donde más se puede ver la gloria de Dios. El mar rojo se abre cuando los egipcios van detrás. El maná cae del cielo cuando se tiene hambre y no hay de dónde echar mano. El torbellino de fuego brilla cuando las antorchas se acabaron. Y les prometo que un divorcio es lo necesario para comprender que nunca he estado sola. Mi Papá siempre ha estado ahí.

Algo de eso que estaba debajo del tapete era justamente la tristeza y la ansiedad/depresión familiar y generacional. Quiero aclarar algo, de lo que he aprendido, y que puedo ya dar fe por mi experiencia, sobre las dos partes de las maldiciones generacionales. Lo que entiendo es que las maldiciones familiares y generacionales son la propensión presente en cada uno de nosotros, por venir de cierto linaje, de ancestros que fuertemente transgredieron las leyes de Dios, y produjeron consecuencias en su simiente. Esta consecuencia para mí es una latencia, algo intermitente, algo que está durmiendo pero que, bajo las circunstancias y decisiones equivocadas, se activa. Entonces, las dos cosas que componen una maldición generacional en la vida de alguien son: la propensión o latencia a vivir mal, producto de una transgresión fuerte a las leyes divinas de un antepasado, y la circunstancia y decisión personal.

Con enorme respeto, les comentaré de una historia familiar que puede reflejar esta realidad. Cuando parte de mi familia fue desterrada (y maldecida, literalmente) de su pueblo natal y se fueron a hacer vida a Bogotá, mi abuelo cayó en cama durante un muy buen tiempo, pues decía que sus piernas le dolían mucho y no se podía levantar para caminar. El diagnóstico resultó más bien en una profunda depresión. Claro, toda la pérdida tan monumental que experimentó se tradujo en una afectación física en las extremidades que más lo ayudaron a moverse, a producir y a cargar a lo largo de la vida: sus piernas.

Existe un patrón en muchos de mi prole a ser depresivos y ansiosos. En mi caso, creo que haber salido de Colombia fue mi detonante circunstancial y mi dificultad de ver otra posibilidad más que llorar y estar triste por tanto cambio, fue mi decisión personal. Pero igual para mi familia que ha experimentado depresión y ansiedad, el detonante fue diferente.

No todos tenemos la misma circunstancia que nos facilita el tomar la decisión de abrazar la tristeza como camino para “superar” la prueba. Pero sí compartimos que nos refugiamos en la depresión o tristeza crónica para “superar” la prueba. Digo “superar” porque la tristeza sin esperanza sólo lleva a la destrucción. La tristeza en sí nunca debe ser un fin y nunca lleva, por sí misma, a una resolución. Es un sentimiento que se abraza, se experimenta, y se deja ir. Pero no es un lugar de habitación. Para mí, la depresión es volver la tristeza en tu morada. Es un refugio. Todo refugio fuera de Dios es ídolo. Todo ídolo, destruye.

Alguien alguna vez me dijo que yo era adicta a la tristeza. No me lo dijo en amor, sino en medio de una diferencia. No me lo dijo porque quería que yo mejorara para que yo estuviera mejor, sino porque mi tristeza le parecía fastidiosa y chocaba con su incapacidad de enfrentar emociones (algo que también es en sí un ídolo). Pero dijo la verdad. La verdad es, sin importar cómo ni en qué circunstancias se diga. Eso sí, el cómo y qué puede impedir que la escuchemos...pero no por eso deja de ser. 

Y pues en esta nueva soltería he descubierto ese aspecto de la tristeza en mi vida. El altar de la tristeza y depresión lo puso, que yo sepa, mi abuelo, a causa de una injusticia muy violenta, y de una serie de pésimas decisiones en un lapso de unos 15 o 20 años. Y se quedó con nosotros, yo muy incluída.

Entonces creo que desde los 12 hasta los 15 años aproximadamente, habré vivido en una depresión silenciosa, que a veces me dejaba para intentar establecer nuevas relaciones, de las cuales siempre huía cuando sentía que me iban a abandonar, o cuando mi inconsciente recibía el menor indicio de rechazo potencial.

El punto es que, ¿qué tiene que ver el exilio de hace 50 años de una familia de un pueblo con nombre que suena a “nosotros podemos” en los altos colombianos y la depresión que yo tenía?

Pues mucho. Aparentemente todo. Más de lo que pensaba. Una maldición se establece por una injusticia, y la prole de esa generación la mantiene cuando las circunstancias y sus decisiones la confirman.

Pero Hay Esperanza, amigos. Jesús vino a pregonar libertad a los cautivos y liberar a los presos, para consolar a los que lloramos, y darnos óleo de gozo en vez de un espíritu abatido o deprimido. Entonces, podemos reedificar las ruinas antiguas. Todo esto es parte de una promesa en Isaías 61. Y es justo lo que hoy necesitaba mi corazón. Comencé escribiendo esto sin saber muy bien a dónde me iba a llevar el Señor. Pero aquí estamos, recordando la promesa de Isaías que dice que puedo reedificar las ruinas antiguas. Que, una vez vendado mi corazón y sanadas mis heridas, podría volver a ver esas ruinas antiguas que tanto daño le hicieron a mi familia, y reedificarlas.

No sé en dónde se rompió tu corazón o qué herida generacional te ha tocado resolver. Pero te invito a que medites en Isaías 61. Recuerda que con el Señor es de adentro hacia afuera, primero vendamos nuestras heridas, primero recibimos gozo, y después reedificamos. A veces creemos que reedificar nos va a producir el gozo necesario para sanar las heridas, pero así no hace las cosas Dios. Él primero nos quiere sanos, y después, nos permite reedificar las ruinas.

No puedo contar la cantidad de cosas que he sacado este año de debajo del tapete. No puedo enumerar las sillas de perdón, los duelos y las pérdidas que he tenido que asimilar en un tiempo que para mí es bastante reducido. Pero sí puedo decirte que nunca he estado sola. Sí puedo contar que es la oportunidad de toda mi vida en la que más he visto el amor de Dios a través de todo lo que me rodea. Todas las bendiciones que tengo puedo reconocerlas como expresiones del amor de Dios. Antes quizás en muchas métricas tenía más, pero ahora puedo ver que todo viene de Dios…creo que esa es mi mejor parte.

La depresión no es algo que se vacía y entonces se llena con algo más, con el gozo. No, a la depresión se renuncia. El gozo reemplaza, no deben existir vacíos entre la tristeza crónica y el gozo. El gozo del Señor necesita reemplazar, empujando, a la depresión, porque ella es testaruda. Y se recibe el gozo continuamente. Eventualmente, el filtro gris y triste de la vida va tomando color. Es, como todo, un proceso. Uno que duele, pero duele para resolver, no para quedarnos ahí.

