No hay!! Hahahaha, ¿cómo se te ocurre que te voy a escribir en una entrada de blog un manual para el duelo? Mi tía tiene un libro para gestionar el duelo a través del arte 😊 (ExpresARTE: Arteterapia en duelo), pero sé que es un tema muy complejo que tiene multitud de material, investigaciones y libros. No me atrevería a hacer un manual del duelo, bueno, no aún... quién sabe, ¿verdad?
Hoy tengo
ganas de expresar más bien qué me ha costado a mí hacer en los duelos. Al
final, la meta de este blog es encontrar qué es lo bueno y qué podría ser lo
justo, para que en eso pensemos. Lo bueno y lo justo también se pueden
encontrar en medio del dolor y el duelo.
El duelo es
el proceso que se vive cuando hay un cambio dramático en la vida, que el cuerpo,
el alma y el espíritu necesitan para adaptarse a la nueva realidad. Es algo que
se vive, sí o sí. Lo que está en discusión es el progreso que cada uno pueda
hacer en su proceso. Yo diría que, de acuerdo con el valor de lo que se altera
o se pierde, de lo que cambia, tendrá una mayor o menor duración el duelo.
También de acuerdo con la propia manera del ser, a la personalidad, o a las
heridas previas al cambio, se podrá o no llevar a buen puerto el duelo.
Cuando Juan
Roberto se enteró de que su esposa, la que lo había llevado a la iglesia
cristiana, la que le había presentado a Jesús como Señor y Salvador, le estaba
siendo infiel con alguien de la iglesia, poco después del cumpleaños número 4
de su unigénita, cayó en una depresión muy profunda. Culpó inmediatamente a
Dios, “¿cómo, si se supone que ella era tu hija, me fue a hacer esto?”
Ay amado
lector, yo quisiera decirle a la gente que jamás confíe en los hombres, por más
que le digan que son cristianos, o practicantes fieles de cualquier religión.
En realidad, toda religión sólo será siempre a lo más un intento de religarnos,
en nuestras capacidades, a la dimensión divina. Pero eso jamás va a salvar. Así
sea la cristiana… lo dije. Bueno lo escribí. Juzga todo por su
fruto. Por algo la mitad exacta de la Biblia es:
“Mejor es confiar en Jehová que confiar en el
hombre.”
Juan Roberto es un hombre que tiene muchos dones, mucha inteligencia y aprende rápido. Cuando conoció a Jesús, muchas dudas que tuvo dejaron de ser. Pero todo fue trastocado cuando su amada lo apuñaló por la espalda. Ahí comenzó a darse cuenta de lo mucho que había esperado de alguien que era tan de barro como él mismo. Hubo mucho enojo, tristeza absoluta, y desespero en ese "darse cuenta".
Su esposa, una mujer pequeña cuyo nombre no tiene importancia, pasó de ser una
mujer de profundas convicciones en Cristo (eso decía ella y por un buen tiempo
aparentaba…quizás si era así pero cambió, a saber), a dedicarse al estudio de los ángeles,
el New Age, tarot y brujería. Ella pasó de ser una cristiana de convicción a
sumergirse en otros credos porque Jesús no le dio rápido las respuestas
económicas que ella necesitaba. En su camino a ser hija pródiga (del cual,
dicho sea de paso, no todos regresan amado lector), destruyó todo lo que había en
derredor. Hizo que el proceso de divorcio fuera lento y tortuoso para Juan
Roberto. Lo estaba prácticamente asfixiando, económica y emocionalmente. Juan
Roberto era también codependiente, y él tenía toda la intención de hacer lo que
fuera necesario para rescatar ese matrimonio. Juan Roberto se casó “para
siempre” y el divorcio le resultaba una abominación. Sin embargo, uno de los
dones que Dios le dio a él fue el de escuchar Su voz. Todos escuchamos la voz
de Dios si nos disponemos a hacerlo, pero a él Dios le habla audiblemente.
Un
paréntesis, es curioso como si la gente dice que le habló un fantasma, o un
pariente que murió en sueños, o en visiones, habría muchos que respetarían
bastante, si bien no entenderían, ese comentario. Pero no vayan a decir que
Dios les habló, porque eso sí es de locos. El diablo todo el tiempo está
hablando y tentando a la gente para hacer cosas estúpidas y autodestructivas,
pero no fuera Dios diciéndole a alguien que perdone, que ponga límites al
abuso, o que se aleje de una u otra situación…porque eso sí es locura.
Dios le
dijo que estaba lidiando con el espíritu de Leviatán, y eso fue suficiente para
que él desistiera de querer salvar su matrimonio.
Leviatán está muy ligado al narcisismo y al
orgullo. Leviatán comparte con la serpiente antigua esta capacidad de asfixiar,
envolver y torcer todo lo que toca. Por esto, Dios establece en Su palabra que
de Leviatán sólo Él mismo se encarga. Dios juega con el Leviatán, sólo Él lo
puede domar (Job 41; Salmo 104:26DHH).
