lunes, 13 de julio de 2026

Te quiero Amor, Te quiero, te quiero más que ayeeeer



Cuando a Anna le dijeron que tenía que perdonar a su esposo, el que había tenido una hija con una de sus primas, que la había despreciado hasta el final de su relación, y que, con las semanas, terminaría descubriendo le fue infiel un total de 16 veces, pensó que se trataba de un chiste de pésimo gusto.

¿Cómo se perdona a alguien así? Además, él nunca le había pedido perdón. De hecho, la última vez que hablaron, le dijo que jamás le daría un solo peso para mantener a su hijo, pues no creía que fuera suyo. Claro, el ladrón siempre juzga por su condición, pensó Anna. El niño era idéntico a él, para tristeza (oculta y vergonzosa) de ella. Se sentía muy confundida porque amaba mucho a su niño, pero él le recordaba sin saberlo en absoluto, la etapa más dolorosa de su vida. Poco tiempo después, Dios también le dijo que tenía que perdonar al niño, aunque a penas podía hablar.

Verás, el perdón no se trata del ofensor. El perdón se trata de la restauración de tus creencias, decisiones y afectos. Es sobre tu alma. El perdón no depende de nadie más que de ti ni beneficia a nadie más de lo que te beneficia a ti. He aprendido que el perdón es el fundamento de vivir plenos en la vida y que es el camino para llegar a otro pilar del bienestar: pasar por alto la ofensa.

Digamos que uno comienza perdonando todo lo que lo ofende, lo que le dicen, cómo se lo dicen, cuándo se lo dicen. Uno perdona todo lo que se acerca a heridas que para los ojos de su interlocutor son invisibles, pero para uno son evidentes e intocables. Porque uno es el que está resentido pero la mayoría del tiempo no lo sabe. El prójimo no es responsable de que tú no quieras ni puedas compartir tu comida porque cuando tenías 6 años, Robertito tu primo te quitaba toda la merienda cuando visitabas la casa de tu abuela.  El prójimo no tiene ni idea de que, para ti, desde el último día que viste a Robertito (cuando se fue a vivir a otra ciudad), te prometiste jamás volver a compartir con nadie. El prójimo no tiene ni idea de tu voto interno y de lo agraviante que es para ti que si quiera se les OCURRA pedirte un poco de tus papas a la francesa cuando vas a Carls Jr. En realidad, ni tu ni el prójimo saben que ese pedido estaba vulnerando tu sensibilidad, pero no es responsabilidad del prójimo saberlo. Es tuya. Por eso tú necesitas perdonar y sanar. Tu no lo sabes, porque se te olvidó, pero esa irritación irracional muestra que algo hay que resolver.

Vivimos en un mundo de gente herida que anhela justicia por ofensas que no recuerdan, pero por las que demandan restitución inmediata cuando alguien se las evidencia un poco. Que tu no seas consciente del impacto que Robertito tuvo en tus conductas adultas, no te exime de la responsabilidad/necesidad de curarte de esa irritabilidad que tanto perjudica a todos los que te aman, te rodean y también necesitan lidiar con sus propias heridas inconscientes.

Por eso el perdón no tenía nada que ver con el HP que perjudicó tanto a Anna y a su hijo. Tenía todo que ver con ella. Anna tuvo que decidir perdonar, aunque no lo sintiera. Aunque lo único que quisiera es mandar a secuestrar y drenar todas las finanzas de ese hombre pequeño, pues sentía que eso había sido él para ella: una prisión y desagüe de vida. Anna tenía el poder porque su familia tenía negocios que marginaban la ley y sus hermanos tenían un temperamento intempestivo y violento. Pero Anna no lo hizo, porque ese Hombre Pequeño seguía siendo papá de su amado hijo.

Cuando Anna decidió perdonar al papá de su hijo, aunque no lo sintiera, aunque quisiera todo lo peor para él, recibió una paz sobrenatural que nunca había experimentado antes. Anna entendió que si Jesús la perdonó y la sigue perdonando, que si la muerte y resurrección de Él cubrió la multitud de sus pecados, lo que correspondía es regresarle a todos los que la hubieran ofendido ese perdón.

Eso es lo hermoso de Jesús. Las últimas palabras que dijo en la cruz fueron “perdónalos porque no saben lo que hacen”. A los que lo ejecutaron. A los que lo dejaron hecho una sola herida. Y en ese perdón estábamos nosotros. A diferencia de todos los credos que existen, de todas las religiones que tienen dioses, o que hacen de cosas dioses, el cristianismo es la única que plantea a un Dios que se hizo hombre para regalarle a la humanidad, por precio de nada, un perdón que vale y cubre todo.

Porque a nosotros no nos cuesta creer en Jesús como Salvador, pero a Jesús le costó toda su humanidad darnos ese privilegio. Mientras los dioses de la antigüedad demandaban sangre en intercambio por favores de la divinidad, Jesús vertió toda la suya para restaurar nuestra relación con el Padre. Entonces nosotros recibimos todo el perdón de Dios para poder acercarnos confiadamente delante de Él y alcanzar ayuda en tiempos de aflicción. Y con ese perdón, que no nos costó nada, pero nos llena todo, podemos perdonar a los demás. Recibimos perdón, cuyo único requisito para obtener es el pedirlo, y podemos entregarlo en libertad a todos los que nos ofenden.

