Esta canción sólo la puse porque hoy quise escuchar a Vilma Palma e Vampiros, de los mejores grupos de rock en español...jajaja para mí, ¿ok? ya casi voy a ir a muchas estaciones y viajaré, y sentí que era correcto para esta entrada. No tiene que ver con el contenido, ¿o sí? jajajaja, hoy estoy chistocita 😜😜😜
Todos deberíamos de tener un blog o algo por el estilo que nos haga felices y nos de oportunidad de expresarnos en libertad. Eso me encanta de este espacio, me da mucho gusto que me lean, claro, pero saber que puedo expresarme sin pena ni culpa, es algo liberador que le podría recomendar a todos.
Cuando
alguna amiga o amigo me dicen que les gusta cómo escribo o que algo que comenté
les recordó algo y los puso a pensar, lo tomo como una confirmación de que escribir
tiene que ver con el propósito de mi vida. Siempre me ha gustado. Tan pronto
supe que me venía para México, de lo primero que hice fue tener un diario donde
escribía de mis dramas pubertos y cómo veía el mundo. No era tan disciplinada
como lo soy ahora, pero leer esas historias me da una ternura enorme y mucha
risa. Siempre fui muy dramática y a penas el Señor me está liberando de ver
todo con un filtro depresivo y triste.
Justamente
de eso te quiero hablar hoy. Creo que mucha de mi propensión a ver todo bajo la
luz opaca de la tristeza y ansiedad tuvo que ver con todos esos cambios que he
vivido, y que ya he hablado mucho, así como con ciertos patrones familiares, en
los que más bien no he ahondado aquí, hasta hoy.
Y quiero
hablarlo porque cuando uno experimenta una perdida monumental, como la que he
vivido este año, y cuando uno se muda de lugares, de personas, y de vidas, todo
se le simbra y cosas que estaban debajo del tapete salen a la luz. El volver a
estar soltera ha sido de las cosas que menos esperaba y creía que me fueran a
pasar a estas alturas. Todavía no he de hablar de ese tema en particular, pero
sí veo la mano de Dios removiendo y moviendo todo en mi mente, para que yo
pueda comprobar que eso que tanto he predicado es verdad: Él es bueno, y Su
voluntad, buena, agradable y perfecta. Independientemente de todo lo que siento
y de todos los altares a ídolos que he desmontado, Él me ha ayudado a desmontar
y Él mismo ha desmontado. La verdad de la bondad y el amor infinitos de Dios no
se van en medio de mi nueva soltería, y de todo lo que me llevó a ella, sino
que más bien se confirman. Porque ningún desierto es deseado, ninguna tierra
árida se antoja para vacacionar, menos para vivir por un tiempo, pero en esos
lugares, sin lugar a duda, es donde más se puede ver la gloria de Dios. El mar
rojo se abre cuando los egipcios van detrás. El maná cae del cielo cuando se
tiene hambre y no hay de dónde echar mano. El torbellino de fuego brilla cuando
las antorchas se acabaron. Y les prometo que un divorcio es lo necesario para comprender
que nunca he estado sola. Mi Papá siempre ha estado ahí.
Algo de eso
que estaba debajo del tapete era justamente la tristeza y la ansiedad/depresión
familiar y generacional. Quiero aclarar algo, de lo que he aprendido, y que
puedo ya dar fe por mi experiencia, sobre las dos partes de las maldiciones
generacionales. Lo que entiendo es que las maldiciones familiares y
generacionales son la propensión presente en cada uno de nosotros, por venir de
cierto linaje, de ancestros que fuertemente transgredieron las leyes de Dios, y
produjeron consecuencias en su simiente. Esta consecuencia para mí es una
latencia, algo intermitente, algo que está durmiendo pero que, bajo las
circunstancias y decisiones equivocadas, se activa. Entonces, las dos cosas que
componen una maldición generacional en la vida de alguien son: la propensión o
latencia a vivir mal, producto de una transgresión fuerte a las leyes divinas de
un antepasado, y la circunstancia y decisión personal.
Con enorme
respeto, les comentaré de una historia familiar que puede reflejar esta
realidad. Cuando parte de mi familia fue desterrada (y maldecida, literalmente)
de su pueblo natal y se fueron a hacer vida a Bogotá, mi abuelo cayó en cama durante
un muy buen tiempo, pues decía que sus piernas le dolían mucho y no se podía
levantar para caminar. El diagnóstico resultó más bien en una profunda
depresión. Claro, toda la pérdida tan monumental que experimentó se tradujo en una
afectación física en las extremidades que más lo ayudaron a moverse, a producir
y a cargar a lo largo de la vida: sus piernas.
Existe un
patrón en muchos de mi prole a ser depresivos y ansiosos. En mi caso, creo que haber
salido de Colombia fue mi detonante circunstancial y mi dificultad de ver otra
posibilidad más que llorar y estar triste por tanto cambio, fue mi decisión personal.
Pero igual para mi familia que ha experimentado depresión y ansiedad, el
detonante fue diferente.