Juan
Roberto perdió mucho económicamente cuando se divorció. Pero ganó sabiduría,
sanidad y esperanza como nadie en su familia. Todo lo que Leviatán le quitó,
por un lado, le fue restaurado por mil al final de su proceso. Conoció a
Rut, una hija de Dios que había pasado por el mismo proceso que él, con un
hombre pequeño. Ambos se casaron y establecieron una familia en
la que existe paz, amor y respeto. Algo que ni para Juan ni para Rut era
norma en sus vidas anteriores.
Y no les
vino fácil, amado lector, porque seguir a Jesús es difícil. Restaurarse,
perdonar, hacer duelo, cuesta mucho. Es incómodo y duele. Seguir a Jesús es
duro. Pero es la única opción. Porque sólo Él es el camino, la verdad y la
vida. Actualmente tienen un hermoso ministerio de restauración familiar y
predican de la libertad en Cristo, a través de las pruebas y del dolor.
Creo que a
mí lo que más me ha costado trabajo de hacer duelos es reconocer el tamaño de
la deuda, asignarle atributos, y soltarla. Cuando uno perdona y cuando uno hace
duelos, necesita ponerle un adjetivo preciso a lo que perdió a causa de la
ofensa o de la pérdida. Por decir algo: perdí los sueños que tenía junto a esa
persona que se fue, que murió y no va a volver. Perdí 5, 8, 15, 20 años de mi
vida construyendo una vida que no será. Perdí la posibilidad de trabajar en
este lugar. Perdí al compañero o la compañera que había escogido para mi vejez.
Perdí el sentido de amor propio. Perdí la capacidad de confiar en mí misma o mí
mismo. Perdí la capacidad de confiar en otros. Perdí la expectativa de la
realidad tranquila y cotidiana que tenía antes del evento…
Con suerte
el evento será canónico, ¿verdad?
Juan
Roberto supo bien cuantificar su pérdida, se asignó un tiempo para llorar. Ponía
canciones de Bacilos, que le recordaban triunfos y batallas en su matrimonio, y
cómo se perdió la última guerra. Perdonó a la MP (mujer pequeña) por los años
perdidos, por los vienes perdidos, por el amor perdido. Lloró durante un año su
matrimonio y todo lo que le significó a su alma ese reacomodo. Y floreció.
Creo firmemente
que la esperanza que hay en Cristo Jesús es verdadera y única, en medio del
panteón de todos los dioses. Pero creo que nos han vendido en muchas religiones
e iglesias una versión extremadamente rebajada de esa esperanza. Tanto en los
medios para adquirirla como en el resultado final. Porque la gloria que todos
anhelamos es muy pequeña en comparación a lo que ofrece la eternidad en la
presencia de nuestro Creador. Y, por lo tanto, las aflicciones del tiempo
presente no se pueden comparar con ellas. Pero si esperamos que siguiendo a
Jesús los duelos no existan, las pruebas sean de días, las respuestas sean
instantáneas (como las sopas), pues nos vamos a decepcionar un montón. Si la
gloria que viene es mucho más grande que tu mero “high” momentáneo, que tu
satisfacción inmediata, los dolores presentes podrían ser mucho más sorteables.
Proporcionalmente a las dimensiones de nuestras pruebas, vendrá la restauración
y plenitud, si podemos poner nuestros ojos en Jesús y ahí dejarlos.
Si no, pues
igual enfrentamos cosas horribles, dolorosas, a lo largo de la vida, pero sin
esperanza. O sea, el dolor ya está. Vivir es difícil (¡Breaking News!), pero
hay un "difícil" con propósito y hay un "difícil" que lleva a la tristeza vacía.
Sé que no
estaba en los planes de Dios que vivir fuera difícil, pues el primer
mandamiento de la Biblia era MUY sencillo: Fructificad y multiplicaos, y llenad
la tierra, y sojuzgadla (Génesis 1:28). Literal, era reproducirnos y
administrar una creación perfecta. Dios inventó las relaciones sexuales. Imagínate.
Y su primera instrucción fue que nos valiéramos de ellas para poblar la tierra
y posteriormente, administrarla a nuestro criterio, inspirados por nuestra cercanía
con nuestro Padre. El árbol que Adán y Eva debían comer, el de la vida, no fue
el que escogieron. Pero Dios siempre ha querido que tengamos vida en abundancia.
Nuestra dependencia de Dios siempre ha sido. Pero la hemos cambiado por
dependencia a cosas que se van, que se evaporan, que no son eternas. Y por eso,
entre otras cosas estamos como estamos.
Finalmente,
nuestro santo libre albedrío y las fuerzas espirituales que continuamente están
influenciándonos hacia un camino u otro, el de la vida y la muerte, han tejido
un árbol de decisiones (con sus respectivas consecuencias) que en este punto de
la creación sí ha producido un ambiente difícil y caótico para todos los hijos
de Adán.
Pero ¡Hay
Esperanza! (comercial no pagado…hahaha)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario