jueves, 2 de julio de 2026

Miranda y Ernesto: no todo es divorcio



Mi amiga Miranda descubrió que su esposo Ernesto le estaba siendo infiel con una fulana de la mitad de su edad. Su familia eran ambos y sus dos niñas. Habían vivido juntos un sinfín de pruebas. Ambos eran cristianos, y servían al Señor con mucha devoción. Sin embargo, Miranda omitió muchas banderas rojas conforme se relacionaba con Ernesto, y como tantas veces, terminaron viviendo un matrimonio disfuncional que aparentaba ser perfecto. 

En esta entrada te quiero hablar de todas las cosas que se nos pasan por la cabeza cuando nos quitan el piso repentinamente con la noticia de una infidelidad. Miranda recordó el video de Britney Spears en el que se rapó por completo la cabeza. Vio su cabello como una parte de ella que ya no quería. Tenía que ver por sus niñas mientras su alma estaba rota, tenía que buscar proveer amor cuando se sentía completamente seca. Para ella, su cabello representaba todo lo que ya no sería en su vida. Ernesto le acariciaba su abundante cabellera y le decía que ella era lo mejor que le había pasado. Le recordaba que era la mujer más hermosa que había visto. Le gustaba consentirla mientras bailaban juntos "bachata en Fukuoka". Esas palabras y recuerdos se convirtieron en tijeras cuando pudo entender las dimensiones del pecado de quien las dijo. Miranda se cortó todo su cabello, y tuvo un corte pixie mientras sanaba sus heridas con esperanza.

La misma esperanza que tuvo Ernesto. No todas las historias de mujeres que sufren infidelidades terminan igual. No todas se divorcian, hay quienes se restauran. Miranda y Ernesto son ese ejemplo.  Ernesto rompió los votos, pero hubo un trabajo divino que llevó a buen puerto este atribulado y hermoso matrimonio.

Cuando uno recibe la mala noticia de que la persona que le prometió amarla en las buenas y en las malas decide renunciar al “en las malas”, permanente o temporalmente, esa fractura en el alma puede tomar manifestaciones físicas y emocionales variadas y exuberantes. Miranda cortó todo su cabello, Sara se lo pintó por primera vez en su vida. Adriana se puso botox. Lorena se hizo una liposucción. Rosaura se enfermó de cáncer de mama. Penélope cayó en depresión e inició una relación de dependencia con variedad de ansiolíticos y antidepresivos.

Lamentablemente, mientras no tengamos las herramientas correctas para canalizar y expresar ese dolor, para hacer el duelo que se necesita a ese matrimonio que dejó de ser (porque la restauración implica llorar y dolerse de lo que se murió con la traición, con la infidelidad, con la adicción descubierta; restaurarse implica llorar la confianza que se perdió y dejarse llevar por el amor de Dios; restaurarse implica que ambos se fijen en su parte dentro de la pérdida y llenen el hueco con el Espíritu del Señor), tendremos una alta probabilidad de desarrollar enfermedades en la mente o en el cuerpo, o en ambas.

Ernesto se cayó camino a Damasco. El dormir lejos de los amores de su vida fue la luz que lo tiró de su caballo y el enfrentarse a la pérdida de todo lo que durante años había construido fue su Lucas 15:17. Ernesto buscó como pudo ayuda para recuperar lo perdido. Bendito Dios que no sólo le dio lo que perdió, sino que tuvo el privilegio de vivir un matrimonio resucitado con una familia que ve con amor y esperanza, con más entendimiento y corazón, a Su Señor y Salvador, Jesús. Ellos volvieron a servirle al Señor, desde el amor, desde la gratitud, no desde la religión y el deber ser. Su ministerio de restauración matrimonial ha alcanzado a muchas familias en el mundo.

Pero el camino fue arduo. Ernesto tuvo que reconocer toda ofensa y pedir perdón por cada una. Miranda fue movida a misericordia porque el amor que le tenía no se acabó, fue renovado al ver el corazón de su esposo quebrantado. Ernesto nunca había entendido tanto el valor de tener un varón experimentado en quebrantos como Señor, hasta que vio completamente perdido todo lo que con tanto esfuerzo había construido con Miranda. Su corazón estaba desecho. Y ahí fue donde Jesús pudo quitarle las escamas de sus ojos. Cuando no tienes nada, te das cuenta de que Dios es todo lo que necesitas. Eso dicen por ahí.

El quebrantamiento es otro superpoder que Dios nos ha dado, que tiene la facultad de acercarnos a Él como nada en el mundo, y nos da la posibilidad de conectar con el corazón de otros que están siendo atribulados como nosotros.

Otro de los motivos por los cuales encuentro tan valiosa la sanidad interior es porque veo que muchas personas a lo largo y ancho del mundo viven con enfermedades físicas y de la mente ocasionadas por heridas sin resolver. Qué bueno que Ernesto pudo acercarse a Jesús y pudo reconocer su parte, porque su humildad llevó a Miranda a también hacerlo y reconocer la suya.

Miranda entendió lo idólatra de su corazón al matrimonio, a su esposo, a las ideas que “deben ser” de toda mujer cristiana. Miranda es una adoradora, por lo que su corazón está destinado a adorar. Sí o sí. Como tantos corazones de codependientes que son cristianas pero que todavía no aman a Jesús.

Cuando el amor de Dios la atrajo así mismo, y cuando entendió su identidad de hija muy amada, las escamas de sus ojos también cayeron. Miranda comenzó a verse hermosa, valiosa, talentosa y llena de amor. La vergüenza y el temor fueron desplazados por el amor inexcusable del Padre.

A veces creemos que sólo los adictos tienen escamas en los ojos, por eso dependen de sus vicios. Pero no es así, los codependientes también tienen. Y así como sin codependiente no hay adicto, cuando al adicto se le caen las escamas, también caen de los ojos de sus codependientes. Se pierde el embrujo. Se cae la venda.

Miranda comenzó a recordarse todos los días que es hermosa, que es digna de honra, que vale todo, porque nuestro Señor lo dio todo por ella. Encontró mil promesas en la Biblia y todos los días se repetía tres al despertar. Fue limpiando sus pensamientos y llenándose de las verdades que su Padre celestial había escrito de ella desde antes que el mundo se fundara.

La verdad de Dios siempre prevalecerá sobre todos los engaños del enemigo, sobre todas las heridas del alma, sobre todos los circuitos rotos en nuestra cabeza. Sólo nuestro Papá puede abrir caminos en el desierto y ríos en la soledad. Y eso hizo en la mente de mi amada amiga Miranda.

Así que, por favor, siempre considera, que hay esperanza. Ninguna herida es más grande que la que Jesús cargó en la cruz del calvario. Y esa la cargó para que tú pudieras ser sano. Para que puedas vivir abundantemente, no a medias.

Gracias por leer y gracias amada Miranda por compartirme tu historia.

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