lunes, 6 de julio de 2026

Manual para el duelo




No hay!! Hahahaha, ¿cómo se te ocurre que te voy a escribir en una entrada de blog un manual para el duelo? Mi tía tiene un libro para gestionar el duelo a través del arte 😊 (ExpresARTE: Arteterapia en duelo), pero sé que es un tema muy complejo que tiene multitud de material, investigaciones y libros. No me atrevería a hacer un manual del duelo, bueno, no aún... quién sabe, ¿verdad? 

Hoy tengo ganas de expresar más bien qué me ha costado a mí hacer en los duelos. Al final, la meta de este blog es encontrar qué es lo bueno y qué podría ser lo justo, para que en eso pensemos. Lo bueno y lo justo también se pueden encontrar en medio del dolor y el duelo.

El duelo es el proceso que se vive cuando hay un cambio dramático en la vida, que el cuerpo, el alma y el espíritu necesitan para adaptarse a la nueva realidad. Es algo que se vive, sí o sí. Lo que está en discusión es el progreso que cada uno pueda hacer en su proceso. Yo diría que, de acuerdo con el valor de lo que se altera o se pierde, de lo que cambia, tendrá una mayor o menor duración el duelo. También de acuerdo con la propia manera del ser, a la personalidad, o a las heridas previas al cambio, se podrá o no llevar a buen puerto el duelo.

Cuando Juan Roberto se enteró de que su esposa, la que lo había llevado a la iglesia cristiana, la que le había presentado a Jesús como Señor y Salvador, le estaba siendo infiel con alguien de la iglesia, poco después del cumpleaños número 4 de su unigénita, cayó en una depresión muy profunda. Culpó inmediatamente a Dios, “¿cómo, si se supone que ella era tu hija, me fue a hacer esto?”

Ay amado lector, yo quisiera decirle a la gente que jamás confíe en los hombres, por más que le digan que son cristianos, o practicantes fieles de cualquier religión. En realidad, toda religión sólo será siempre a lo más un intento de religarnos, en nuestras capacidades, a la dimensión divina. Pero eso jamás va a salvar. Así sea la cristiana… lo dije. Bueno lo escribí. Juzga todo por su fruto. Por algo la mitad exacta de la Biblia es:

“Mejor es confiar en Jehová que confiar en el hombre.”

Juan Roberto es un hombre que tiene muchos dones, mucha inteligencia y aprende rápido. Cuando conoció a Jesús, muchas dudas que tuvo dejaron de ser. Pero todo fue trastocado cuando su amada lo apuñaló por la espalda. Ahí comenzó a darse cuenta de lo mucho que había esperado de alguien que era tan de barro como él mismo. Hubo mucho enojo, tristeza absoluta, y desespero en ese "darse cuenta".

Su esposa, una mujer pequeña cuyo nombre no tiene importancia, pasó de ser una mujer de profundas convicciones en Cristo (eso decía ella y por un buen tiempo aparentaba…quizás si era así pero cambió, a saber), a dedicarse al estudio de los ángeles, el New Age, tarot y brujería. Ella pasó de ser una cristiana de convicción a sumergirse en otros credos porque Jesús no le dio rápido las respuestas económicas que ella necesitaba. En su camino a ser hija pródiga (del cual, dicho sea de paso, no todos regresan amado lector), destruyó todo lo que había en derredor. Hizo que el proceso de divorcio fuera lento y tortuoso para Juan Roberto. Lo estaba prácticamente asfixiando, económica y emocionalmente. Juan Roberto era también codependiente, y él tenía toda la intención de hacer lo que fuera necesario para rescatar ese matrimonio. Juan Roberto se casó “para siempre” y el divorcio le resultaba una abominación. Sin embargo, uno de los dones que Dios le dio a él fue el de escuchar Su voz. Todos escuchamos la voz de Dios si nos disponemos a hacerlo, pero a él Dios le habla audiblemente.

Un paréntesis, es curioso como si la gente dice que le habló un fantasma, o un pariente que murió en sueños, o en visiones, habría muchos que respetarían bastante, si bien no entenderían, ese comentario. Pero no vayan a decir que Dios les habló, porque eso sí es de locos. El diablo todo el tiempo está hablando y tentando a la gente para hacer cosas estúpidas y autodestructivas, pero no fuera Dios diciéndole a alguien que perdone, que ponga límites al abuso, o que se aleje de una u otra situación…porque eso sí es locura.

Dios le dijo que estaba lidiando con el espíritu de Leviatán, y eso fue suficiente para que él desistiera de querer salvar su matrimonio.

Leviatán está muy ligado al narcisismo y al orgullo. Leviatán comparte con la serpiente antigua esta capacidad de asfixiar, envolver y torcer todo lo que toca. Por esto, Dios establece en Su palabra que de Leviatán sólo Él mismo se encarga. Dios juega con el Leviatán, sólo Él lo puede domar (Job 41; Salmo 104:26DHH).