El superpoder que he adquirido estando sola de nuevo es que reconozco perfecto quién me ha bendecido siempre, desde que nací, y hasta que muera. Antes no lo veía así. Tenía muchas vendas en los ojos. Estaba enceguecida.

Ahora puedo ver que orar, leer la biblia, hacer un journal, tener familia, amistades, los lugares nuevos que ocupo, los que conoceré, y los que volveré a ver próximamente, el trabajo, hasta Toti, todo es dádiva de Dios. Porque:

“todo lo bueno y perfecto que se nos da, viene de arriba, de Dios, que creó los astros del cielo. Dios es siempre el mismo: en él no hay variaciones ni oscurecimientos”.

Santiago 1:17

lunes, 3 de agosto de 2026

Quiero verte sonreir mientras me mudo :)



Esta canción desde la primera vez que la escuché me puso en un lugar muy alegre, hace muchos ayeres, porque la escuché cuando salió. Sí, ya no soy una joven bebé como un día fui…jajaja.

¿Cuántas veces te has mudado?

Recuerdo haber conocido amigos que nunca habían dejado de vivir en la casa a la que llegaron del hospital cuando nacieron hasta que se fueron a estudiar a otro lugar o pasados sus veintes, decidieron marcharse del nido.

Yo ya perdí la cuenta de cuántas veces me he mudado, creo que antes de los 15 años ya habían sido más de 6 veces. Hace no tanto, en 2 años me mude 6 veces. Aunque eso incluía mi año en Inglaterra, que involucró más cambios de los normales. Dice el apóstol Pablo que no nos conformemos al tiempo presente, que no nos conformemos a lo que estamos viendo, sino que seamos transformados por la actualización de nuestros pensamientos, y creo que toda mudanza es buen ejercicio para ello. Este año también he tenido mis mudanzas, de mente y de cuerpo, de espacios y vidas.

Mari Kondo decía que cuando uno suelta ropa (algo que tengo pendiente y no quiero hacer ), debe agradecer que la tuvo, y debe despedirse de ella. Agradecer el servicio que le dio y dejarla ir. Eso me cuesta mucho… qué chistoso que yo, que tanto me he ido de todas partes, tanto quiero aferrarme a lo que tengo. Como si no hubiera ya vivido el desprendimiento de tantas maneras desde siempre.

Amigos, hoy estoy muy cansada, la mudanza, las incertidumbres del tiempo presente y futuro, los proyectos que no me atrevo a escribir porque “¿y si no?” desgastan. Tengo mucho pendiente de hablar con Dios esta noche, he de ser honesta.

Cuando uno se muda, recuerda todas las situaciones y vivencias que resultaron en esos movimientos. ¿Cómo llegué aquí? Esto me lo he planteado millones de veces este año. Sí, millones, fácil.

Este año ha sido hítico para mí, jajaja, me inventé ese adjetivo. En este 2026 he dejado muchos altares en señal de que Dios ha sido bueno y me ha llevado, a veces arrastrando y en contra de mí misma (a veces con mucho gozo y a pie), a lugares que todavía no conozco bien.

Es una necesidad el no conformarnos con el tiempo presente sino ser transformados por la renovación de nuestra mente para que podamos comprobar, experimentar, vivir la voluntad de Dios, que es siempre buena agradable y perfecta. Es necesidad porque todos, sin excepción, vamos a estar enfrentando cambios a lo largo de la vida. ¿Qué mejor que hacerlo de una manera en que podamos ver cómo el favor de Dios nos ha rodeado y cuidado siempre?

Decidir ver la vida como una expresión del amor de Dios es también un regalo, uno ENORME. Decidir tener una mentalidad más parecida a la de Josué y Caleb, el sólo tener esa posibilidad, es un privilegio que muchas veces no valoramos. Porque como cristianos, muchas veces damos por sentado el beneficio de tener un libre albedrío completo. Cuando no teníamos a Jesús, nuestras decisiones eran entre lo malo y lo peor, porque teníamos muy oscura la mente. Pero, ya que lo tenemos, podemos escoger el bien. Podemos escoger pensar mejor, podemos escoger levantarnos y agradecer por todo. Por lo que ha salido como queríamos, por lo que ha salido de la peor forma posible, por lo que no esperábamos y también de alguna forma salió. Por todo. Porque para los que amamos a Dios y tenemos un propósito en Él, TODO resulta en un bien. El neto final de nuestra existencia resulta en compartir la eternidad con quien nos hizo y que tanto nos ama, el que más nos ama de todo el universo. Y compartir la vida con alguien que te ama es maravilloso, así como tortuoso puede ser el hacerlo con alguien que te desprecia o para quien no eres importante.

Dios nos ama como somos y nunca nos deja donde estamos. Quizás estás pasando por un proceso como yo o quizás todo va en orden en tu vida, quizás tienes muchos planes y todo va saliendo como esperabas o quizás te han dado una noticia que altera por completo tu trayecto. Jesús está siempre contigo, a Dios siempre le importas, y como escuché este fin de semana, si no te has muerto, todavía hay mucho por hacer en esta existencia.

Descansar en Dios no es exclusivo de cuando todo va como se presupuestó. Descansar en Dios se vive más fuerte cuando nada sale como se planeaba. Muchas veces los consejos que más nos han dado, diferentes personas, en circunstancias diversas y años separados, son la voz de Dios diciéndonos que hay mejores maneras de vivir que las que tenemos. Descansar en Dios es tener la cabeza en el lugar perfecto para poder escuchar esa sabiduría, independientemente de que la barca se esté zarandeando con violencia por las altas olas del mar. Escuchar a Dios con la mente sobria guarda nuestros corazones y nos da paz.

Todo lo que te digo, soy yo haciéndome mi limpieza mental, porque es muy fácil caer en la melancolía, la tristeza o la ansiedad cuando uno está viviendo transiciones, mudanzas y cambios.

Que tengan una noche de paz completa y mucho gozo, aunque el mundo parezca caerse. Que puedan escuchar una canción que cambie el ánimo para bien y puedan estar tranquilos. Y si todo está bien, que tengan una noche de mucha gratitud y gozo también.

jueves, 30 de julio de 2026

Romi, Ramiro y Sabré Olvidar, del buen Joe

 


Joe Arroyo es de lo mejor de la salsa, HE DICHO, jajajaja. El tipo se inventó un ruido inimitable y buenísimo, con su voz como de un delfín drogado…a mí a veces me sale, pregúntenme 😏...me da mucha risa y me parece genial.

Esta era la canción que Romi, escuchaba mientras bailaba con Roberto, su nuevo interés amoroso después de salir de su Egipto. Todos hemos tenido un Egipto, un Faraón y un desierto qué transitar en la vida. El de Romi fue Ramiro.

