lunes, 29 de junio de 2026

“Sin taza, no hay café” o sobre la codependencia: el principio de todo adicto y la vida de quien lo idolatra

 

En todas las historias que he escuchado de procesos, de crisis, de sanidad y de avance, he aprendido a reconocer el patrón adicto- codependiente. Desde que me lo enseñaron, me es imposible dejar de reconocerlo. A mí me gusta entender las cosas, no sólo hacerlas funcionar. Se tendrán opiniones variadas de mi efectividad para hacer las cosas, pero no de cómo entenderlas. Jijiji.

El punto es que cuando reconocí mi problema de codependencia, vi que era mucho más común de lo que esperaba. Prácticamente todos desarrollamos cierto nivel de codependencia como mecanismo de defensa cuando anhelamos tener el control de lo ingobernable a nuestro alrededor. Hace poco escuchaba en un podcast que el tema no es lo que te sucede, sino el circuito que tu cerebro desarrolló, basado en diversas experiencias en tu infancia, para asimilarlo. Pasar por alto la ofensa, algo que es un concepto casi alienígena en nuestro entorno, en nuestro contexto, lo es porque todos hemos estado acostumbrados a recibir heridas y demandar justicia, desde pequeños. Hay dimensiones de heridas, hay dimensiones de abuso, pero al final, la ausencia de un amor incondicional, sin “peros”, ha sido el leitmotiv de todos nosotros, con muy contadas excepciones. Creo que no conozco personalmente a alguien que desde siempre haya recibido amor pleno e incondicional. Conozco personas restauradas, pero no a personas que hayan crecido con amor sin condiciones. No aún.

Si nuestro corazón fuera sano, pasar por alto la ofensa no sonaría como una locura, sino como lo más natural. Porque cuando uno está sano, uno asume que a la otra persona no le provocaba necesariamente lastimarlo, o que, si sí le provocaba, pues habla más de esa persona que de uno mismo. Y no a modo de juicio, a modo de reconocimiento de carencias del corazón humano. Yo no estoy ahí, pero pues es mi meta de la vida, como decía una amiga muy querida, “Señor, hazme inofendible”.

No porque los papás no quieran amar a sus hijos de esa forma incondicional, sino porque no pueden. Porque ellos mismos vienen de una cadena generacional de amor incompleto que los habilitó para dar, a lo más, una versión diferente y en algo mejorada del amor que recibieron, pero nunca incondicional.

El amor condicionado necesariamente produce roturas en el alma. Y esas roturas siempre nos llevan a desear tener el control, para evitar, al precio que sea necesario, volver a ser heridos. Todo esto pasa cuando somos pequeños, y dependiendo del nivel de heridas y abusos a los que hayamos estado expuestos, desarrollaremos estrategias alternativas para anestesiar el dolor. Para evitarlo. De ahí nace la codependencia- o el síndrome del salvador, y la adicción. Estamos condenados a repetir estos patrones a menos que aprendamos a recibir el amor incondicional de Dios, a través de Jesús. Ese amor es el único que nos permite abrazar y enfrentarnos con el dolor, con la herida primaria, y nos da la libertad de perdonar. Sin que nos pidan perdón, mientras hablan mal de nosotros y nos desean el mal aún. O sin que nos puedan pedir perdón porque se fueron de este mundo, por ejemplo.

La escena que estoy compartiendo en el video es sobre la película “La Cabaña” creo que es de las que mejor conceptualizan este pensamiento. Ya la había compartido creo en este blog, pero me parece buenísima, así que quizás luego lo volveré a hacer.

Todas mis amigas codependientes, las de las historias que he contado, y yo hemos pecado gravemente al considerar que “somos mejores” porque “no engañamos” o “no vivimos diciendo mentiras”, como muchos adictos hacen.

Hay un chiste que mi papá siempre cuenta que me parece ejemplar de la dinámica “adicto-codependiente”. Cuenta que había un instituto psiquiátrico en el que todos los días a la misma hora un loquito encontraba la manera de escaparse y tirarse de un piso medio alto. Gritaba “café café café” y se lanzaba por la ventana. Como los enfermeros ya sabían qué iba a pasar, entonces se coordinaban para ir por una sábana y la estiraban para evitar que se cayera directo contra el piso. Un día, hartos de la dinámica, recibieron la instrucción del director de ya no estirar la sábana, a ver qué pasaba. El loco iba a emprender su salto alto y se asomó…al ver que no estaban para salvarlo, dijo “sin taza, no hay café”. Sería loco, pero no estúpido…hahaha.

Lo cierto es que, sin codependiente, el adicto puede sanar. Sin taza, no hay café.

La codependencia es muy difícil de identificar como pecaminosa, como dañina, porque es extremadamente útil. La codependencia hace que las cuentas sean siempre pagadas en la casa del ludópata. La codependencia hace que el hombre infiel pueda desarrollar familias paralelas mientras la esposa calla y pretende que todo está bien. La codependencia impide que las cosas se revienten, y favorece al florecimiento de todas las conductas destructivas del adicto. Porque la codependencia va a evitar que él reciba el daño por su propia maldad. Y a consecuencia, decida ir con Jesús a resolver sus heridas.

El codependiente se cree “dios”. Está convencido que, estirando sábanas, tirando colchones, tapando actitudes, va a “salvar” al adicto. Nada más falso.

Es un pecado grave porque provoca que todo permanezca en tinieblas, sin ser expuesto, y abordado. Es grave porque evita que Dios intervenga en nuestras vidas para sanar lo que sólo Él puede sanar: los corazones carentes de amor incondicional. De esa falta de amor viene todo lo malo en nuestras vidas. De esa desconexión vienen nuestras sinapsis rotas. Porque no nos reconocemos incondicionalmente amados, somos esclavos de migajear amor, sea en un adicto, en el caso del codependiente, o en un vicio, en el caso del adicto.

La codependencia, como pecado, tiene consecuencias, y esas consecuencias necesitan ser asumidas. Es por eso por lo que no es injusto que, digamos, si un hombre se endeuda por jugarse su patrimonio, su esposa, que no jugó un centavo, deba asumir la responsabilidad del haber perdido la casa también. Esto suena a una locura, pero, si sabemos que todo pecado trae consecuencia, las consecuencias de la codependencia son las de la carencia de límites, las del encubrimiento del daño, las del enmascaramiento crónico de las deficiencias del adicto. Todo lo que uno le tapa a otro, por ser idólatra a él y por creer que tiene el poder de “dios” para salvarlo, tiene consecuencias, que necesitan ser asumidas. El codependiente está muy ciego, pero cuando empieza a ver, ya no puede dejar de hacerlo. Por eso la esperanza de un adicto es la sanidad de su codependiente o sus codependientes principales. Mientras el adicto, narcisista, infiel, ludópata, mitómano, cleptómano, drogadicto, alcohólico, continúe teniendo codependientes que le tapan todo, que lo guardan como si fuera una extensión de sí mismos, poca esperanza de cambio va a tener.

Pero Hay Esperanza. Les prometo que Canaán no me paga para hacerle promoción, sólo me siento como esas señoras que usan por primera vez unas gotas que les destapan los oídos, y se las recomiendan a todos los que saben que están medio sordos. Me hizo tanto clic, tanto sentido, el poder reconocer que yo quería tener el control de todo lo que pasaba en mi vida, y que por eso vivía esclava de la ansiedad, la tristeza sin propósito y la frustración perpetua. Me hizo sentido el ver cómo tenía un corazón idólatra porque no sabía que Dios verdaderamente me amaba incondicionalmente y me lo ha expresado desde siempre por medio de la muerte y resurrección de Jesús, de esa sangre que limpia todo, cubre todo, suple todo. Si yo tengo esperanza, todos la tenemos. Esta excontroladora, exmigajera, exenojona, exreligiosa, tiene esperanza…seguro tú también. No me avergüenzo del Evangelio, de esta buena noticia que es poder ser sanos en esta vida (no teniendo que esperar a la venidera) para prosperar y sonreír sin culpa. Para tener paz mientras se cae el mundo. Las buenas noticias de Jesús nos dan libertad.

He entendido que yo siempre voy a adorar, y que mi Papá respeta profundamente al objeto de mi adoración, sin embargo, desea ser Él ese afecto principal mío. He entendido el superpoder del libre albedrío, y cómo el enemigo, nuestras heridas, nuestro corazón roto, lo terminan cautivando a idolatrías que jamás van a saciar nuestra sed.

Claramente no soy un dechado de virtudes ni me muevo sobre nubes sin tocar el piso porque “soy mejor”. En lo absoluto. Totalmente sé que estoy transitando un proceso, quizás muchos. Pero ya puedo entender que mi identidad no es el proceso que vivo, así me tomara toda la vida, ni las cosas malas que hago en un punto finito de mi vida, sino que es Jesús. Y si sobre esa identidad estoy anclada, ya la armé, como se dice aquí en México. Entonces si me enojo, eso no define quien soy. Si tengo deseos de controlar algo, eso tampoco es mi identidad. Reconozco lo que siento y pienso, sin convertirlo en el centro de mi existencia. Yo no soy lo que pienso. Yo no soy lo que creo o lo que siento. Yo soy lo que Dios dice que soy. Yo soy la razón por la cuál Jesús murió y resucitó, como lo somos TODOS. Yo soy hija del Dios creador de todas las cosas, y Sus palabras, esas que cuánticamente construyeron todo cuanto existen, sostienen el aliento que me mantiene viva.

“En el principio la Palabra ya existía.

La Palabra estaba con Dios,

y la Palabra era Dios.

El que es la Palabra existía en el principio con Dios.

Dios creó todas las cosas por medio de él,

y nada fue creado sin él.

La Palabra le dio vida a todo lo creado,

y su vida trajo luz a todos.

La luz brilla en la oscuridad,

y la oscuridad jamás podrá apagarla.

Dios envió a un hombre llamado Juan el Bautista para que contara acerca de la luz, a fin de que todos creyeran por su testimonio. Juan no era la luz; era solo un testigo para hablar de la luz. Aquel que es la luz verdadera, quien da luz a todos, venía al mundo.

Vino al mismo mundo que él había creado, pero el mundo no lo reconoció. Vino a los de su propio pueblo, y hasta ellos lo rechazaron; pero a todos los que creyeron en él y lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios. Ellos nacen de nuevo, no mediante un nacimiento físico como resultado de la pasión o de la iniciativa humana, sino por medio de un nacimiento que proviene de Dios”.

Juan 1:1-13

Bueno, eso es todo, gracias por llegar hasta aquí! 

jueves, 25 de junio de 2026

Licenciado Pedro Odín de la Fontdera

 



Esta entrada esta larguita pero no te aburres, vas a ver. 

Quiero volver a hacer una aclaración, siempre he escrito del caso de las mujeres como codependientes, pero claro que existen hombres en esa situación. También hay mujeres adictas que hacen sufrir a sus esposos. Solamente que en mi proceso de sanidad he escuchado más historias de mujeres en el plano de codependientes principalmente. Próximamente te escribiré de una mujer y un hombre en los papeles adicta y codependiente. 

Pedro Odín, licenciado en economía por parte de una prestigiosa universidad, era de ascendencia catalana, su familia se fue a vivir a Guadalajara hace 4 generaciones y se estableció en tierras tapatías, buscando reconquistar el sueño que sus antepasados ibéricos encontraron en el ombligo de la luna. 

Sus sobrinos le decían Pedro Orín, les parecía muy chistoso, y para lo mal que se comportó, Teresa, alma del Señor y ex esposa de este hombre enfermo de corazón, terminó por llamarlo por un tiempo don Orín. Pero sólo mientras estuvo enojada y hasta que Jesús la llenó de convicción de pecado y arrepentimiento. Después de haber sanado, volvió a decirle Pedro.

Hoy no te voy a hablar de Teresa mayormente, te voy a hablar de cómo se gestó la maldad en este hombre que tenía todo para ser de bien, pero se esforzó mucho para convertirse en uno de esos hijos pródigos pórfidos, que a todas las amigas de Teresita nos daban unas ganas que se quedara allá prodigando. Por allá bien lejos…

Pedro Odín era un hombre muy inteligente, con capacidad de argumentación infinita, a quien sus papás, don Pau de la Fontdera y la señora Romelia Rosales, no le negaron nada, todo le dieron, lo que fundó los cimientos de su mal camino. Don Pau estaba obsesionado con la mitología nórdica y por eso decidió ponerle el nombre de la deidad principal de esa religión. Quizás eso tampoco ayudó, porque cuando Pedro actuaba más como Odín, el orgullo y la altivez brotaban mucho en sus modos. Eso decía Tere que lo conocía bien. 

Ellos eran personas acomodadas en recursos económicos, un poco escasos en emocionales, pero muy bien intencionados. Buscaron hacer de Pedro y su hermano Ramiro hombres de bien. Con Ramiro hubo esperanza más rápida, pero Pedro Odín … luego te contaré. Bueno, también hubo esperanza, pero necesitó tocar muchos fondos antes de vivir Lucas 15:17.

Pedro Odín, antes de ser licenciado, fue un adolescente que le dio el ajo a oler a sus papás. Su padre no sabía cómo acercarse a él en esos años tumultuosos. En alguna conversación cuando vio que evidentemente su hijo estaba comenzando a salir con muchas señoritas, le dijo que se cuidara siempre y le dio dinero para que comprara el método que le hubieran enseñado en el colegio o que considerara. Esa fue toda la plática de sexualidad que hubo en ese hogar. Porque en todo hogar disfuncional, las aguas no se remueven, por nada. 

Pedro se aprovechaba mucho de ese deseo fundamental y esencial que sus papás hicieron obvio a sus vástagos, de darles su vida y la siguiente para que encontraran la plenitud y abundancia de la que ellos carecieron cuando crecieron. Ese fue el error. Los padres tenían una relación casi vicaria con sus hijos, en la que a través de ellos estaban empecinados por vivir la mejor vida posible que pudiera ser. Por lo que negarles cualquier cosa era como negárselas a sí mismos. Todos estos eran procesos del subconsciente. Teresita aprendió mucho de psicología cuando se comenzó a sentir ahogada continuamente sin ver una salida en ese matrimonio que no daba ni un higo. Le hizo "análisis clínico" a todos los que le dolían en el corazón. Como toda buena codependiente.

Don Pau y doña Romelia malcriaron muchísimo a sus muchachos. Los hicieron hombres aparentemente responsables con muchas disfunciones ocultas que harían sufrir a todas sus parejas. Nunca a propósito, como suele ser la situación, no por eso menos real.

El rector del Tec siempre decía en sus discursos: “a los hijos, un poquito de hambre y un poquito de frío”. Y ese señor sabía muchas cosas, Dios lo tenga en Su gloria.

Pedro Odín era muy noviero, a pesar de haberse criado en un hogar religioso y disciplinado, él vivía a plenitud el “el que reza y peca empata”. Abusaba constantemente de la gracia de Dios. Cuando se divorció de Teresita lo hizo mucho. Bueno, en realidad todo el tiempo que estuvo con ella abusó de muchas cosas, de la gracia de Dios y del amor que Él le permitió encontrar en Teresita. Estaba enceguecido, era parte de su enfermedad del alma.

Para Pedro no era pecado el estar picando flores sin pactos de por medio. Eso contaba cuando sanaba conmigo Tere. A pesar de que para la señora Romelia el vínculo matrimonial era algo de mucho respeto y valor, él le decía muchas veces a Teresita que eso ni existía. Que el matrimonio era un papel a lo más. Eso sí, para sacerdote no era bueno, también lo podía reconocer. Entonces quería todos los beneficios del matrimonio sin el compromiso que representaba. Y así vivía, y conocía a muchas mujeres, con o sin temor de Dios, que le caminaban en aquella teología libertina.

Teresita tenía temor de Dios, pero poco amor por ella y por Jesús, así que, desde su codependencia, intentaba cuestionarlo infructuosamente. Cuando se hicieron amigos, ella le decía que el matrimonio era un pacto muy importante, y que él no debía buscar tener avances de ninguna naturaleza con alguna mujer que no fuera a ser su esposa. Tere era muy católica y percinada. Pedro Odín se burlaba de ella. Mi amiga Teresita no mantuvo su postura muy firme con él…con el tiempo le dijo que él sería el único hombre con el que estaría además de su esposo. Eso lo cumplió.

Tere lo acompañó durante toda su carrera, estuvo en todas sus presentaciones de exámenes profesionales, le ayudó a conseguir tutores cuando tenía problemas con matemáticas avanzadas. Tere lo instó a honrar a sus padres cuando él no sabía cómo escribir honrar, porque para él, la “h” era una opción. Tere se volvió su mejor amiga y lo amó. Lo terminó de formar en muchos sentidos, aunque para él eso nunca fue. Pedro sólo supo encapricharse con ella. Era un bebé emocional. Cuando la tuvo y se dio cuenta que no era todo lo que pensaba que debía ser, o comenzó a cambiar conforme pasaron los años, la odió. Como lo hizo Amnón con Tamar. Y dejó que a ella se le fueran muchos años jugando con sus afectos. Fraguó en su inconsciente, después en su consciente, cómo librarse de ella, a manera de quedar como pobre víctima. A esa conclusión llegó en algún devocional Tere. Pedro Odín era astuto, pero Dios más sabio, SIEMPRE.

Mi Tere no es víctima. Pedro no tenía “banderas rojas”, él ERA una bandera roja del tamaño de la que está en la asta de San Jerónimo. Y Teresita erró porque pensó que con ella sería distinto. Ella pensó que por haber sido honesta y vulnerable con él, eso necesariamente cambiaría su corazón. Ella estaba segura de que, por haber sido Pedro el primer eslabón en su propia vida, redimiría a todas las que la precedieron a ella en los afectos de él. Él era experto en las mujeres, ella nunca había conocido a ningún hombre. Ella era muy ilusa, él era muy leviatánico.

