Los Benjumea: duelos adicionales al principal
Federico Benjumea era un doctor costeño, barranquillero, de muy buena familia. Él era extremadamente talentoso, tenía memoria prolija y era muy encantador. Le hizo una casa en el aire a mi amiga. Narcisita encubierto, y muy buen conversador. Cuando Isabela lo conoció, y él comenzó a tratarla con abrumadores detalles, extensas conversaciones e invitaciones halagadoras, ella se dejó llenar. Mi amiga Isabela no sabía nada de Jesús para sanar sus heridas, pero era muy empática, romántica y elegante. La relación de ellos fue como la de la mayoría de las mujeres que estaré narrando en muchas de mis próximas entradas, ya que es con ellas con las que he hablado, como decía la película de Pedro Almodóvar. Ellas me han hablado sus vidas, yo les he vaciado la mía, y de recolecciones que tengo, con nombres que varían, escribiré historias que narran el leitmotiv del corazón vacío y todas las locuras que se nos ocurren para llenarlo; toda la gimnasia y las maromas que damos, buscando saciarnos con o...