Romi no se casó con Ramiro, tranquilos, no todo es divorcio ni restauración de matrimonios. A veces, en el noviazgo, el Señor tiene misericordia de sus hijos y pueden terminar una relación que iba al despeñadero. Directo y sin escalas.

Romi se dio cuenta que el desprecio crónico de Ramiro hacia sus modos, a su forma de ser, de pensar, de vestir, de expresarse, era una señal importante de no seguir ahí. Y muchos podrían decir “obvio”, pero pues no. No es obvio. No cuando eres codependiente, tú ya sabes amigo lector.

Cuando el pueblo de Israel estaba en Egipto, veían super normal el ser esclavos. Cuenta la historia del Éxodo que, a partir de cierto Faraón, los egipcios olvidaron el bien que José, el que los salvó de la hambruna hacía unos siglos, les había hecho. Pensaron que los Israelitas eran prole de menor valor y por lo tanto “esclavizables.” Y los Israelitas lo aceptaron como normativa de vida. Porque también ellos habían olvidado que eran el pueblo escogido por Dios para traer salvación al mundo.

Así como a Romi casi se le olvida que era una mujer valiosa, talentosa, hermosa y cualquier adjetivo calificativo positivo que se les ocurra. Era un 10 y Ramiro, pues Dios ya me dijo que no les diga Hombres Pequeños, así que diré simplemente que era un 7 en sus mejores momentos.

Hubo un día que Ramiro la humilló porque ella había reaccionado con llanto a un irrespeto que él le había hecho en una cita. Romi me contó que ella le había pedido que la incluyera en un proyecto en el que podría ayudarlo. Él le dijo que era la peor idea porque ella era insufrible, muy difícil y sólo haría que todo saliera mal. Ella sintió unas ganas desbordadas de llorar que no pudo retener mientras comían en el restaurante. Romi le dijo que por qué era tan duro con ella y por qué la trataba así. Ramiro empezó a menospreciarla, lo de siempre: “siempre extorsionas con tus lágrimas, cómo me molesta que me hagas shows, eres una llorona y sensible”. El problema no era que él la acusara de insufrible y se expresara con desprecio de ella, sino el llanto que ella no supo guardar. Lo de siempre.

Pero en esta ocasión Romi no aguantó más y se fue. Entonces su reacción no fue la de siempre. Así terminaron su relación y ella bailaba la canción que repetía mientras se recordaba que le encantaba escuchar al buen Joe. Dejó de escucharlo porque a Ramiro le parecía burdo y poco interesante. Romi tratando de agradarlo, dejó de escucharlo…lo de siempre para los codependientes.

Es maravilloso como Dios usa la dureza del corazón del Faraón para hacernos salir del lugar donde hemos sido esclavos. Si el Faraón no hubiese exigido que salieran con premura de Egipto, probablemente los Israelitas se hubieran tomado todo su tiempo para salir de ahí, y quizás al final no lo hubieran hecho. Si el Faraón no se hubiera querido vengar después de verlos salir, y los israelitas no se hubieran visto entre “morir ahogados” o “morir a manos de los egipcios”, la gloria de Dios nunca hubiera podido manifestarse ante sus ojos y se hubieran querido de nuevo regresar a Egipto.

El corazón del Faraón se tiene que endurecer para que los escogidos salgan de su esclavitud y retomen la identidad de pueblo de Dios, que siempre fue suya, pero olvidaron.

La necedad de nuestro corazón es profunda y diría yo, directamente proporcional a los traumas sin resolver que haya en nuestros corazones. Romi tuvo más herramientas en ese momento, tuvo dignidad, y pintó la raya en el noviazgo tóxico con Ramiro. En ese abuso verbal recordó que sus papás sí la querían, que era hermosa, talentosa y trabajadora, y que no necesitaba soportar ese tipo de tratos. Pudo salir de ahí antes de casarse con él, como ya había considerado. Por lo menos, en ese momento así lo hizo.

Hay personas que pasan 1 año, 5, 10, 20…o toda la vida, amando al verdugo y perdiendo su identidad en relaciones infructíferas que las destruyen. Hay quienes reciben inspiración divina en algún momento y salen de esa esclavitud.

Lo que sí es que, si nuestros afectos no son redirigidos a los pies de Cristo, si nuestro corazón no se vuelve a nuestro Hacedor y recibimos el amor infinito e incondicional que sólo Él nos puede dar, es cuestión de tiempo que encontremos un nuevo Faraón.

Los Israelitas no alcanzaron a conquistar completamente su tierra prometida, y debido a la idolatría, pasaron de ser esclavos de Egipto a ser esclavos de Babilonia. Pasaron de Faraón a Nabucodonosor. El tiempo es irrelevante, la idolatría que los acompañó desde que salieron huyendo de Faraón nunca los dejó, y los regresó a la esclavitud. Nunca adoptaron su verdadera identidad de ser hijos de Dios.

Todos tenemos nuestras tierras de esclavitud, en donde olvidamos la identidad que tenemos, y nos sometemos a abusos/conductas que nos destruyen, de las cuales creemos que es imposible salir. Pero hay un Jesús que nos predica vida y libertad. Y tenemos la opción de dejar de adorar verdugos y comenzar a vivir para un Dios que todo lo llena en todo.

Romi volvió a encontrar un verdugo, pues Roberto fue su amor del despecho, pero esa es otra historia. Muchos años después, Romi entendió que Jesús era su única satisfacción y pudo sanar. Jesús se presentó como su única alternativa en una profunda depresión y salió adelante. Para todos Hay Esperanza, siempre. 


lunes, 27 de julio de 2026

Lovesong cover Adele y la Venganza

 



Hoy estuve escuchando Boys don't cry y me recordó lo mucho que me gustaban 3 canciones de The Cure, Just like heaven, boys don’t cry y Lovesong, pero la que va con mi melancolía es Lovesong. No vamos a hablar de esto. Vamos a hablar de venganza

¿Alguna vez has despertado con ganas de vengarte?

A mí hoy me pasó. Tranquilos, no hubo acciones vengativas de por medio, sólo el sentimiento, mi tiempo con Dios y vivir en primera persona el “airaos, pero no pequéis”, sin llantitas de entrenamiento, brutal y en la cara. Sentir las ganas y dejarlas ir. Pero fueron bélicas. Hace mucho no sentía este deseo intenso de ser restituída en mis términos e inmediatamente. El diablo es puerco, bien decía don Hermes.

Todos los duelos tienen etapas, eso lo sabemos. Pero no sé dónde entra la etapa de “deseo justicia a mi manera y en este instante” …Ha de ser en la ira. Aunque también tendrá algo de negación…el deseo de venganza es un “rechazo que la conclusión haya sido tan mala y quiero una nueva versión”.

Como si eso fuera posible. No, no…el hubiera sólo existe para plantear lo que nunca será. Y ya.