Ella se creyó Jesús, y eso le costó caro. Sé que no voy a hablar tanto de Tere, pero esto es importante. Es un pecado muy grande el creer que puedes cambiar a otro con tus afectos, es una transgresión mayor que no debe ser subvalorada. Es algo que requiere convicción de pecado y arrepentimiento, porque produce muchas heridas tanto en la persona que cree que va a cambiar al otro como en el que se supone que se intenta cambiar. Y Tere de eso se arrepintió muchísimo. Así comenzó su "volver en sí".

Amigas, siempre recordemos que si creemos que tenemos que salvarlos o que podemos cambiarlos, ahí definitivamente no es. Sólo Jesús salva, sólo Él puede cambiar los corazones. Ella creyó que él iba a cambiar, y él deseó que ella nunca lo hiciera. Esta frase fue de Pedro, se la dijo a modo de reproche mil veces en cualquier discusión que tenían. Y era verdad y ambos estaban muy mal.

Vamos a adelantarnos en la crónica de este divorcio anunciado que fue el matrimonio de Tere y Pedro.

Para el final de su relación, Pedro reflejó una a una las escamas endurecidas de su falsa persona, que enmascaraban el hijo de Dios que eventualmente mostraría ser. Pero muy eventualmente, o sea, mucho tiempo después de que acabaran mi Tere y él de firmar el divorcio.

Esta bien, sí voy a comentarles más de Tere, pero sólo porque es importante ver lo que la gente codependiente está dispuesta a hacer por migajear afecto. Ellos estuvieron casados 12 años. Nunca tuvieron hijos. En su lugar, Pedro adoptaba cuanta mascota pudiera para apaciguar el hambre que Tere tenía de ser madre. Siempre que tenían la conversación “incómoda” de la paternidad, terminaban en discusión y Pedro le traía un loro, una gallina, un gato, a la mañana siguiente. No debería ser incómoda, pero Pedro nunca quiso tener hijos con Tere. Así que los enmascaró como pudo. No sólo era un excelente economista, era un manipulador de nivel avanzado. Leviatánico, les digo.

Pedro comenzó a serle infiel al año 1 del matrimonio. Salía con las compañeras de trabajo que le medio sonreían porque la alegría de Tere ya no le satisfacía. La gran crisis que catalizó el divorcio fue cuando Tere encontró un email donde le estaba escribiendo a un amigo que nunca tendría hijos con ella. Que haría todo lo necesario para no tener hijos con esa mujer difícil y por eso había convertido su casa en un zoológico ilegal.

En una crisis nerviosa Tere lo abandonó, le dijo a don Pau y a doña Romelia que su hijo estaba haciendo cosas incorrectas, que ella sí quería ser mamá y que eso era una traición de alto nivel. Que estaba agradecida con todos, pero que la situación era insostenible. Que no tenía pruebas de infidelidad reciente, pero que sabía que algo estaba pasando, porque toda la comunicación era extremadamente nociva y que el único rezo que Pedro consistentemente meditaba era que ella era el problema."Tere es el problema" rezaba día y noche. Ese era su catolicísimo.

Él procedió a minimizar completamente lo que Tere dijo, exhibió todas las faltas de carácter que ella tenía, todas las cosas secretas que ella le contó en intimidad, las convirtió en armas de destrucción masiva. Un defecto de carácter se volvió atributo de villana. La familia De la Fontdera Rosales convirtió todo el aprecio que tenía por ella en profundo desprecio. Se fue sin más del hogar que juntos, a medias tintas, intentaron construir por 12 años.

En medio de esta separación, Tere le puso investigador privado a don Odrín para confirmar que no estaba loca y encontró lo que sabía que era cierto en su mente, pero que para su corazón era una píldora difícil de tragar.

Tere había sido muchas veces “gaslighteada” en medio de tanta infidelidad, lo que evitaba que don Odrín las reconociera y provocaba que ella fuera quien le pidiera perdón a Pedro por haber “considerado si quiera” que él le era infiel. Así era cada una de las veces. "No tienes pruebas, por lo tanto eres una celosa, loca y obsesiva".

En fin. El investigador privado le dijo que Pedro estaba tomando clases de cerámica, donde había conocido a una instructora gringa. Pedro comenzó toda una relación con esta mujer. La llenó de regalos, le hizo invitaciones que a Tere ni siquiera se le hubiera ocurrido hacerle. Se volvió el más romántico, bailador y cariñoso que pudiera existir. Digo, durante los 5 minutos que le duró. Le dijo que estaba casado, pero en proceso de divorcio porque su esposa era una arpía que lo había hecho profundamente infeliz tan pronto se casaron. Pedro Odín era muy cliché en esto, la verdad. Y sentía que se estaba cuenteando a la gringa, pero ella era la colmilluda.

Ella comenzó siendo un amor, un dulce, pues una escoba nueva siempre barre bien. Ella se dio cuenta de lo presumido que era y de que tenía con qué sostenerlo. Le encantaba que era todo lo caballero que nunca nadie había sido con ella (tampoco él con nadie, pero pues el ardor del ser descubierto en su narcisismo por Tere tuvo "poderes sobrenaturales" en don Odrín). Él no sabía cómo convencerla de que era lo valioso que él dudaba que era. Esta contrariedad de la gente que se siente mucho por fuera y por dentro se cree pequeña. Pedro era otro hombre pequeño. 

Con el paso de las semanas, Kathy empezó a hacer sutiles insinuaciones de que le gustaría que ya estuvieran bien como novios. Pedro Odrín pasó de decirle a Tere que jamás firmaría el divorcio a urgirla para hacerlo expeditamente. Siguió trabajando en deteriorar la imagen de Tere ante sus conocidos cercanos, para justificar la urgencia que tenía de ya acabar las cosas y darle a su rubia desabrida lo que ella tanto quería, que no se atrevía a pedírcelo, pero con sugestiones exigía dictatorialmente. Tere berreaba mientras me contaba lo que iba descubriendo y viviendo semana tras semana.

Pedro llevó a la gringa desabrida a su “apartamento de soltero”. El que hacía a penas unos meses era el hogar oficial del matrimonio que tenía con mi buena Tere. El que tenía todo el zoológico ilegal. Él se apresuró a quitar todas las fotos que había de ambos, quitó las palabras de amor y matrimonio que había colgadas en las paredes de la casa. Borró todo rastro de ella en ese hogar, aunque en su consciencia siempre estuvo que la señora de ahí no era la gringa rubia desabrida. Así le decíamos Tere y yo mientras mi Teresita se desahogaba conmigo. Después sanamos, y ya le volvimos a decir Kathy.

Mientras desarrollaba esta relación paralela, Pedro le decía a don Pau y a doña Romelia que la más mala de las malas era Tere. Les negó hasta el cansancio estar con otra mujer, algo que Tere había alcanzado a insinuar en la última conversación que tuvieron como familia política. Don Odrín les dijo que ellos no tenían ni idea de lo malvada que era Teresa. Que él había tenido que soportar muchísimos desprecios y maltratos. El punto era atacar y destruir el “carácter” de Tere para presentar en el breve tiempo el nuevo personaje, mejorado y excelente, que era Kathy.

Pedro Odrín intentó consumar su amor con Kathy en la cama que antes fue de Tere, pero la poco y muy cauterizada consciencia que aún tenía no se lo permitió. Dios es bueno, siempre nos da un chaleco salvavidas, aunque nosotros estemos obsesionados con ahogarnos y hacer acuerdos con tiburones. Él siempre nos quiere salvar, pese a que luchemos en contra de Su amor. Él no se cansa, por eso es nuestro Padre Bueno. También de los que se comportan mal, es Padre Bueno. SIEMPRE.

Don Odrín buscó hoteles cercanos en la zona donde vivió con Tere para el momento especial con Kathy. El hotel se lo reportó el investigador a Tere. Kathy era muy guapa físicamente y aparentemente ligera; tenía la profundidad de un charco en verano. Se evaporaba rápido. Eso era lo que "necesitaba" Pedro, pues Tere era muy compleja, de sentimientos insondables. Le encantaba que con dos videos de YouTube hubiera podido manipular a Kathy por completo, le parecía una cosa maravillosa. O bueno, eso creía él.

En realidad, no sabía la joya que era Kathy. Muy pronto pudo asumir las consecuencias que, tan pronto firmó el divorcio, estaba dispuesto a pagar sin reparos. Y fueron duras.

Tuvo que hacer toda suerte de esquemas para convencer al resto de su familia que Kathy era la buena, Tere la mala, y que por favor se la aceptaran, porque pues ni modos.

Y mientras don Pau y doña Romelia le presentaron su apoyo incondicional, Pedro terminó viviendo durante muchos años una vida muy mediocre, parecida a la del mentor que tuvo años atrás en su infancia, quien jamás pudo prosperar emocionalmente pese a ser el más religioso entre los religiosos. Quizás más bien a causa de ello. Don Pau y doña Romelia le excusaron todo, le creyeron todo y le pasaron por alto todo, con tal de que él no volviera a entrar en un episodio loco de manipulación, con el que tantas veces los envolvía y los llevaba a sentirse culpables. 