Juan Roberto perdió mucho económicamente cuando se divorció. Pero ganó sabiduría, sanidad y esperanza como nadie en su familia. Todo lo que Leviatán le quitó, por un lado, le fue restaurado por mil al final de su proceso. Conoció a Rut, una hija de Dios que había pasado por el mismo proceso que él, con un hombre pequeño. Ambos se casaron y establecieron una familia en la que existe paz, amor y respeto. Algo que ni para Juan ni para Rut era norma en sus vidas anteriores.

Y no les vino fácil, amado lector, porque seguir a Jesús es difícil. Restaurarse, perdonar, hacer duelo, cuesta mucho. Es incómodo y duele. Seguir a Jesús es duro. Pero es la única opción. Porque sólo Él es el camino, la verdad y la vida. Actualmente tienen un hermoso ministerio de restauración familiar y predican de la libertad en Cristo, a través de las pruebas y del dolor.

Creo que a mí lo que más me ha costado trabajo de hacer duelos es reconocer el tamaño de la deuda, asignarle atributos, y soltarla. Cuando uno perdona y cuando uno hace duelos, necesita ponerle un adjetivo preciso a lo que perdió a causa de la ofensa o de la pérdida. Por decir algo: perdí los sueños que tenía junto a esa persona que se fue, que murió y no va a volver. Perdí 5, 8, 15, 20 años de mi vida construyendo una vida que no será. Perdí la posibilidad de trabajar en este lugar. Perdí al compañero o la compañera que había escogido para mi vejez. Perdí el sentido de amor propio. Perdí la capacidad de confiar en mí misma o mí mismo. Perdí la capacidad de confiar en otros. Perdí la expectativa de la realidad tranquila y cotidiana que tenía antes del evento…

Con suerte el evento será canónico, ¿verdad?

Juan Roberto supo bien cuantificar su pérdida, se asignó un tiempo para llorar. Ponía canciones de Bacilos, que le recordaban triunfos y batallas en su matrimonio, y cómo se perdió la última guerra. Perdonó a la MP (mujer pequeña) por los años perdidos, por los vienes perdidos, por el amor perdido. Lloró durante un año su matrimonio y todo lo que le significó a su alma ese reacomodo. Y floreció.

Creo firmemente que la esperanza que hay en Cristo Jesús es verdadera y única, en medio del panteón de todos los dioses. Pero creo que nos han vendido en muchas religiones e iglesias una versión extremadamente rebajada de esa esperanza. Tanto en los medios para adquirirla como en el resultado final. Porque la gloria que todos anhelamos es muy pequeña en comparación a lo que ofrece la eternidad en la presencia de nuestro Creador. Y, por lo tanto, las aflicciones del tiempo presente no se pueden comparar con ellas. Pero si esperamos que siguiendo a Jesús los duelos no existan, las pruebas sean de días, las respuestas sean instantáneas (como las sopas), pues nos vamos a decepcionar un montón. Si la gloria que viene es mucho más grande que tu mero “high” momentáneo, que tu satisfacción inmediata, los dolores presentes podrían ser mucho más sorteables. Proporcionalmente a las dimensiones de nuestras pruebas, vendrá la restauración y plenitud, si podemos poner nuestros ojos en Jesús y ahí dejarlos.

Si no, pues igual enfrentamos cosas horribles, dolorosas, a lo largo de la vida, pero sin esperanza. O sea, el dolor ya está. Vivir es difícil (¡Breaking News!), pero hay un "difícil" con propósito y hay un "difícil" que lleva a la tristeza vacía.

Sé que no estaba en los planes de Dios que vivir fuera difícil, pues el primer mandamiento de la Biblia era MUY sencillo: Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra, y sojuzgadla (Génesis 1:28). Literal, era reproducirnos y administrar una creación perfecta. Dios inventó las relaciones sexuales. Imagínate. Y su primera instrucción fue que nos valiéramos de ellas para poblar la tierra y posteriormente, administrarla a nuestro criterio, inspirados por nuestra cercanía con nuestro Padre. El árbol que Adán y Eva debían comer, el de la vida, no fue el que escogieron. Pero Dios siempre ha querido que tengamos vida en abundancia. Nuestra dependencia de Dios siempre ha sido. Pero la hemos cambiado por dependencia a cosas que se van, que se evaporan, que no son eternas. Y por eso, entre otras cosas estamos como estamos.

Finalmente, nuestro santo libre albedrío y las fuerzas espirituales que continuamente están influenciándonos hacia un camino u otro, el de la vida y la muerte, han tejido un árbol de decisiones (con sus respectivas consecuencias) que en este punto de la creación sí ha producido un ambiente difícil y caótico para todos los hijos de Adán.

Pero ¡Hay Esperanza! (comercial no pagado…hahaha)


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