Hoy de nuevo no quería escribir, porque la tristeza me estaba llevando a lugares oscuros y pensamientos que no conviene tener. Pero siempre que hago caso a mi autodisciplina, cosas bonitas pasan, así que me dejaré guiar por esta experiencia.

A veces no se trata del final de la prueba, del por fin terminar de caminar el desierto. Eso es lo que uno quiere. Todos anhelamos terminar nuestro recorrido por las tierras vacías, el maná a veces nos empieza a saber mal y el agua de las piedras, pierde novedad. La nube durante del día pierde majestad y el torbellino de fuego nocturno deja de ser sorprendente al año 2 de caminar por el desierto.

Pero justamente, esa rutina, ese transitar, es el que nos obliga a movernos por la verdad de Dios, no por lo que sentimos. Porque al final, la nube sí es gloriosa y el torbellino siempre te deja sin aliento, siempre que tus ojos lo vean con el agradecimiento y la actitud que te produzcan vida. Y esa parte es una decisión. Por eso el desierto es tan valioso, por eso la prueba vale oro, aunque uno quiera tirar la toalla tan pronto está comenzando a transitarlo.

En estos días he considerado mucho cómo a Jesús lo desvirtuaron, lo deshicieron, lo destruyeron, vituperaron de él, lo llamaron hijo del diablo, siendo le Unigénito de Dios. Él por motivos infinitamente más altruistas y bondadosos, pero nosotros, ocasionalmente también podemos sentirnos así.

Esta es una entrada particularmente honesta de cómo me siento en este punto. Veo valor en decirlo porque las redes sociales y todos los medios de comunicación masiva tienden a glorificar el resultado de la prueba, el final, el testimonio, eso que va en los servicios de las iglesias cristianas antes de la enseñanza o en un video institucional. Pero cuando uno está en medio de la tormenta, y cuando las ideas no tienen mucho sentido, y cuando se percibe un dedo acusador que se esfuerza mucho en pintarlo a uno como el más villano de los villanos…no se tiene tanta documentación.

Jesús oró por los que lo asesinaron. Pidió al Padre misericordia, porque no sabían lo que hacían. Prueba de buen seguidor de Jesús es poder hacer algo así, a una escala infinitamente menor, pero con los ojos puestos en esa Cruz y confiando que ese mismo Espíritu que le dio fuerza para decir eso, mora en nosotros.

Cuenta el libro de Josué que cuando la tribu de Rubén, Gad y media de Manasés retornaron a sus tierras tras ayudar a la conquista de la Tierra Prometida, del otro lado del Jordán, pusieron un monumento, un testimonio, de que el Dios de las otras tribus, era el mismo que el de ellos. El Dios de Israel.

Esta entrada será un testimonio que me recuerde que en medio de todo lo que no entiendo, todo lo que me asusta, de todos los nuevos comienzos, el mismo Espíritu que resucitó a Jesús de entre los muertos vive en mí. El salvador de mi alma es Jesús y el Padre que tengo, el de todas las luces, me sigue sosteniendo.

Estimado lector, no siempre las palabras necesitan hacer sentido, no siempre las ideas tienen que ser las mejores, o los planes los más claros. A veces sólo toca pedirle a Dios que nos ayude a terminar un día más, con agradecimiento por la bendición que es vivir, y al mismo tiempo con el sentimiento de que la vida pesa muchísimo. Ambas cosas pueden ser verdad al mismo tiempo. Y es fundamental sentir todo para hacer un buen duelo. No hay atajos para vivir los desiertos. Toca vivirlos.

Espero que, si estás viviendo algún tipo de desierto, o hay cosas que no te hacen nada de sentido, esta noche mi Dios y Señor te den mucha paz, sepas que somos muchos pasando por pruebas parecidas, y por más que los dolores todos tengan matices diferentes, su esencia es la misma. Ese vacío y esa añoranza, la nostalgia y el deseo de que no fuera lo que ha sido, todos los hombres lo hemos vivido y podemos comprenderlo. Yo te entiendo y te mando un abrazo.

Ten mucha paz y descansa bien.


jueves, 23 de julio de 2026

"Lo merezco pero no lo quiero..."



Dice el chisme de la farándula que la salsa “Yo no sé mañana” nació como himno del fin de la relación entre Julieta Venegas y Jorge Villamizar. También de este fin parece que salió la canción que más le gustaba a mi amiga Rosy, que podrías estar escuchando mientras me lees.

La frase“lo merezco, pero no lo quiero, por eso me voy” hizo mucho eco en su mente mientras le firmaba el papel que le urgía a Adal quedara listo “en quince días”. Adal, otro Hombre Pequeño, también hizo sufrir por narcisismo a mi amiga Rosy. Rosy era de esas cristianas que creía que por ir una vez cada dos semanas a la iglesia ya conocía a Jesús. Ella me cuenta ahora, habiendo pasado la experiencia que te contaré, que se identificaba mucho con este meme:

Going to church doesn't make you a Christian any more than standing in a  garage makes you a car. | Confession Ecard

(“ir a la iglesia te hace tan cristiano como estar en un garaje te convierte en un carro”… en inglés suena mejor jiji)

Ella terminó como la mayoría de mis amigas, encontrando a Jesús a consecuencia de una separación muy dolorosa. Es que nada es nuevo debajo del sol, amado lector. Todas las historias se repiten, y sólo hay matices: oscuros, claros, chiaroscuros, valles más pronunciados, montes más altos. Nada es nuevo debajo del sol, dice la Biblia. Es verdad.

El punto es que Rosy lloraba y lloraba mientras firmaba el divorcio en el juzgado. Verás, ella era medio ilusa (luego me dijo que ilusa y medio cuando estábamos adelantando cuaderno en alguna cafetería entre muchas risas y llantos), y tenía este deseo desbocado de que antes de que terminaran de firmar, Adal le iba a decir que reconocía que había sido un narcisista manipulador, que la había engañado desde que comenzaron a estar juntos, que se arrepentía profundamente de haberla lastimado, que ya era todo un nuevo hombre, regenerado. Que quería estar por siempre a su lado…Ella pasaría a hacer lo mismo, reconociendo que le puso cargas que no podría jamás llevar, enlistando lo que había entendido que había hecho mal, y vivirían felices por siempre…jajaja.

Pero no amigos, esto es la vida real. Adal se apresuró a repetir el discurso que la persona que más lo influenciaba, a la que más temía y más amaba, le dijo que dijera. Hizo todo muy mecánicamente. Una semana antes, Rosy le había firmado todo sin leer mucho porque estaba abrumada de ver el fin de la relación, por todas las vacas sagradas que se le seguían muriendo, día tras día. Sabía que había firmado algo que decía que ella no le iba a reclamar nada, era parte del papeleo que se necesitaba para concluir ante las autoridades humanas la relación. Se le hizo un intento de herida innecesario que le volviera a hacer firmar un recibo confirmando que de verdad no le debía nada. Él a ella jamás le podría pagar los años. Era incuantificable la vida que le dejó, el tiempo que le dio, y el corazón y alma que le entregó a esa relación…o eso pensaba ella. Digo “intento de herida” porque a pesar de lo ilusa que era, Adal no la logró decepcionar. No esperaba menos, aunque anhelaba con todo su corazón haber visto más. El hombre pequeño cumplió con la expectativa. Su deseo estaba a años luz de su realidad, pero ella reconocía perfectamente cuál sería la realidad.