Poco antes de su divorcio, cuando Tere comenzó a sanar e investigar más de su propio psyche, Pedro Odín dejó de poder envolverla en todas estas conversaciones infructuosas. Pero cuando ella se fue, y se demostró que ella no era el problema, como tantas veces había dicho Odrín, tuvo que volcar todo su deseo de permanecer víctima a cualquiera que estuviera cerca de él, manipulativamente. Y así se pasó abusando psicológicamente de su familia, amigos y todo el que se dejara. Les decía mentiras y se le comenzó a olvidar con cuál había tapado qué. Él sabía exactamente qué llevaba a la frustración a sus papás, a su hermano, a sus amigos, jefes. Cuando se sentía cercano a ser descubierto, utilizaba esa arma oscura en contra de ellos, y de nuevo, la gente no entendía cómo comenzaba enojada con él y terminaba pidiéndole perdón. Leviatán, les digo, Leviatán.

A veces le decíamos Odrín porque pudimos ver cómo finalmente Pedrito era un odre en manos del Señor. Esta fue una revelación que Tere tuvo y le ayudó mucho para perdonarlo. Él era un hijo muy pródigo. Muy. Pero hay peores. Y para todos hay perdón de pecados, redención y libertad. Para TODOS los que puedan arrepentirse.

Eventualmente, por providencia y misericordia del Padre, Pedro Odín volvió en sí y se transformó en todo un Pablo de Tarso. Se cayó camino a Damasco. Kathy fue un instrumento doloroso usado por Dios para conseguir este valioso fin. Las mentiras cayeron como castillo de naipes. 

A Tere y a mí nos da mucho gusto ver el hombre de Dios que por fin brotó de tanta escama oscura y pesada. El proceso fue doloroso, brutal, humillante, pero es hermoso verlo salir a la luz. Lo hicimos desde la distancia, en agradecimiento al Padre, porque jamás Tere dejó de orar por él y por los suyos.

Mi amiga Tere salió adelante, yo le hablé del programa de Hay Esperanza del ministerio Canaán y fuimos compañeras de luchas y victorias. Durante su separación, ella se volvió una cantautora por hobby, así nos conocimos, y comenzó a cantar en diferentes iglesias.  Actualmente le ayuda a mujeres católicas a sanar la herida de la religiosidad. Les enseña a conocer a Jesús de otra manera y a verlo como Su único salvador sin sentirse culpables de renunciar a las tradiciones de hombres. Ella se sigue identificando como católica, pero dice que es de la renovación carismática verdadera. 

lunes, 22 de junio de 2026

Los Benjumea: duelos adicionales al principal



Federico Benjumea era un doctor costeño, barranquillero, de muy buena familia. Él era extremadamente talentoso, tenía memoria prolija y era muy encantador. Le hizo una casa en el aire a mi amiga. Narcisita encubierto, y muy buen conversador. Cuando Isabela lo conoció, y él comenzó a tratarla con abrumadores detalles, extensas conversaciones e invitaciones halagadoras, ella se dejó llenar. Mi amiga Isabela no sabía nada de Jesús para sanar sus heridas, pero era muy empática, romántica y elegante.

La relación de ellos fue como la de la mayoría de las mujeres que estaré narrando en muchas de mis próximas entradas, ya que es con ellas con las que he hablado, como decía la película de Pedro Almodóvar. Ellas me han hablado sus vidas, yo les he vaciado la mía, y de recolecciones que tengo, con nombres que varían, escribiré historias que narran el leitmotiv del corazón vacío y todas las locuras que se nos ocurren para llenarlo; toda la gimnasia y las maromas que damos, buscando saciarnos con otros tan vacíos como nosotros. Buscando llenarnos con lo que sea menos con Dios. Somos seres de barro, obstinados. 

Uno de los “patrimonios” más importantes de Fede era su familia. Era de estas familias costeñas de plata, con dinero de décadas, ganado con arduo esfuerzo y que sí o sí salían adelante. Trabajadores, muy unidos y en todo momento se apoyaban. La familia de mi amiga era más distante, más dispersa y debido a temas sin resolver que ella tenía con su papá, el irse de su casa lo más rápido que se pudiera se convirtió en su objetivo principal.

Esto es importante, porque, aunque Isabela no lo sabía, uno de los factores que más vendía Fede a todas sus parejas era realmente su familia. Y uno de lo que más anhelaba ella comprar, inconscientemente también, era armonía y estabilidad familiar.

La mamá de Fede era una santa. Su papá un amor, y sus 3 hermanas se convirtieron en las hermanas que mi amiga nunca tuvo. Ella tenía 2 hermanos, uno mayor y otro menor. Isabela se enamoró tanto de los Benjumea como de Fede. Lo amó íntegramente, a este otro hombre pequeño.

Sin embargo, todo tiene su final, y la verdad no gastaré palabras en esta ocasión detallando la historia perpetua que repiten los que viven, se casan o aman a narcisistas infieles y carismáticos. Isabela y Fede se casaron. Isabela vivió varias infidelidades por parte de su amado doctor, pero descubrió con certeza 2. Una de ellas, el muy descarado le dijo que quería divorciarse urgentemente de ella porque la otra le daba, emocionalmente, todo lo que ella no le daba.

Un paréntesis, he tenido esta conversación con algunas amigas, a quienes sus esposos les fueron infieles, y en lo que coincidimos es que, si bien la infidelidad física rompe el corazón, la emocional destruye el alma. Porque se pensaría que la física corresponde o es justificada por “la naturaleza primitiva” de los hombres (no es argumento, pero “digamos que sí”). ¿Pero la emocional? A los hombres ni les gusta ser emocionales, ¿cómo podía responder mi amiga Isabela a ese comentario ruin? Cierro paréntesis.

La otra se dio cuando estaban separados, pues él se fue a un congreso de Cardiopatías, a la European Society of Cardiolgy, en Múnich. Eso sí, se podrán decir muchas cosas de Fede, pero definitivamente era extraordinariamente bueno tanto para curar un corazón como para deshacerlo por completo. Fede, como se quedó el mentado Federico en el subconsciente colectivo de nuestras amigas, aprovechó para quedarse un mes en tierras germanas para descansar. No quiso llevar a mi amiga Isabela, pese a que ella le había dicho de mil formas que le encantaría acompañarlo. Usó cuanta excusa pudo. Isabela, como siempre, le creyó.

Para fines prácticos, Fede es otro de tantos que es infiel, lo niega todo y se victimiza. Nada nuevo bajo el sol. Y mi amiga es tan codependiente como hemos sido tantos en la tierra de los vivientes. Hoy justamente recordaba viendo Hay Esperanza que todo adicto es primero codependiente…en fin.

Pero lo que les quiero contar de él es lo que le pasó a mi amiga con la familia Benjumea. El día que Isabela reunió el poquito valor que encontró no sé en dónde para cuestionar a Fede por lo que encontró que le demostró su infidelidad alemana, él no sólo lo aceptó, sino que dijo que ella se lo merecía porque nunca había sido lo que él quería que ella fuera. Le dijo que jamás querría que ella fuera la madre de sus hijos. Que ella no era competente. Que le pedía a la vida que le diera oportunidad sana de cortar y separar sus caminos.

Cada una de estas maldiciones lastimó lo más profundo del corazón de mi amiga. Pero Dios tiene otros planes y esta agonía la acercaría al taller del Maestro, a los pies de Jesús, en donde su alma encontraría sanidad, reposo y restauración. 

En ese camino de sanidad pasaron muchas cosas y la concerniente a la familia fue una de las que más le costó sanar a chabelita. Isabela se marchó de la casa que compartían con 2 maletas. Dejó los 2 gatos que tanto amaba. No se llevó nada más que su dignidad y su ropa, la poca que pudo recoger de ambas.

Ella intentó contactar a los Benjumea. Llegó el cumpleaños de la mamá y le pidió a Nora, la hermana menor de Fede, que si pudiera ir a saludar y compartir tiempo con ellos. Ella le dijo que no, que eso sería indeseable porque seguramente Chabela haría un escándalo y qué vergüenza. Nunca le volvió a hablar, Nora parecía que había decidido odiar a chabela, y chabela decidió resignarse a ese odio infundado. 

Chabela decidió respetar el tono que los Benjumea habían tomado con ella, y pasado un tiempo suficiente, intentó volver a acercarse a ellos para saber cómo estaban. Le preguntó a Fede si podría ir a celebrar el cumpleaños de Estela, su otra hermana. Él le dijo que no, que eso era totalmente indeseable e innecesario, que ella había decidido irse y que toda la familia extendida, con quienes se celebraría a Estela, ya sabía del abandono de hogar, y de lo mala y villana que era Isabela.

Mi amiga chabela lloraba conmigo mientras me contaba esto. Ella no había cuantificado la pérdida que representaba toda su familia política, quienes se convirtieron en su familia, a secas.

Cuando a Fede le preguntaron “¿qué pasó con Chabela?” él muy rápido respondía “me abandonó”.  Le encantaba tirarla debajo del bus, como se dice en inglés, a la menor provocación. Todo menos reconocer su parte dentro del derrumbe de su matrimonio.