No todos
tenemos la misma circunstancia que nos facilita el tomar la decisión de abrazar
la tristeza como camino para “superar” la prueba. Pero sí compartimos que nos
refugiamos en la depresión o tristeza crónica para “superar” la prueba. Digo “superar”
porque la tristeza sin esperanza sólo lleva a la destrucción. La tristeza en sí
nunca debe ser un fin y nunca lleva, por sí misma, a una resolución. Es un sentimiento que se abraza, se experimenta, y se
deja ir. Pero no es un lugar de habitación. Para mí, la depresión es volver la
tristeza en tu morada. Es un refugio. Todo refugio fuera de Dios es ídolo. Todo
ídolo, destruye.
Alguien
alguna vez me dijo que yo era adicta a la tristeza. No me lo dijo en amor, sino
en medio de una diferencia. No me lo dijo porque quería que yo mejorara para que
yo estuviera mejor, sino porque mi tristeza le parecía fastidiosa y chocaba con
su incapacidad de enfrentar emociones (algo que también es en sí un ídolo).
Pero dijo la verdad. La verdad es, sin importar cómo ni en qué circunstancias se diga. Eso sí, el cómo y qué puede impedir que la escuchemos...pero no por eso deja de ser.
Y pues en
esta nueva soltería he descubierto ese aspecto de la tristeza en mi vida. El
altar de la tristeza y depresión lo puso, que yo sepa, mi abuelo, a causa de
una injusticia muy violenta, y de una serie de pésimas decisiones en un lapso de unos 15 o 20 años. Y se quedó con nosotros, yo muy incluída.
Entonces creo que desde los 12 hasta los 15 años aproximadamente, habré vivido en una depresión silenciosa, que a veces me dejaba para intentar establecer nuevas relaciones, de las cuales siempre huía cuando sentía que me iban a abandonar, o cuando mi inconsciente recibía el menor indicio de rechazo potencial.
El punto es
que, ¿qué tiene que ver el exilio de hace 50 años de una familia de un pueblo
con nombre que suena a “nosotros podemos” en los altos colombianos y la depresión
que yo tenía?
Pues mucho.
Aparentemente todo. Más de lo que pensaba. Una maldición se establece por una
injusticia, y la prole de esa generación la mantiene cuando las circunstancias
y sus decisiones la confirman.
Pero Hay
Esperanza, amigos. Jesús vino a pregonar libertad a los cautivos y liberar a
los presos, para consolar a los que lloramos, y darnos óleo de gozo en vez de
un espíritu abatido o deprimido. Entonces, podemos reedificar las ruinas antiguas.
Todo esto es parte de una promesa en Isaías 61. Y es justo lo que hoy
necesitaba mi corazón. Comencé escribiendo esto sin saber muy bien a dónde me
iba a llevar el Señor. Pero aquí estamos, recordando la promesa de Isaías que
dice que puedo reedificar las ruinas antiguas. Que, una vez vendado mi corazón
y sanadas mis heridas, podría volver a ver esas ruinas antiguas que tanto daño
le hicieron a mi familia, y reedificarlas.
No sé en
dónde se rompió tu corazón o qué herida generacional te ha tocado resolver.
Pero te invito a que medites en Isaías 61. Recuerda que con el Señor es de
adentro hacia afuera, primero vendamos nuestras heridas, primero recibimos
gozo, y después reedificamos. A veces creemos que reedificar nos va a producir
el gozo necesario para sanar las heridas, pero así no hace las cosas Dios. Él
primero nos quiere sanos, y después, nos permite reedificar las ruinas.
No puedo
contar la cantidad de cosas que he sacado este año de debajo del tapete. No
puedo enumerar las sillas de perdón, los duelos y las pérdidas que he tenido
que asimilar en un tiempo que para mí es bastante reducido. Pero sí puedo
decirte que nunca he estado sola. Sí puedo contar que es la oportunidad de toda
mi vida en la que más he visto el amor de Dios a través de todo lo que me
rodea. Todas las bendiciones que tengo puedo reconocerlas como expresiones del
amor de Dios. Antes quizás en muchas métricas tenía más, pero ahora puedo ver
que todo viene de Dios…creo que esa es mi mejor parte.
La depresión no es algo que se vacía y entonces se llena con algo más, con el gozo. No, a la depresión se renuncia. El gozo reemplaza, no deben existir vacíos entre la tristeza crónica y el gozo. El gozo del Señor necesita reemplazar, empujando, a la depresión, porque ella es testaruda. Y se recibe el gozo continuamente. Eventualmente, el filtro gris y triste de la vida va tomando color. Es, como todo, un proceso. Uno que duele, pero duele para resolver, no para quedarnos ahí.
El superpoder que he adquirido estando sola de nuevo es que reconozco perfecto quién me ha bendecido siempre, desde que nací, y hasta que muera. Antes no lo veía así. Tenía muchas vendas en los ojos. Estaba enceguecida.
Ahora puedo
ver que orar, leer la biblia, hacer un journal, tener familia, amistades, los lugares nuevos que ocupo, los que conoceré, y
los que volveré a ver próximamente, el trabajo, hasta Toti, todo es dádiva de
Dios. Porque:
“todo lo
bueno y perfecto que se nos da, viene de arriba, de Dios, que creó los astros
del cielo. Dios es siempre el mismo: en él no hay variaciones ni
oscurecimientos”.
Santiago 1:17