Verás, el codependiente peca mucho de fantasioso, de tener la mente lejos y el cuerpo presente. Tiene como esta esperanza disonante de que las cosas van a cambiar por arte de magia. Y por eso le cuesta tanto trabajo soltar. Es la respuesta traumática, cree que esta vez, si sostiene con 0.5+ de KG de fuerza, en un ángulo de 35º, y no de 32º como la vez anterior, o 25º previos, seguro la reacción de su ídolo va a ser diferente. “Si le digo que esto o que aquello ahora sí va a cambiar, se va a dar cuenta, va a poder ver”.

El codependiente está convencido de que el éxito de la relación yace en una receta mística que aún no ha descubierto, que lleva toda la vida buscando, y que un día, como José Arcadio Buendía, va a llegar a la alquimia precisa para conseguir el oro que tanto anhela. Falso.

Por eso la pura idea de soltar parece casi blasfemia al codependiente, porque significaría reconocer la verdad, que todos sus amigos, familiares y allegados reconocen, menos él: nunca va a cambiar a su ídolo, es imposible convencer al adicto de su urgencia de cambio. Así como nadie pudo convencerlo a él de su adicción al adicto. Sólo Dios puede tener misericordia, sólo Su Espíritu podría traer convicción de pecado y arrepentimiento. Al adicto y al codependiente. Nada ni nadie más.

Rosy no esperaba nada porque llevaba poco más de un mes de terapia cuando fue al juzgado, en la cual le permitieron entender que todas sus respuestas fantasiosas y falsas expectativas eran resultado del abuso narcisista que sufrió de pequeña a manos de un papá infiel y una mamá codependiente. Ella estaba con un psicólogo muy bueno que con 7 sesiones la ubicó mucho, y después, nos pusimos a hablar y yo le comenté del programa que ando promocionando porque me dan comisión… jajajaja ¡no es cierto! Pero es chistoso porque pareciera.

Ella se metió también a Hay Esperanza, pero cuando firmó el divorcio apenas estaba trabajando con el psicólogo. Él le puso todas las piezas del rompecabezas para que Rosy pudiera entender que lo que en verdad quería era cambiar a su papá, y como él se había ido hace tanto tiempo de su vida, todo hombre se convertiría en el avatar del progenitor, que pasaría a ser su proyecto personal de transformación. Y así fue como se enamoró y casó con Adal, quien se parecía mucho a su papá. Te digo, nada nuevo bajo el Sol.

En fin, esta entrada es de cómo no se necesita de la reconciliación para perdonar. A muchos nos enseñaron que era fundamental pedir perdón expresamente y darlo a viva voz para considerarlo válido. Es decir, nos dijeron que un perdón depende de que el que ofende vaya y reconozca ante el agredido la ofensa, muestre frutos de arrepentimiento, haga actos de penitencia, y entonces, pueda ser perdonado. Falso.

A muy grosso modo, el perdón depende de ese regalo de la convicción de pecado que Dios nos da a todos, cuando podemos disponernos para recibirlo, y del arrepentimiento que esta convicción de pecado trae a nuestro corazón. No se tiene que “sentir”, se decide hacer. A la mayoría de los cristianos no les cuesta trabajo pedirle perdón a Dios. Pero sí que les cuesta recibirlo. Porque no nos enseñaron que el objetivo de pedir perdón era de hecho recibirlo, ¡pff, qué bobada! Entonces estamos llenos de iglesias en las que las personas todos los días van y se arrepienten de exactamente lo mismo, porque no han entendido que, conforme le piden perdón a Dios, Él ya los está perdonando. Uno es el que necesita convicción de pecado y arrepentimiento para dejar de hacer estupideces en contra de sí mismo y de los demás. Dios ya nos dio todo el perdón en Jesús en la cruz. Uno necesita reconocer que ya es perdonado. UNOOOOO!! Di conmigo “yo” ahhh jajajaja es broma, pero si quieres, no es broma.

Ya que hemos sido perdonados, recibimos el superpoder de perdonar. Podemos entregar el perdón que hemos recibido del Padre de toda buena obra, a los demás. Y ellos no tienen que saberlo, ni entenderlo, ni escucharlo. Uno no tiene que sentirlo, pero lo hace porque es lo que sana. Porque el perdón es para uno. Es para soltar lo que no se puede cambiar, es para avanzar en la vida, es para dejar de cargar con pesos muertos, es para UNO. Porque habrá gente que ofende sin querer y otra que se ofende porque la mal ven. Imagínese uno ir a decirle a todos los que uno considera que lo han ofendido, bajo la circunstancia que sea, que ya los perdonó. ¡Qué tontería! Todos ofendemos mucho, y muchos podemos ser sensibles y sentirnos ofendidos por poco, por todo…por eso, Jesús dijo en Mateo 18 (énfasis agregado):

“Entonces se le acercó Pedro y le dijo: «Señor, si mi hermano peca contra mí, ¿cuántas veces debo perdonarlo? ¿Hasta siete veces?» Jesús le dijo: «No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.»”

Entonces, para perdonar no se necesita la participación del ofensor. Esto también abre la posibilidad de perdonar a los que ya no están entre nosotros, y nos pudieron hacer mucho daño. Pero bueno, eso es harina de otro costal. Porque no creo en que se hable con los muertos, eh! lo dejo claro. 

Pero la reconciliación es diferente. La reconciliación requiere que sí o sí haya un esfuerzo consciente de ambas partes de reconocer las ofensas dentro de su relación, con el fin de restaurar la confianza y generar puentes nuevos de comunicación, de amor. Necesita transparencia, honestidad y vulnerabilidad. Es costosa. Es fundamental que ambas partes se sepan perdonadas por Dios, puedan perdonarse a sí mismos por sus faltas en la relación, y procedan a perdonar al otro. Porque es necesario ver primero la viga en el propio ojo antes de querer sacar la paja en el ojo ajeno. El objetivo del perdón dentro de una relación que se fracturó, y que ambas partes desean rescatar, es la restauración. El perdón es fundamental para la restauración, necesita de dos partes, con viva voz y consciencia, interesadas en salir adelante. Pero el perdón no requiere de la restauración. No todas las relaciones se restauran, pero sí todas las personas lo hacen, eso me lo enseñaron también ya sabes dónde.