¿Me abandonó? pero... ¿Y las infidelidades? ¿Y las humillaciones? ¿Y los desprecios? Y las continuas conversaciones que concluían en “tú estás mal y tienes que cambiar, Isabela”, cuando ella intentaba pedir algo de consideración sobre una situación que le parecía incorrecta, o cuando tenía la desfachatez de dar un consejo a su esposo, al ver un peligro inminente. Todos los problemas se resumían en “tú estás mal, y necesitas cambiar”. “Te crees mejor que yo, por eso dices esas cosas”. Isabela escuchó como en disco rayado la frase que ninguna mujer debería oír ni una sola vez “estoy resignado a estar contigo, ya renuncié a la felicidad. No me haces ni me harás feliz”.

Isabela hizo muchas cosas mal, ella lo pudo reconocer con el tiempo, aún, erróneamente, intentó explicarle a su verdugo que ella estaba mejorando su manera de hablar, que estaba aprendiendo cómo limpiar mejor sus batas, para que no gastaran de más en lavandería. Ella habló muchas veces con Dios reconociéndo todo lo que idolatraba a Fede. Le puso un peso en los hombros que ningún hombre podría llevar, cuánto menos un narcisista.

Buscó la manera de conservar su paz, teniendo un sueño sensible, y durmiendo con Fede, un roncador olímpico. No lo culpó, se las arregló para descansar mejor y evitar tantas peleas significativas, que no debieron serlo. Ella intentaba apaciguar un volcán con una botella de agua de 1 litro.

Lo que Isabela no sabía es que Fede nunca iba a aceptarla, porque para el narcisista nunca será suficiente lo que se haga. Ellos en verdad no tienen llenadera. Ellos no pueden amar, ni a sí mismos ni a otros. Y un adicto a sí mismo muy fácil encuentra eco en una codependiente. Ella lo adoraba y él la despreciaba. Ambos súper mal.

Isabela decidió cargar con el INRI de "abandona hogares" cuando Jesús llegó a su corazón y le dijo que Él había cargado toda la vergüenza, toda la injusticia. Él cargó la cruz en silencio. Y le pidió lo mismo a ella. Isabela quería decirle a los Benjumea que estaba muy agradecida, que los había llegado a amar, que no hubiera querido que las cosas fueran así. Ella quería decirles que no era ni tan mala ni tan buena, que era muy humana y que estaba a penas conociendo a Jesús, pero que, como fuera, siempre tendrían un lugar en su corazón. Que ella quiso llamarlos mil veces o verlos otras más, pero que las condiciones no se lo permitieron. Siendo las principales condiciones el abuso sistémico del que fue víctima por parte de su vástago tan idolatrado, Federico Benjumea. Su nené. 

Quería decirles que, si hubiera podido seguirse relacionando con ellos, sin ver a Federico, lo hubiera tomado. Pero que reconocía que era imposible separar lo junto de lo revuelto.

Hay muchos duelos que se hacen en paralelo y en silencio durante las crisis mayores de la vida, como los divorcios o las muertes. Uno cree que cuando se pierde a alguien, el duelo es exclusivo de la persona que deja de estar, pero hay que llorarle al café que se tomaban juntos en la mañana. Hay que soltar la rutina de ir a trabajar al tiempo o juntos. Hay que dejar ir el dormir acompañado, para comenzar a dormir solo. Hay que soltar a los Benjumea, y llorarlos. Hay que abrazar todos esos dolores, para después soltarlos. Hay que vivirlos y después dejarlos ir. Hay que llorar a la familia que se verá mucho menos a causa de la muerte. Hay que llorar a los sueños que se construyeron no sólo con el que se adelantó, sino con la familia que se tendría si no se hubiese ido.

Y eso es lo bonito, en medio de lo doloroso, de hacer duelos con Jesús. Que siempre estás acompañado mientras lloras cada muerte, cada pérdida, cada familia Benjumea que dejas a un lado. Estas acompañado mientras cuantificas todo lo que perdiste, tangible e intengible. Jamás estás solo. Estás con el Dios que sabe perfectamente cómo se siente la traición más dolorosa. Jesús abrazaba a Isabela mientras ella reconocía ya no tener a la familia que había adoptado en su corazón de lado suyo, sino sentada en la silla de juez sobre ese sufrimiento silencioso que la aquejaba. Fue duro, pero pudo ser mucho peor.

Así que cuando sufras tus pérdidas, llora hasta el cansancio. Y después deja ir. Eso fue lo que aprendió mi amiga Isabela, y ahora es la líder de duelos en su iglesia local. Cuando alguien muere, se divorcia, o un hijo deja el nido, la llaman a ella. Es una gran mujer mi amiga Isabela. 

jueves, 18 de junio de 2026

Una entrada personal y colombiana

 


4:50 AM, 2 de septiembre, 2000

“El mal tiempo imperaba en la zona y la orden era regresar. Pero al observar desde el aire un reducto de la guerrilla, el capitán Tirso Javier Nuñez decidió regresar pese a la orden de los superiores de que abandonara la zona. Justo cuando decidió devolverse para enfrentarse con los subversivos se encontró con el cerro.” **

¿Decidió regresar? En ese momento, yo creo que mi tío no lo consideró una decisión, sino un deber ser. Los narcoterroristas de las FARC estaban destruyendo otra población. Otra de tantas. Acababan con ataques arteros con familias, formas de ganarse la vida, medios de comunicaciones, de personas que vivían lejos de todos.  Siempre iban en contra de los militares, quienes buscaban defender a estos campesinos que, el día que mi tío perdió la vida, eran quienes vivían en las faldas del cerro Montezuma. Historias horribles de violaciones de niñas de lenguas distintas, abusos por parte de las FARC a poblaciones remotas en lugares de nombres que no conozco, y un sinfín de aberraciones que nunca nadie debía vivir, ni ver, ni conocer, pero que fueron, marcarían la mente de mi tío para siempre. Hubo algunas cosas que en momentos de vulnerabilidad compartiría con sus hermanos, pero la mayoría las dejó en el cerro, cuando dejó de ser aquí en la tierra, y comenzó a vivir en el cielo.

Lo primero que tuvo que hacer el entonces presidente Andrés Pastrana fue decir que el avión fantasma no había sido derribado. Porque lo primero que hicieron los infames narcoterroristas de las FARC fue jactarse de haberlo derribado. Porque la gloria de ellos era dejar viudas y huérfanos, convertir campos de cacao, café, yuca y maíz, en maldito "oro" blanco, desplazar millones de colombianos de zonas rurales a ciudades que se sobrepoblaron. Su honor era destruir, robar y matar.

Cuando esto pasó, se les podía llamar criminales a estos terroristas asesinos sin buscar un millón de justificaciones de por qué decidieron convertirse en los hijos del diablo que quisieron ser. Porque ahora justificamos a los criminales, y avillanamos a los que nos dieron patria.

Podrán decir que soy muy binaria, muy blanco-negro, muy ignorante. Que no vi toda la historia. Podrán decir que lo que pasó después desestimaría lo que alcancé a ver. Pero para mí por sus frutos los conocerás. Cuando Uribe fue presidente, se pudo volver a la costa por carretera, en estas caravanas que mostrábamos por Televisión, siendo ajenos a esa realidad mágica que estábamos viviendo. Celebrábamos que podíamos hacer lo que en la mayoría de nuestros países vecinos era norma y regla de vida desde siempre. Porque para nosotros vivir en paz se volvió una ciencia mística, que parecía no tener cómo ser alcanzada. Y volver a tener esperanza, esa que Dios le regresó a Colombia en ese punto de la historia a través de la “mano firme, corazón grande”, fue lo máximo.

Con los terroristas NO se negocia. Eso también me lo enseñó el presidente Uribe ¿Qué paz total ha habido en Colombia después de regresarle tanto a las disidencias? Con los que atentan contra la población civil para extorsionar al estado de cualquier nación, NO se sienta a negociar. No se les da lugar de honra a los criminales.

Ahora entiendo que una de las bendiciones, de tanta nostalgia, que me dejó el haberme ido de Colombia a principios de los años 2000, cuando el presidente Álvaro Uribe Vélez comenzó a cambiarle la cara a mi tierra, fue justamente congelarme los recuerdos. Siento que soy una cápsula viva del tiempo, de finales de la década de 1990 y principios de la del 2000, de mi Bogotá. De mi Cundinamarca. De mi Colombia.

Yo recuerdo cuando nos comenzó a dar miedo ir a San Pacho porque estaban los rumores de que las FARC ya estaban llegando a La Vega. Yo recuerdo a la señora con el collar bomba, que terminó explotando. Recuerdo la bicicleta bomba, y recuerdo el caballo bomba. Recuerdo a los niños que eran usados para dejar frente a cuarteles estas bombas asquerosas, infernales. Niños de 8 y 9 años que eran, en el mejor de los casos, extorsionados para hacer una entrega única y en el peor, amenazados y forzosamente reclutados, para formar parte de una organización terrorista a la que nunca aplicaron, pero que los secuestró. Los pervirtió a la brava para después volverlos enemigos (no voluntarios) de la nación. Recuerdo el miedo genuino que los colombianos sentíamos cuando veíamos un carro abandonado por mucho tiempo en alguna esquina, “¿será un carro bomba?”. Recuerdo el atentado del club “El Nogal”. Recuerdo las malditas pescas milagrosas.