He descubierto que el perdón es algo que al principio se hace con muchísima frecuencia por muchos motivos, pero que conforme pasa el tiempo, se van decantando y haciendo más profundos. Al principio uno puede perdonar hasta porque la señora del mercado lo miró mal, o al que lo cerró cuando iba manejando. Con el tiempo uno aprende a perdonarse a sí mismo por los límites que no puso, por el abuso que tanto le hizo desarrollar fortalezas mentales que se convirtieron en caminos de muerte para su vida. Como todo con el Señor, es un proceso.

La oración que se volvió casi rezo para Anna de perdón a su exesposo fue algo así:

Papá, muchas gracias por la vida que me has dado. Gracias por mi amado hijo Raulito. Gracias porque tengo mucho más de lo que necesito. Gracias por mi trabajo. Gracias porque tengo una familia que se siente feliz y triste conmigo. Gracias porque ellos me expresan tu amor.

Te pido perdón porque ayer me enojé mucho cuando Raulito me desobedeció y le grité. Perdón por perder tanto tiempo viendo series y películas. Perdón porque todavía tengo resentimiento contra ya sabes quién. Recibo tu perdón Papá y lo quiero dar.

Hoy quiero perdonar a ya sabes quién. Ya sabes quien, te perdono porque hoy recordé que me dijiste que yo había sido el peor error que cometiste esa última conversación que tuvimos y me dolió mucho. Te perdono porque me sentí desvalorada, rechazada y muy enojada con ese comentario. Reconozco que eso me ha hecho creer que no merezco amor. Pero porque he recibido el amor y perdón de Jesús, decido perdonarte. No me debes nada y no te debo nada. Rompo toda atadura de resentimiento. Eres libre de mí y soy libre de ti. Reconozco todos esos sentimientos de impotencia, frustración y enojo y los suelto. Tú no eres responsable de satisfacer mis necesidades emocionales, espirituales y físicas. Eso sólo lo puede hacer mi Padre Celestial. Papá, te pido que hagas Tu parte, yo ya hice la mía.

Señor, por favor reemplaza mis sentimientos de amargura por gozo. Que el resentimiento y la ira no formen parte de mi motivación detrás de mi relación con ya sabes quién. Alinea mis sentimientos con los Tuyos Papá.

Renuncio a sentirme desamada, renuncio a sentirme rechazada, renuncio a sentirme desvalorada. Renuncio a creer que no valgo, o que valgo menos que mi prima. Renuncio a ser víctima. Renuncio a la ira y renuncio al enojo.

Me comprometo a vivir este proceso de perdón y restauración de Tu mano Jesús. Como dice el Salmo 23, unge con aceite mi cabeza, sana mis heridas Señor. Quiero hacer Tu voluntad conforme sano amado Dios.

Ya sabes quien, rindo el derecho de ser tu juez y tu abogada demandante. Rindo todos mis juicios en tu contra. Yo no soy quién para juzgarte, ese lugar es exclusivamente de Dios. Y Papá, te pido que tengas misericordia de él, quítale todas las excusas para buscarte, abre sus ojos para que se pueda acercar a Ti. Quítale todos los colchones, todos los apoyos humanos que tenga, para que seas Tú su único lugar seguro. Haz con él como haz hecho conmigo. Hazme justicia en contra de esos enemigos que tengo: la infidelidad, el maltrato, la destrucción de mi familia. Tuya es la venganza, tú pagarás.

Ayúdame a mantener los límites correctos con ya sabes quién Papá. Y me comprometo a dejar este perdón concluido y a evitar volver a sacarlo a la luz.

Si el enemigo de mi alma, alguien más o yo misma trae pensamientos de derrota, yo me recordaré que ya perdoné y veré Tu gloria en mi vida.

En el nombre tuyo Jesús, amén.

En Canaán le enseñaron esta oración a Anna. Esta fue la oración que la ayudó a perdonar a su HP, aún mientras él la seguía ofendiendo, aún mientras procuraba seguirla despreciando. Con el tiempo, Anna entendió que todos esos maltratos y tristezas hablaban más de él que de ella. Anna consiguió despersonalizar las ofensas y comenzó a pasarlas por alto. De pronto, aquel HP se dio cuenta que no conseguía nada ofendiendo a Anna, comenzaron a llevarse mucho mejor por el bien de Raulito.

Cuando el Hombre Pequeño y Anna eran novios, él le dedicó la canción de Palito Ortega “Te Quiero Amor, Te Quiero”. Cuando el HP la defraudó y comenzó a perdonar para sanar, ella se agarró de todos los perdones que decían los versos de esa canción y los tomó como la manera de él de pedir perdón por anticipado. Esta acción, que para todos podría parecer una bobería, le hizo mucho más fácil su proceso de perdón.

Dios siempre tiene salvavidas o recursos de sanidad para nosotros, empaquetados en maneras variadas. Canciones, escenas de películas, poemas, libros, recuerdos bonitos. Cuando tenemos un corazón agradecido y podemos reconocer algún buen detalle de la persona que nos lastimó, perdonarlos se puede hacer un ejercicio más sencillo. A esto se le llama gozo, a la gratitud y a la apreciación de los momentos bonitos que componen nuestra cotidianidad.

No todas las historias que producen heridas fueron una pena completa. El reconocer lo bueno y agradecérselo a Dios nos hace más fácil perdonar a los demás. La vida de todos es difícil, todos enfrentamos procesos, duelos, heridas y luchas. Pero la gratitud y el gozo nos pueden hacer todo mucho más vivible y, con el tiempo, hasta disfrutable.

 

 

 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Bye Bye depresión...

  Esta canción sólo la puse porque hoy quise escuchar a Vilma Palma e Vampiros, de los mejores grupos de rock en español...jajaja para mí, ¿...