Rosy buscó de todas las maneras que su relación no se perdiera, aún en sus carencias emocionales, pero Adal estaba muy preocupado en salvar su apariencia, en demostrarle a sus propios dioses que él no se equivocaba. El precio de nunca equivocarse era encontrar un chivo expiatorio perpetuo. Y, por los traumas que ya les dije, mi amiga Rosy fue candidata ideal. Ella quería cambiarlo tratando de salvar su relación con su ausente papá, y él quería alguien que pudiera cargar con la multitud de culpas que sentía que tenía, pero no podía reconocerle a sus dioses. El dios de tener siempre la razón, por encima de toda relación, es uno difícil de apaciguar. El dios de las apariencias también es uno muy demandante. El dios del orgullo es Leviatán.

Tanto Rosy como Adal estaban a un perdón de Dios de restaurarse individualmente, pero como matrimonio…

Ella ya no habla casi al respecto. Aprendió en Canaán a no hacer votos, así que no dice “jamás regresaría con él”. Ella cree que Dios puede resucitar muertos y darles vida a los huesos secos. Pero sabe que para Adal el divorcio era el barco que se quemaba y jamás podría regresar, porque él lo decidió, no porque Dios dijera. Y para ella lo que Dios diga se volvió lo más importante. Así que, recuperándose de su mente fantasiosa, prefiere simplemente no hablar al respecto. Es costoso, como te digo amado lector. Y sólo Dios puede poner ese tipo de convicción de pecado y arrepentimiento en los corazones de los hombres, digamos que Adal esta ocupado buscando más opciones que otra cosa. Y así lleva ya años entonces, dudamos, pero no decimos nada...

Ella cuantificó las perdidas que pensaba imposibles de medir. Les asignó a los años sentimientos, a los engaños, emociones y fue perdonando conforme a lo que le enseñaron en el curso que no promociono ( 😜blink, blink jajaja). Ofensa por ofensa, en silencio y con paciencia. Entonces las pérdidas sí se pueden cuantificar, siempre que les adjudiques un valor en sentimientos, en esa parte de ti que perdiste, en eso que dejaste de ser por la mentira que creíste. Hay pérdidas económicas, que también se pueden perdonar, pero las que son más difíciles de definir, yo te recomendaría pedirle a Dios sabiduría y considerar que medidas también son: años, emociones, nombre de las personas con las que perdiste relación a causa de la pérdida principal, meses, partes de tu identidad que se escondieron por la ofensa que recibiste, o algo así, por dar algunos ejemplos. Reconoce la pérdida y suéltala, como la oración que dejé hace poco.

Así que recuerda, para perdonar no necesitas reconciliarte, pero para reconciliarte, sí necesitas perdón. 

lunes, 20 de julio de 2026

Di ¡no! a la vergüenza


Hoy no quería escribir, pero cuando comencé a hacer esto, me propuse hacerlo por encima de lo que sienta. Porque así es la vida y eso es crecer mijos. Además, madurar es hacer cosas que no quieres hacer o te cuestan trabajo, cuando tienes todo para no hacerlo y nadie te diría algo si no lo haces.

Pues resulta que hoy Google me envió un correo que me decía qué personas le daban clic a mis publicaciones, por lo menos, de los teléfonos de Whatsapp y las cuentas de Instagram/FB que le dan clic. Entonces me da mucho gusto saber que me lees.

¿AHHH verdad…? Jajaja un pequeño chascarrillo, algo necesitaba para animarme porque sí me siento muy ad hoc con el clima vespertino, muy lluvioso, de la Ciudad de México. Me imagino a la gente que le da pena reconocer que me lee, no sé por qué siento que sí es un demográfico importante en mis lectores…no porque crea que lo que escribo merece vergüenza, sino porque he pensado que más bien a ellos sí les podría dar pena reconocer que me leen. La pura imagen me generó risa 😊 Aquellos que me leen y les da penita, pues espero que no se avergüencen ya, no vale la pena. Aunque sí agradezco la risa.

Eso sí, quiero dar un lugar muy especial a las personas que me han reconocido estas reflexiones, ¡¡gracias!! Sus palabras de afirmación también son motivo para continuar esta hermosa tarea. Es bonito saber que uno escribe algo que resuena con el corazón de alguien que puede estar a miles de kilómetros a la distancia.

Aprovecharé esta entrada para recordarles que este blog no se trata sólo de historias de personas en procesos de sanidad, principalmente mujeres (porque pues el programa de Canaán te lleva a tener grupos de apoyo de tu mismo género y de esas historias es que saco mis cuentos), sino que eso era una etapa que necesitaba y deseaba describir para seguir sanando el corazón. Este blog trata de encontrar todo lo bueno y justo en medio de la infinidad de vivencias cotidianas que todos los descendientes de Eva y Adán tenemos.

Por eso procuro siempre llevar mis narraciones a conclusiones de perdón y esperanza. El jueves hablaré sobre la reconciliación, porque perdonar y reconciliarte con alguien son cosas diferentes. Si bien, la reconciliación si requiere del perdón, el perdón no requiere de la reconciliación, pero bueno, de eso escribo el jueves amado lector.

También quiero comentarles que empezaré a retomar más próximamente los temas relacionados con el fin del mundo, que siempre me han apasionado mucho. OVNIS, dioses de la antigüedad, gigantes, catástrofes, deterioro en picada de la moralidad humana y cómo todo eso es señala… ¡el regreso de Jesús!

Y bueno, ahora sí, esta es mi reflexión para este día. Me he dado cuenta últimamente que he luchado mucho con la vergüenza y la culpa a lo largo de mi vida. Aprovechando el tema de la vergüenza…Creo que este asunto se vence en gran medida reconociéndolo, exhibiéndolo, arrepintiéndose uno delante de Dios por eso, y recibiendo ese perdón.

Lo que pasa es que yo siempre fui un poco particular, estimado lector. Uno de los adjetivos más recurrentes que amigos o conocidos usaron para describirme a lo largo de la vida no eran “socialmente exaltables”, sino más bien como ¿incómodos?

Muchas veces me han dicho eres “chistosa” o eres “diferente”, estando “diferente” inclinado hacia el “rara”. A ver, esto no es pitty party ni queja. Ya he podido reconocer mi rareza como parte de mi personalidad, y siento que hago reír mucho a Dios con mis ocurrencias, entonces, he hecho paz con esa parte de mí.