Recuerdo la marcha por la paz que pintó las calles de Bogotá en 1998*. La recuerdo porque mi uniforme ese día fue ir de blanco y en muchas iglesias oramos para que Colombia dejara de ser azotada por esa violencia que parecía nunca ver el final de la noche.

A lo mejor sueno como disco rayado. Pero he aprendido a aceptar que para una niña que estaba por cumplir 11 años, ver la muerte del benjamín de la familia de su madre, de una manera tan inenarrable, y con todo el caos que vino alrededor de la recuperación de su cuerpo, las noticias, el “quizás está vivo”, la angustia profunda de mi madre al escuchar que su hermanito ya no estaba más…necesariamente iba a dejar una huella profunda. Mi madre y mi tío tenían casi la misma diferencia de edad que yo y mi hermano. Y eso que no era mi hermanito...Y eso que no era mi papá, como el coronel que murió poco antes que mi tío era de una hermosa familia. Por el que mi tío quería regresar a defender Patria. Por él y los demás soldados que estaban, con lo que podían, defendiéndose de esos seres de destrucción representados en las FARC.

Y eso que no era mi esposo…Como sí lo han sido de tantos. El trauma colectivo de Colombia es insondable.

Y recuerdo las consecuencias que yo en primera persona viví y que me he dado permiso de sanar. Recuerdo el infarto que casi me da cuando en mi primer 16 de septiembre, aquí en el entonces Distrito Federal, escuché cohetes -voladores- y pensé que era un ataque de algo. Recuerdo que ver coches viejos, cuando tenía 14 años, estacionados por mucho tiempo, me generaba ansiedad. Recuerdo mi necesidad imperante de aclararle a todo el que intentara hacerme bromas sobre “si traía droga” que eso no era un chiste. Que a mí no me daba gracia. Que representaba el dolor de millones de colombianos. Recuerdo la incomodidad de muchas personas al yo decirles que mi tío murió en la guerra contra los narcoterroristas que producen la droga que ellos creían que yo traía. Chiste malo. Chiste cruel. Pero, si no les decimos, ¿cómo van a saber? Eso era lo que yo pensaba. Aún lo pienso, pero me engancho menos.

La tristeza que hay en mi corazón de ver que mi México se convirtió en lo que tanto se burló de mi tierra natal. En productor y comerciante, entre los líderes mundiales, de narcóticos. Pero eso será de otra entrada. Quizás.

¿Por qué escribo esto hoy?

Porque ver a Timochenko diciendo que apoya a Iván Cepeda, y que eso se CELEBRE, se me hace una ABERRACIÓN INOMBRABLE. Que en nombre de una “paz total”…mente fallida se le haya dado lugar de honra a criminales de estado, a personas que deberían de estar sumergidas en las profundidades de las cárceles gringas, en el MEJOR de los casos, me parece una ABOMINACIÓN. Qué vergüenza para todos los héroes que nos han dado patria. Qué vergüenza para todas esas viudas, huérfanos y familias rotas de militares que dejaron su sangre en las cordilleras, valles, montañas, páramos, desiertos y ríos de nuestra rica Colombia. ¿Cómo se nos pudo olvidar todo tan rápido? ¿Cómo le compramos tantas mentiras al diablo?

“Cuando los justos gobiernan, el pueblo se alegra. Pero cuando los perversos están en el poder, el pueblo gime. El hombre que ama la sabiduría hace feliz a su padre, pero si anda con prostitutas, desperdicia su fortuna. El rey que hace justicia da estabilidad a su nación, pero uno que exige sobornos la destruye.”

No voy a hablar de cómo el comunismo se ha permeado en toda la juventud y cómo nos ha llevado a vivir como en los tiempos del profeta Isaías, donde a lo malo le llamamos bueno, y a lo bueno malo. No voy a hablar de Paulo Freire y del daño infinito que les hizo a las mentes de los más jóvenes al sur del río Bravo. No voy a hablar de porqué es malo el comunismo. Porque me niego a decir que el agua moja. Me rehúso a tener en este momento esa conversación. Además, muchos ya lo hacen, y bastante mejor que yo. No voy a hablar de cómo les han pintado banderas sociales a teorías ruines y de maldición para el mundo, para que se vuelvan digeribles, y en el peor de los casos -como lo estamos viendo- símbolos de honra de quienes las predican. Aunque he escrito mucho, no voy a hablar de esto.

Sin embargo, que nos quede claro que por supuesto que hay un impacto profundo en las elecciones que se consumarán este domingo 21 de junio. Nuestra lucha no es contra carne ni sangre, sino contra fuerzas espirituales. Esas que cada tanto van a invocar a la Habana todos nuestros líderes de izquierda desde que Fidel se encostró ahí para -a precio de sangre- comprar victorias, y pagar por nuestra ceguera colectiva. Para obtener el poder y la fortuna. Para acceder a la trascendencia por una entrada ilegítima. Para establecer reinados de tinieblas en nuestros países incautos, a través de gobiernos carentes de cualquier rastro de temor de Dios.

Que la intercesión de Jesús hace 2000 años sea realidad ahora, y que, aunque no supimos cómo actuábamos antes, ahora lo sepamos.

Que Dios nos perdone y que sepamos lo que hacemos. Como dice el himno de Colombia.

¡Patria, honor y lealtad!

 

**https://www.eltiempo.com/archivo/documento/mam-1259648

*https://www.eltiempo.com/archivo/documento/mam-786997


lunes, 15 de junio de 2026

Fragmento de la historia de mi amiga Carmencita


-Me dijo  "me tengo que ir". En el momento no entendí por qué la prisa hasta que recordé que le urgía irse con su nueva novia. Esa que hizo hace dos meses o tres. Entre tanto engaño y mentiras nunca pude saber a ciencia cierta cuál era la verdad, bebé.- 

Esto me decía Carmen, entre llanto de resignación y mucha gratitud, cuando todo acababa de pasar. Ella le estaba entregando la última caja que tenía de sus cosas. Le pidió un último abrazo, ella a él, cuando la interrumpió y le dijo esa brutalidad. Fue hace 5 años. Ella estaba terminando una relación de 15 años con un hombre que nunca pudo pedirle que se casaran. No tuvo los pantalones. Pero que la uso como esposa a discreción y con toda la autorización que su codependencia le dio al pequeño imbécil.

Él era un hombre muy pequeño, realmente insignificante. Se tardó 5 meses en reconocer lo que mi amiga Carmen había hecho por él y toda una vida de remordimientos para añorar tenerla de regreso (nunca le alcanzó para el arrepentimiento a este hombre mediocre). Al sol de hoy, casi un lustro después, sigue mandándole mensajes románticos estúpidos y llamándola cuando se alcoholiza. Pobre pequeño, pequeño hombre mediocre.

Esta historia se repite muchísimo en medio de relaciones abusivas que plagan nuestros países "en vías de desarrollo". Aunque dicen que los países de primer mundo no cantan mal las rancheras. El tema de la codependencia y la adicción es algo complejo, pero como todo en mi blog, se resume en la verdad eterna y permanente de la necesidad infinita de amor y aprobación del ser humano. Esa que sólo Dios puede llenar, pero no me hacen caso, ¡háganme caso! :p

Este hombre pequeño, a quien le llamaremos HP, por hombre pequeño, no por otra cosa..hahaha, decía que era religioso. Iba a misa sagradamente todos los domingos, miércoles y viernes. Se juraba erudito bíblico y le decía a sus amigos que ya estaba listo para escribir libros de "cómo amar a las mujeres" mientras les destruía la vida a todas las que tenían la infortunia de cruzarse en su camino. Todo un hipócrita, mentiroso o ¿mitómano? Carmencita y yo dejamos de querer averiguar a ciencia cierta qué era este HP. 

Yo no podía culpar a HP de todo. Carmencita le dio demasiados permisos, le desdibujó todos los límites, por migajera. Quizás pueda parecer que el migajerismo es algo de mujeres, pero yo creo que es más bien de cualquier víctima potencial de un adicto. Indistintamente de su género. Migajerismo es para mí el concepto moderno del codependiente. 

Y cuando uno habla de adictos y codependientes, tiene que necesariamente llegar al punto que siempre he hablado, lo que TODOS necesitamos es a Jesús, amigo lector. Es que les prometo que es verdad, no hay ser humano que pueda satisfacer las necesidades infinitas de aceptación, amor, protección y provisión que nuestras almas con agujeros negros tienen. Es que es verdad que uno necesita sí o sí ir todo el tiempo a la fuente de agua viva, es que es cierto. Dice Nehemías:

"Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua".

