Mi amiga Miranda descubrió que su esposo Ernesto le estaba siendo infiel con una fulana de la mitad de su edad. Su familia eran ambos y sus dos niñas. Habían vivido juntos un sinfín de pruebas. Ambos eran cristianos, y servían al Señor con mucha devoción. Sin embargo, Miranda omitió muchas banderas rojas conforme se relacionaba con Ernesto, y como tantas veces, terminaron viviendo un matrimonio disfuncional que aparentaba ser perfecto.
En esta
entrada te quiero hablar de todas las cosas que se nos pasan por la cabeza
cuando nos quitan el piso repentinamente con la noticia de una infidelidad. Miranda
recordó el video de Britney Spears en el que se rapó por completo la cabeza.
Vio su cabello como una parte de ella que ya no quería. Tenía que ver por sus
niñas mientras su alma estaba rota, tenía que buscar proveer amor cuando se
sentía completamente seca. Para ella, su cabello representaba todo lo que ya no
sería en su vida. Ernesto le acariciaba su abundante cabellera y le decía que ella
era lo mejor que le había pasado. Le recordaba que era la mujer más hermosa que
había visto. Le gustaba consentirla mientras bailaban juntos "bachata en Fukuoka". Esas palabras y recuerdos se convirtieron en tijeras cuando pudo entender las
dimensiones del pecado de quien las dijo. Miranda se cortó todo su cabello, y
tuvo un corte pixie mientras sanaba sus heridas con esperanza.
La misma
esperanza que tuvo Ernesto. No todas las historias de mujeres que sufren
infidelidades terminan igual. No todas se divorcian, hay quienes se restauran.
Miranda y Ernesto son ese ejemplo. Ernesto
rompió los votos, pero hubo un trabajo divino que llevó a buen puerto este
atribulado y hermoso matrimonio.
Cuando uno
recibe la mala noticia de que la persona que le prometió amarla en las buenas y
en las malas decide renunciar al “en las malas”, permanente o temporalmente, esa
fractura en el alma puede tomar manifestaciones físicas y emocionales variadas
y exuberantes. Miranda cortó todo su cabello, Sara se lo pintó por primera vez
en su vida. Adriana se puso botox. Lorena se hizo una liposucción. Rosaura se
enfermó de cáncer de mama. Penélope cayó en depresión e inició una relación de
dependencia con variedad de ansiolíticos y antidepresivos.
Lamentablemente,
mientras no tengamos las herramientas correctas para canalizar y expresar ese dolor,
para hacer el duelo que se necesita a ese matrimonio que dejó de ser (porque la
restauración implica llorar y dolerse de lo que se murió con la traición, con
la infidelidad, con la adicción descubierta; restaurarse implica llorar la
confianza que se perdió y dejarse llevar por el amor de Dios; restaurarse implica
que ambos se fijen en su parte dentro de la pérdida y llenen el hueco con el
Espíritu del Señor), tendremos una alta probabilidad de desarrollar
enfermedades en la mente o en el cuerpo, o en ambas.
Ernesto se
cayó camino a Damasco. El dormir lejos de los amores de su vida fue la luz que
lo tiró de su caballo y el enfrentarse a la pérdida de todo lo que durante años
había construido fue su Lucas 15:17. Ernesto buscó como pudo ayuda para
recuperar lo perdido. Bendito Dios que no sólo le dio lo que perdió, sino que tuvo
el privilegio de vivir un matrimonio resucitado con una familia que ve con amor
y esperanza, con más entendimiento y corazón, a Su Señor y Salvador, Jesús. Ellos
volvieron a servirle al Señor, desde el amor, desde la gratitud, no desde la
religión y el deber ser. Su ministerio de restauración matrimonial ha alcanzado
a muchas familias en el mundo.
Pero el
camino fue arduo. Ernesto tuvo que reconocer toda ofensa y pedir perdón por
cada una. Miranda fue movida a misericordia porque el amor que le tenía no se
acabó, fue renovado al ver el corazón de su esposo quebrantado. Ernesto nunca
había entendido tanto el valor de tener un varón experimentado en quebrantos
como Señor, hasta que vio completamente perdido todo lo que con tanto esfuerzo
había construido con Miranda. Su corazón estaba desecho. Y ahí fue donde Jesús
pudo quitarle las escamas de sus ojos. Cuando no tienes nada, te das cuenta de
que Dios es todo lo que necesitas. Eso dicen por ahí.
El quebrantamiento
es otro superpoder que Dios nos ha dado, que tiene la facultad de acercarnos a
Él como nada en el mundo, y nos da la posibilidad de conectar con el corazón de
otros que están siendo atribulados como nosotros.
Otro de los
motivos por los cuales encuentro tan valiosa la sanidad interior es porque veo
que muchas personas a lo largo y ancho del mundo viven con enfermedades físicas
y de la mente ocasionadas por heridas sin resolver. Qué bueno que Ernesto pudo
acercarse a Jesús y pudo reconocer su parte, porque su humildad llevó a Miranda
a también hacerlo y reconocer la suya.
Miranda
entendió lo idólatra de su corazón al matrimonio, a su esposo, a las ideas que “deben
ser” de toda mujer cristiana. Miranda es una adoradora, por lo que su corazón
está destinado a adorar. Sí o sí. Como tantos corazones de codependientes que son
cristianas pero que todavía no aman a Jesús.
Cuando el
amor de Dios la atrajo así mismo, y cuando entendió su identidad de hija muy
amada, las escamas de sus ojos también cayeron. Miranda comenzó a verse hermosa,
valiosa, talentosa y llena de amor. La vergüenza y el temor fueron desplazados
por el amor inexcusable del Padre.
A veces
creemos que sólo los adictos tienen escamas en los ojos, por eso dependen de
sus vicios. Pero no es así, los codependientes también tienen. Y así como sin
codependiente no hay adicto, cuando al adicto se le caen las escamas, también
caen de los ojos de sus codependientes. Se pierde el embrujo. Se cae la venda.
Miranda
comenzó a recordarse todos los días que es hermosa, que es digna de honra, que
vale todo, porque nuestro Señor lo dio todo por ella. Encontró mil promesas en
la Biblia y todos los días se repetía tres al despertar. Fue limpiando sus
pensamientos y llenándose de las verdades que su Padre celestial había escrito
de ella desde antes que el mundo se fundara.
La verdad
de Dios siempre prevalecerá sobre todos los engaños del enemigo, sobre todas
las heridas del alma, sobre todos los circuitos rotos en nuestra cabeza. Sólo nuestro
Papá puede abrir caminos en el desierto y ríos en la soledad. Y eso hizo en la
mente de mi amada amiga Miranda.
Así que, por
favor, siempre considera, que hay esperanza. Ninguna herida es más grande que
la que Jesús cargó en la cruz del calvario. Y esa la cargó para que tú pudieras
ser sano. Para que puedas vivir abundantemente, no a medias.
Gracias por
leer y gracias amada Miranda por compartirme tu historia.
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