Pero pues ¿qué querían? Con un acento raro toda mi vida, en todas partes, con una manera muy particular de establecer relaciones desde esta itinerancia entre apego evitativo y ansioso, sabiendo que ni soy de aquí ni de allá, que me podría ir (hablando de mi infancia y pubertad), creciendo en ambientes que, de tantos cambios, parecían tapizados de cáscaras de huevos, una voz bastante aguda (ah, pero ¿qué tal canto? Jajaja), un metro setenta de estatura en una región cuya media oscila entre 1.5 y 1.6, y de muchas preguntas, desde siempre, pues sí iba a ser un poco diferente, digámoslo así, a los demás. Y además me gusta mucho inventar palabras, hablo fuerte cuando algo me apasiona (aunque no esté brava), y muchas cosas me apasionan, sobre todo de Dios. A veces también hablo rápido, creo firmemente que sí podría rapear si me lo propusiera jajajaja. En Colombia me dicen que mi acento es muy mexicano y aquí todavía me preguntan “no eres de aquí, ¿verdad?” ¡Todo es parte del paquete!

A mí no me incomoda particularmente que esa sea mi realidad, pero he tenido que reconocer que me incomodaba mucho la idea de pensar que a los demás les incomodaba mucho que yo fuera diferente. Es muy chistoso como la gente que más quisiera pasar desapercibida, el hacerlo le resulta casi imposible, como a mí.

Verás, yo toda mi infancia soñaba con permanecer, quedarme, estar y no moverme de ahí. Yo no me quería regresar de Miami para Bogotá. Yo no quería venirme de Bogotá a Ciudad de México. Ambos cambios trajeron un montón de bullying que ciertamente me hizo adquirir mucha vergüenza e incomodidad con quien yo era.  En tanto tránsito uno adquiere cada costumbre, cada mecanismo bizarro de defensa…

Además, el dejar de ver a mi familia extendida, a la que amaba y con la que me sentía segura, me hizo desarrollar este miedo al acercarme mucho a personas nuevas porque o me iban a llevar, o se iban a ir, o me iba a ir, o las cosas iban a cambiar. Ese apego ansioso y evitativo que he tenido muchas veces y del cual me arrepiento, Papá sabe.

Pero el punto es, la vergüenza es una mentira del infierno. Es algo que te quita ese sello de la personalidad que ha sido un regalo que Dios nos ha dado a todos los hijos de Adán y Eva. Perdón por usar la palabra “infierno”, que a tantos incomoda, pero que, si no tenemos a Jesús en nuestro corazón, pues podría pasar a ser nuestra habitación, ¡así que pilas, estimado lector! No es un chiste el infierno…

Regreso. Es una mentira del infierno porque vergüenza era cargar la Cruz del Calvario, y a esa Jesús la menospreció para traernos salvación. Dice Hebreos 12: 1-3 (énfasis agregado)

“Esto lo hacemos al fijar la mirada en Jesús, el campeón que inicia y perfecciona nuestra fe. Debido al gozo que le esperaba, Jesús soportó la cruz, sin importarle la vergüenza que esta representaba. Ahora está sentado en el lugar de honor, junto al trono de Dios. Piensen en toda la hostilidad que soportó por parte de pecadores, así no se cansarán ni se darán por vencidos”.

Esa sí era vergonzosa, la muerte en la cruz en los tiempos del imperio romano. Tenemos muy romantizado el instrumento de mayor tortura y humillación en el que cualquier ser humano hubiera podido morir en los tiempos del César… de la historia humana probablemente me atrevería a decir. Jesús murió desnudo y hecho una sola llaga, no muchas llagas, mira Isaías 53:3-4 (énfasis agregado):

“Será despreciado y desechado
por la humanidad entera.
Será el hombre más sufrido,
el más experimentado en el sufrimiento.
¡Y nosotros no le daremos la cara!
¡Será menospreciado! ¡No lo apreciaremos!

Con todo, él llevará sobre sí nuestros males,
y sufrirá nuestros dolores,
mientras nosotros creeremos que Dios
lo ha azotado, lo ha herido y humillado.
Pero él será herido por nuestros pecados;
¡molido por nuestras rebeliones!
Sobre él vendrá el castigo de nuestra paz,
y por su llaga seremos sanados”.

 Cuando entendí que vergüenza era morir en la cruz, y que mi Salvador no dudó en entregarse a esa pena por amor a mí, para salvarme, la que yo tenía pasó a un plano muy poco importante.

Por Su llaga y vergüenza yo soy sana y libre de toda pena. Y tu también amigo lector. La sanidad que fluye de la Cruz de Jesús es TAN abundante que alcanza hasta para cosas que podrían sonar tan superfluas como la vergüenza. Pero no lo son. Porque cuando uno vive acomplejado y avergonzado por lo que piensa que debió ser o no, por los modos tan suyos del ser, la ansiedad y la depresión suelen ser unos acompañantes de uno, unos muy medrosos.

Así que no te avergüences de nada, agradece este día que Dios tuvo a bien darte y sé como Él te ha diseñado. Él te hizo para caminar en buenas obras, para ser luz en la oscuridad, para ser la sal del mundo. Y tus diferencias son parte de esa luz y esa sal, son lo que la generación, potencialmente la que presencie el regreso del Rey, necesita. Di ¡no! A la vergüenza, jajaja.

Yo creo que para Jesús hemos valido la pena...dejo esa salsa porque esta entrada comenzó siendo medio triste pero acabó animándome mucho. Bueno el Marco Antonio...

Llegaste hasta el final, ¡wow!

jueves, 16 de julio de 2026

Cuando los mentirosos dicen la verdad


Hace muchos años, Antón le dijo a Sarah que ella era una adicta a la idea del matrimonio. Que ella “idolatraba al matrimonio”, más que quererlo a él. Y como tantas mentiras que escuchamos y hacen eco en nuestros corazones, algo de verdad tenía.

Antón estaba imposibilitado a reconocer, al momento de su infidelidad y de la campaña de desprestigio que emprendió en contra de Sarah, que ella sí lo quería. No de una manera que él pudiera entender, pero sí lo hacía. Lo amaba más de lo que ella se amaba así misma, como tantas codependientes de las historias que he escrito aquí. Claro, Sarah no se amaba mucho a sí misma, entonces quizás es verdad, no lo quería mucho. Pero dentro de su universo, Antón era el Sol y ella era la Tierra, girando en torno a él en cada emprendimiento, cada idea, cada problema. Ella, aunque se identificó en algún momento de su adolescencia como cristiana, llevaba muchos años sin caminar con Jesús. Entonces, cuando algo le pasaba, se preguntaba ¿qué haría Antón? Sus amigas se burlaban de ella por lo mucho que cada una de sus decisiones descansaban en el visto bueno final de su propio hombre pequeño.

Hablemos de las verdades de mentirosos.

El enemigo de todos los hombres usa muchas estrategias que pasan desapercibidas por lo internalizadas que las tenemos. Están en nuestro ADN prácticamente. Entraron a nuestra mente cuando el pecado entró en nuestras vidas. Por eso nos cuesta tanto ver. Por eso estamos tan ciegos. Todos.