Es que vean ese nivel de mediocridad, cavamos cisternas rotas que NO retienen el agua. O sea pobre HP, no pudo esperarse para terminar bien su relación con Carmencita e irse a meter a camas ajenas, porque necesitaba cavar una nueva cisterna rota. Porque ya había roto mucho a mi Carmencita del alma. Y dejamos a un lado esa fuente de agua viva. Nos falta demasiada sabiduría amigo lector, por no decir otra cosa.

Pero Carmencita lo hizo bien. Después de la decimo-sexta infidelidad, por fin se amó, y lo dejó irse detrás de esa falda fácil, esa que era "muy especial". Es que era cínico este HP. 

Carmencita se obsesionó con el Dios de Abraham, Isaac y Jacob. Se dedicó a pintar para liberar toda la angustia que ese abuso le dejó en el alma y ahora exhibe arte en galerías internacionales. Arte que conecta porque transmite el dolor que todos sentimos y a la vez, tiene este maravilloso súper poder de mostrar cómo el amor de Dios es la solución para él. Carmen conoció a Juan Jesús, hasta nos reíamos, porque se llamaba como el que la salvó, su Señor. JuanJe es un hombre parecido al carpintero de Nazareth, la ha amado como nadie y ahora sólo nos acordamos del HP cuando salen anuncios de Harry Potter en algún lugar. O cuando vemos las siglas HP en algún grafiti callejero. Nos reímos mucho de todo el tiempo que perdió mi amiga, porque hemos visto cómo el Padre ha redimido cada segundo mal invertido. Carmencita es una gran mujer y me ha inspirado mucho a abrirme a través de mis palabras. 

A veces se ve muy oscura la noche, a veces uno siente que se va a morir del dolor, pero por eso nuestro salvador es "varón de dolores, experimentado en quebranto". Este título no es nobiliario farandulero, es verdadero restaurador. El Dios en el que creo no se hizo fortuitamente varón de dolores, se hizo así para tener toda la experiencia que nuestras almas necesitan en las penumbras más desgarradoras de nuestro caminar.  

Jesús siempre va a estar al lado de nosotros en la oscuridad más completa. ¿No nos damos cuenta? Pidamos como Eliseo pidió para que pudiera ver su siervo todo lo que estaba pasando en el mundo espiritual, cómo es verdad que Jesús está a nuestro lado. 





viernes, 12 de junio de 2026

Mi tanta falta de querer(me)


Madurar es asumir la responsabilidad de las decisiones erradas y sus consecuencias. Sí, lo escribo mucho, porque es mucha verdad. Si repetir una mentira muchas veces la hace verdad, imagínate lo que hace repetirte verdades todo el tiempo...brutal! Amo esta canción de Mon Laferte, porque creo que siempre pensé de ella como un himno al desamor de otro, pero en estos últimos 2 años y medio más bien se ha convertido en una oda a la carencia de amor propio para mí.

¿Cómo fue que uno se dejó de amar? ¿Cómo podemos vivir soportando la ausencia del amor propio?

Hay veces que comienzo a escribir y me pregunto: 1) ¿Alguien va a leer esto? ¿Puedo hacer el oso en comodidad? 2) ¿Este tipo de reflexiones almáticas serán correctas dentro de este espacio?

Conforme más me acerco a Dios, y más descubro quién soy en Él, tecleo y puedo irme respondiendo. Pues sí, alguien lo leerá, pero eso no significa que voy a “hacer el oso”, es decir, no voy a ser honesta teniendo en muy alto concepto lo que piensen quienes quieran, muy en su libre albedrío, abrir estas entradas, y avergonzarme por lo que piensen. El oso se hace cuando uno siente vergüenza profunda de una acción o expresión propia de su identidad que, posiblemente, no forma parte de lo socialmente aceptado. “El oso” no es algo que necesariamente va a pasar si uno es vulnerable y honesto, puede pasar, pero no es forzoso. Y cualquiera que decida entrar a mi blog y darse cuenta de mis exóticas ideas, pues va o no opinar sobre ellas. Los más valientes hasta me lo reconocerán y me dirán que lo han hecho. No es la norma, pero ha pasado.

Estos ejercicios que escribo en este blog son resultado de algunos “pollitos que me como” con Dios, como se dice coloquialmente aquí en México de mi corazón. Entonces, parto del supuesto que a los que dan “clic” a los links que comparto en Whatsapp, Instagram y/o Facebook, para leer, les GUSTA leerme. Digo eso porque chismosos, no, cero...hahahaha. Un chistecito. 

La única excepción a esto fue mi entrada anterior, que sí estaba dirigida a mujeres valiosas de mi vida y con las que sí compartí el enlace específicamente. Pero fuera de eso, pues aquí viene el que quiere. Por ejemplo, si ahora me estás leyendo, es porque decidiste que querías invertir tu muy valioso tiempo en mis sabias reflexiones jijiji.

Todo esto para decir que sí puedo hacer el oso cómodamente.

¿Serán el espacio correcto? En esto he pensado recientemente. Porque una parte de mí, la religiosa que sigo ahogando, aunque la verraca resucita ante el menor descuido hahaha, cree que mi blog sobre Dios no debería tener la canción de dolor y ardor en el alma de Mon Laferte. Pero, la parte que justo está buscando sanar esa pena crónica que me daba el ser transparente y sin máscaras, me indica que nada de lo que escriba debería estar fuera de este lugar. Pues si Dios es la fuente de todo lo que soy, Él sabe de mis ansiedades y carencias mejor que yo misma. A Él no le ofende que piense que me amaba muy poquito y que me atreva a compartirlo aquí. Creo que hasta le gusta, porque pues sino…lean la Biblia. Al profeta Elías diciendo “ya mátame”, a Job diciendo “mejor no hubiera nacido”. Me gustan mucho los salmos del rey David:

"Estoy cansado de tanto llorar; toda la noche inundo de llanto mi lecho y empapo mi almohada con mis lágrimas". Bro, I really felt that.

“Mi espíritu está totalmente deprimido; mi corazón se ha quedado sin fuerzas". Como decía la chaviza “sí soy”.

Todo esto para decir que sí, que es el espacio correcto. A las pruebas me remito, siendo la mayor de ella el libro que rige mis conversaciones con Dios, la Biblia.

Así que, si Elías estaba tan triste que se quería morir, y Job dijo que “mejor no hubiera nacido”, pues se vale decirme que cómo fue que me quería tan poco aquí, en este blog.

La canción de Mon Laferte le habla a un amor ajeno que le dio la posibilidad de reconocer, bueno ese es mi enfoque optimista, lo migajera que era. Y yo fui migajera, pero qué bueno que también de eso me salvó Jesús. Entonces para mí la evolución de la interpretación de la letra de “Tu tanta falta de querer” es “Mi tanta falta de quererme”. ¿Cómo fue que me dejé de amar? ¿Cómo podría vivir la vida soportando no quererme? Pues miren, a saber. Eso literal es terapia de años hahahha. Bueno no, está bien, sí hay cosas que uno reconoce a estas alturas, tampoco voy a despreciar mi avance.

En mi caso creo que el tema de estarme moviendo desde muy pequeña sin echar raíces en ninguna parte rompió algo en la parte del sentido de pertenencia que es tan fundamental en la infancia. También el hecho de haber interpretado el amor de aquellos que literalmente hubieran dado la vida por mí, como escaso, porque ese amor estuvo bañado de sus propias dolencias y tristezas, de sus propias heridas, me hizo creer que no merecía mucho afecto durante décadas en mi vida. Ya puedo decir décadas, *qué fuerte*. He aprendido que cuando uno no recibe amor incondicional de Dios, siempre va a caminar manco por la vida. A medias marchas. Migajereando de varia forma. Y me atrevo a decir que no he conocido a nadie que haya recibido desde su infancia amor incondicional, pero bueno, eso ya es niveles avanzados…

Todos manifestamos esta carencia de maneras tan infinitas como formas de pecar existen. Orgullo, altivez, baja estima, materialismo, envidia, lujuria, amor al dinero, el deseo de demostrarle a todos que “puedo” (dirían Paco y Catriel -La que puede, puede-)

Al final, todo ese pecado es simplemente otra manera de decirle a la creación que no nos sabemos incondicionalmente amados por el Dios creador de todas las cosas. Cuando uno sabe dónde está la fuente de su vida, y se llena de esas aguas milagrosas todos los días, sí o sí las cosas cambian. Y eso me ha estado pasando a mí.

Yo ya no me veo migajera, y tampoco me avergüenza el reconocer que lo fui. Tengo estos ataques de ansiedad circunstanciales que se apaciguan con el agua eterna que fluye del cielo y baja a mi corazón. Me levanto con el corazón a toda en el pecho, a horas que las películas de terror denominan “diabólicas” (mentiras, son horas muy espirituales), oro, pido perdón, perdono, leo un salmo bien perrón y me puedo acostar a dormir otra vez como bebé.

Todos los días necesito ir a esa fuente, no tengo opción. Y ya me puedo ver como la hija amada de Dios que siempre he sido. Todos los días un poco más, sin presiones, y sin saltos cuánticos. Así ha sido mi proceso hasta ahora. Empiezo a ver las cicatrices que se han formado de esa profunda herida que tuve de falta de amor. Me dejé de amar, o quizás nunca me amé bien. Esperaba tanto de personas que estaban igual o más rotas que yo, y me enojaba cuando se negaban a darme lo que no tenían. ¡Qué locura! quería que otros ya me dieran lo que yo no tenía, ni para mí, ni para darlo de vuelta. Y entonces, cuando me daban sobras de sus propias sobras, sentía que estaba bien. Eso es ser migajero…vivir de las migas de los demás.

Y bueno, así es como resolví sí escribir de Mon Laferte y su tanta falta de querer aquí. O de Julyta y Mi tanta falta de quererme.

No la tengo resuelta, por algo Jesús es un camino. Todos los días se avanza. Quizás por eso a tantos les gusta “el camino de Santiago”. Toca avanzar y cada día trae sus propios afanes y panes. Toca todos los días buscar la vida en medio de tanta muerte, y es necesario escoger la vida. Siempre se puede escoger vida o muerte. Hay días que amanezco con ganas de COMERME AL MUNDO y otras veces veo cómo abre sus fauces para intentar tragarme. Eso ya lo he escrito por aquí en alguna parte, creo…

Así que igual me equivoco, pero ya voy más rápido con Jesús para que me limpie, me perdone, me de perdón para otros y avanzar. No hay más. No tenemos opción amigos lectores. Cualquier otra manera de solventar el dolor profundo, las heridas enquistadas y llenas de pus, o las que te acaban de abrir con machete sucio, las que estás recibiendo en un quirófano limpio, las que te dejaron descolocado hace 40 años, o 20, o 30. Las que te hacen irte a acostarte con quien sea para darte dos segundos de paz mental, o las que te llevan a atiborrarte de comida en la madrugada. Las que te hacen perder 5 horas en redes sociales, o las que te llevan a mentar tu sabes qué duro y parejo ante la menor provocación.

El camino es extremadamente sencillo de entender. La vaina es hacerlo.

Y bueno, eso es todo amigos. No seamos migajeros…ni lujuriosos, irascibles, envidiosos…practiquemos el amor propio, a Dios y al prójimo. Esa es la ley y los profetas. El resumen más ejecutivo de la Biblia. 

lunes, 8 de junio de 2026

A mis amigas

 Carta de amor a esas amigas…

Esta es una carta de amor a las amigas que me han acompañado, han llorado conmigo, me han preguntado como estoy sin saber que su voz era lo que necesitaba escuchar justamente en ese instante, han estado conmigo para hacer lo inasible y han guardado silencio mientras hago catarsis. A las que me conocen hace más de 20 años y a las que hasta hace poco se volvieron cercanas al alma por designios del Señor.

Es fácil escribirles cartas de amor a los objetos románticos de mis afectos. Creo que mucho de lo que escribí en la adolescencia fue justamente de este tono. Pero poco le escribí a todas esas amigas que tantas veces han levantado mi cabeza, siendo un brazo extendido de Jesús y su mano apoyado mi mentón para alzarlo. Las que me han levantado la cabeza siendo mensajeras de mi Papá, sabiéndolo o no.

Tengo que usar nombres, porque esto es como el perdón. Uno pide perdón por las cosas puntuales que ha hecho, una por una, a cada persona que ha ofendido. Y uno perdona así también. Eso me enseñaron cuando sané. Entonces uno agradece también así. El siguiente orden es alfabético.

Dianita: gracias por tenerme tanta paciencia cuando ni yo entendía de dónde venía tanta ira y contienda en mi corazón. Gracias por guiarme y gracias por convertirte en mi amiga. Gracias por ser vulnerable conmigo, escucharme y amarme en donde estaba, sin presiones, y sin quitar el dedo del renglón. Gracias por orar tantas veces conmigo y por mí. Gracias por tantas horas de amor que me diste de tu vida.

Ivonnecita: gracias porque desde el principio de mi proceso estuviste ahí, orando y llorando conmigo. Dios tiene estas maneras misteriosas y hermosas de obrar, y eso ha sido tu amistad para mí. Algo que comenzó por fortuna y que ya fue para siempre. Gracias por enseñarme que el amor se escribe con p de presencia. Gracias por esos abrazos, por esas mudanzas, por esos taquitos. Gracias por estar y por ser un abrazo de mi Papá en momento de mucha necesidad. Gracias por hacerme parte de una vida tan ajetreada en un momento en el que hacer amigas ya no es norma, es rareza.

Luisita: Gracias por ser mi amiga de penas, mi roomie favorita jajaja. Gracias por tu atención, por tus risas honestas y consistentes a mis chistes. Gracias por ser la mejor conductora de trucks que he conocido, y por llevarnos a ese encuentro donde vivimos nuestro “prom”. Gracias porque nos encontramos rotas y nos vimos sanar. Gracias por el cuaderno que me va acompañar hasta el final, por tantos detalles y por los reels que me sacan de la tristeza. Gracias por escucharme y por hablarme con tanta misericordia.

Mafercita: gracias porque siempre que nos vemos es como si ningún minuto hubiera pasado de cuando teníamos 16. Gracias por hacerme reír cuando sólo quería llorar, gracias por acompañarme en tantos momentos históricos de la vida y permitirme formar parte de los tuyos. Gracias por motivarme, por estar y por ayudarme en esos momentos clave, en esos momentos exactos, en los que no sabía bien cómo resolver…tú estuviste, y eso se queda para siempre en el corazón.

Mareldi: gracias por permanecer a lo largo del tiempo, gracias porque te sales de tus incomodidades para acercarte a las mías, y porque en medio de todos los procesos que he vivido, has sido un muy bonito leit motiv. Siempre recordaré con profunda gratitud todas las veces que intentaste enseñarme cosas que no me pudieron entrar en la cabeza, todas las veces que me apoyaste a hacer cosas que hoy recuerdo(amos) con mucho cringe…hahahaha. Gracias porque me dejabas ser libremente cuando ni yo me dejaba…gracias por quererme apoyar siempre así fuera desde lugares tan distintos. Tu empatía y amor siempre me han abrazado el corazón mijitl.

Marianita: los años no merman en nada el amor que te tengo, como que lo asientan más bien. Lo hacen más agradecido, lo hacen más consciente. Gracias por siempre querer sacarme de mi concha, por no cansarte de insistirme que salgamos, que hagamos, que seamos. Gracias por darme el amor que he necesitado tantas veces, aunque yo no lo quería recibir así. Gracias por cada plan, cada idea, cada consejo…gracias por quererme como soy, desde siempre. Gracias por tanto, no sabes cómo he sentido el amor de Dios a través de ti en tantos momentos coyunturales de mi existencia. Gracias mija.

Marinee: gracias por compartir conmigo tanta sabiduría, y porque juntas nos damos consejos que no pedimos, pero que tanto necesitamos escuchar, jijiji. Gracias por tu empatía, porque muchas cosas que me has dicho en los podcasts que compartimos eran palabras saliendo de la boca de Dios a través de ti. Gracias por ese libro que me regalaste, me está rompiendo la cabeza, pero de una buena manera, tú me entiendes. Gracias por compartirme tu corazón y ayudarme a sanar con tu testimonio, gracias por tu generosidad.

Paolita: mija, gracias…gracias porque te preocupas por mí, porque siempre me preguntas cómo estoy, porque, aunque estés en tus propias crisis existenciales, te interesas por consolarme en las mías. Gracias por perdonarme el ausentarme por periodos, cuando me enconcho, y por buscarme cuando no sabía cómo pedirte que lo hicieras. Desde nuestras Willis y wallis, pasando por tantas decepciones y celebraciones, comenzamos a ser amigas y ya lo seremos por la eternidad. Te amo mija.

Mamá: gracias por ser mi primera amiga, gracias porque siempre me has dado todo lo mejor que has tenido, los mejores consejos que has pensado, por cada vez que has intercedido delante de Dios por mí con las rodillas en el piso y las lágrimas en las mejillas. Gracias porque sin ti, yo no sería yo. Gracias mami. Te amo.

Y hay más amigas que tengo, con las que estoy construyendo también nuevas historias, y que he tenido, que espero sean muy prosperadas en todo, como prospera su alma. He recibido muchísimo amor de infinidad de mujeres a lo largo de la vida; como decía el apóstol, si se escribieran cada una de las expresiones del amor de Dios a través de mujeres valiosas a mi vida, nunca acabarían de escribirse libros. Porque el amor de Dios es infinito y se manifiesta así a nuestra vida, a través de tantos actos de generosidad, amor, presencia de aquellos que nos rodean.

Gracias amadas amigas y mujeres excepcionales. ¡Muchas gracias!

Dios me las bendiga y les regrese muy multiplicadas todas esas ofrendas de tiempo, amor, detalles, regalos, paseos, viajes, sueños que han compartido conmigo.

Bye Bye depresión...

  Esta canción sólo la puse porque hoy quise escuchar a Vilma Palma e Vampiros, de los mejores grupos de rock en español...jajaja para mí, ¿...