Además de la estrategia que usa el diablo que les comenté en entradas pasadas de “asumir” la responsabilidad de lo que pensamos o creemos para mantenernos ligados a creencias autodestructivas (solemos culpar mucho al enemigo por cosas que nosotros necesitamos resolver en nuestra alma, y a él le encanta eso), otra de sus estrategias es el decir la verdad, fuera de tiempo, y a través de un corazón muy herido. Cuando alguien a quien amamos nos dice la verdad por fines egoístas y desde un mal lugar, nos es imposible reconocerla. Pero la verdad es cierta, aunque la diga un mentiroso.

Antón le dijo algo que en sus grupos de apoyo de Canaán Sarah descubriría, muchos años después. Pero cundo hablaron al respecto, ella se quedó en el comentario de Antón de “más que quererlo a él”. Para ella lo más importante era que Antón supiera que, de todo lo que ella pensaba que tenía, nada le había negado y lo quería como a un dios. Entonces lo de “idolatrar al matrimonio” sólo le generó enojo y frustración. No lo pudo razonar. No pudo escucharlo, por más que sí fuera verdad. Durante años ella vivió en negación completa de esa verdad evidente.

Sarah idolatraba el matrimonio. Para ella, la máxime de toda mujer era ser esposa y madre. Y fuera de eso, la vida no tenía sentido. Ella era muy chapada a la antigua. Sus abuelas le habían dicho toda su vida, hasta su adultez, que, para una mujer, el ser esposa y mamá era el centro de la identidad. Y ella no pudo concebir la vida de otra forma. Así que sí, para ella, el dios del matrimonio merecía todos sus sacrificios, todo su tiempo, todo su esfuerzo. Cuando estuvo con Antón, a pesar de lo amargado, mentiroso e infiel que le daba la sensación de que era en el noviazgo, decidió casarse porque consideró que tanto el dios de su vida presente, Antón, como el dios que sus abuelas le enseñaron a adorar, el matrimonio, podrían perfectamente vivir juntos.

Nada más falso.

Esos dos dioses le drenaron la vida. Ella perdió varios bebés durante los dos primeros años de su matrimonio, y lo cargó en silencio. Fue una experiencia muy dolorosa, pero pensaba que, si Antón se enteraba de ello, la dejaría, porque uno de los también dioses de este hombre pequeño era ser papá. A él el matrimonio no le importaba, pero ser papá era su objetivo de existir. De hecho, cuando se divorciaron, Sarah se enteró de que él tuvo 3 hijos con diferentes mujeres durante su matrimonio. Antón era muy trabajador y exitoso en el mundo laboral. Viajaba mucho, y Sarah siempre quería creerle todas las mentiras. Ya saben, típico de codependiente.

Sarah y él no pudieron tener hijos. Cuando Sarah descubrió la última infidelidad, la que rebasó la copa, llamó a sus hermanos y entre todos sacaron las cosas de Antón a la calle. Sarah decidió que no se iría de la casa que con tanto amor habían construido juntos, así que, en medio de su dolor, sacó fuerzas para echarlo y no dejarlo volver más, ni a su corazón ni a su casa. Un amigo cristiano de la infancia le recomendó la sanidad que tanto les he comentado y así fue como empezó a entender su propia realidad.

Pero lo importante de la historia de Sarah es que, aunque conocer la verdad nos hace libres, el querer imponerla como método de extorsión masiva a los demás de forma impositiva, sólo con el fin de convencer al otro de que piense o haga como uno considera que debe ser, jamás producirá buen fruto. La verdad es buena, pero es importante considerar por qué se le está queriendo decir al otro. No nos sirve de NADA el querer andar por la vida escupiendo la verdad, si ningún corazón está preparado para escucharla. Y nadie ejerce verdadera influencia en el otro por acción directa, no de manera que trascienda. Ni Dios nos obliga a nosotros a actuar de una u otra manera. A todos nos inspira, nos aconseja, pero no nos impone. Lo más que podemos hacer por los que genuinamente amamos y por los que deseamos que sean mejores, es interceder por ellos y actuar de forma congruente para que puedan considerar seguir al Jesús que seguimos. Y eso ya es bastante. Vivir una vida congruente es astrofísica en el mundo de la posverdad…sólo el Espíritu de Dios nos puede llevar a hacerlo.

Cuando Antón le dijo a Sarah que ella idolatraba el matrimonio, era porque él no se quería casar con ella. Él quería convencerla de seguir siendo novios de forma indefinida, de ser pareja sin mayor título, porque amaba la posibilidad de continuar en su soltería y era adicto a tener velitas encendidas. Sarah después terminó enterándose que desde el noviazgo salió con amigas del bachillerato, que tuvo muchas novias mientras la presentaba a ella con la familia como “la oficial”. Sarah no sabía evidentemente esta realidad. Ella era la catedral, pero ese hombre pequeño tenía capillitas en cada esquina. Se burlaba de ella, aunque le decía que con ella, cuando le dedicó la canción de Cristian Castro…

Entonces, la verdad no podía entrar en el corazón herido de Sarah porque salió de Antón, una cisterna rota. Pero era verdad.

Sarah aprendió a perdonar a sus abuelitas por haberle metido esa idea de que la identidad de las mujeres era el matrimonio y la maternidad. No, la identidad de todos los hijos de Eva está en Cristo Jesús. Ninguna persona debe sostenerse sobre algo que puede perecer, porque entonces, cuando las cosas se acaban o no se dan como uno esperaba, o cuando las personas se van, o cuando los destinos se separan, se perdería la esencia de uno.

Nuestra identidad necesita afianzarse en lo que no se mueve, y sólo Jesús ofrece esa posibilidad. Ni lo que hacemos, ni nuestro trabajo, ni donde vivimos, ni nuestra familia, ni nuestros amigos pueden ser nuestra identidad, porque todo puede pasar. Y si tenemos un sustento que se va, que puede desaparecer, perdemos el sentido de vivir. Nos quedamos sin piso. Creo que eso es uno de los principales motivos de depresión, ansiedad y desesperanza que hay en el mundo moderno. La mayoría pone sus expectativas en los demás, en sus reacciones, en sus cambios, o en su presencia. Y cuando se van, o cuando se pierden las cosas, se va la identidad.

Sólo Jesús puede definirnos de manera inamovible. Sólo Él es la fuente de agua viva en un mundo lleno de cisternas rotas.

La verdad la puede decir un mentiroso. Todos hemos dicho verdades por motivaciones equivocadas, en momentos egoístas y con fines narcisistas. Todos. Y por eso también uno se puede arrepentir y recibir perdón de Dios. Para también a la larga perdonar a los que le han mentido.

Bye Bye depresión...

  Esta canción sólo la puse porque hoy quise escuchar a Vilma Palma e Vampiros, de los mejores grupos de rock en español...jajaja para mí, ¿...