Hoy estuve escuchando Boys don't cry y me recordó lo mucho que me gustaban 3 canciones de The Cure, Just like heaven, boys don’t cry y Lovesong, pero la que va con mi melancolía es Lovesong. No vamos a hablar de esto. Vamos a hablar de venganza
¿Alguna vez
has despertado con ganas de vengarte?
A mí hoy me
pasó. Tranquilos, no hubo acciones vengativas de por medio, sólo el
sentimiento, mi tiempo con Dios y vivir en primera persona el “airaos, pero no pequéis”, sin llantitas de entrenamiento, brutal y en la cara. Sentir las ganas y dejarlas
ir. Pero fueron bélicas. Hace mucho no sentía este deseo intenso de ser restituída en mis términos e inmediatamente. El diablo es puerco, bien decía don Hermes.
Todos los
duelos tienen etapas, eso lo sabemos. Pero no sé dónde entra la etapa de “deseo
justicia a mi manera y en este instante” …Ha de ser en la ira. Aunque también
tendrá algo de negación…el deseo de venganza es un “rechazo que la conclusión
haya sido tan mala y quiero una nueva versión”.
Como si eso
fuera posible. No, no…el hubiera sólo existe para plantear lo que nunca será. Y
ya.
Hoy de
nuevo no quería escribir, porque la tristeza me estaba llevando a lugares
oscuros y pensamientos que no conviene tener. Pero siempre que hago caso a mi autodisciplina,
cosas bonitas pasan, así que me dejaré guiar por esta experiencia.
A veces no
se trata del final de la prueba, del por fin terminar de caminar el desierto.
Eso es lo que uno quiere. Todos anhelamos terminar nuestro recorrido por las
tierras vacías, el maná a veces nos empieza a saber mal y el agua de las piedras,
pierde novedad. La nube durante del día pierde majestad y el torbellino de fuego
nocturno deja de ser sorprendente al año 2 de caminar por el desierto.
Pero
justamente, esa rutina, ese transitar, es el que nos obliga a movernos por la
verdad de Dios, no por lo que sentimos. Porque al final, la nube sí es gloriosa
y el torbellino siempre te deja sin aliento, siempre que tus ojos lo vean con
el agradecimiento y la actitud que te produzcan vida. Y esa parte es una
decisión. Por eso el desierto es tan valioso, por eso la prueba vale oro,
aunque uno quiera tirar la toalla tan pronto está comenzando a transitarlo.
En estos
días he considerado mucho cómo a Jesús lo desvirtuaron, lo deshicieron, lo
destruyeron, vituperaron de él, lo llamaron hijo del diablo, siendo le
Unigénito de Dios. Él por motivos infinitamente más altruistas y bondadosos, pero
nosotros, ocasionalmente también podemos sentirnos así.
Esta es una
entrada particularmente honesta de cómo me siento en este punto. Veo valor en
decirlo porque las redes sociales y todos los medios de comunicación masiva
tienden a glorificar el resultado de la prueba, el final, el testimonio, eso
que va en los servicios de las iglesias cristianas antes de la enseñanza o en
un video institucional. Pero cuando uno está en medio de la tormenta, y cuando
las ideas no tienen mucho sentido, y cuando se percibe un dedo acusador que se esfuerza
mucho en pintarlo a uno como el más villano de los villanos…no se tiene tanta
documentación.
Jesús oró
por los que lo asesinaron. Pidió al Padre misericordia, porque no sabían lo que
hacían. Prueba de buen seguidor de Jesús es poder hacer algo así, a una escala
infinitamente menor, pero con los ojos puestos en esa Cruz y confiando que ese mismo Espíritu que le dio fuerza para decir eso, mora en nosotros.
Cuenta el libro
de Josué que cuando la tribu de Rubén, Gad y media de Manasés retornaron a sus
tierras tras ayudar a la conquista de la Tierra Prometida, del otro lado del
Jordán, pusieron un monumento, un testimonio, de que el Dios de las otras
tribus, era el mismo que el de ellos. El Dios de Israel.
Esta
entrada será un testimonio que me recuerde que en medio de todo lo que no
entiendo, todo lo que me asusta, de todos los nuevos comienzos, el mismo Espíritu
que resucitó a Jesús de entre los muertos vive en mí. El salvador de mi alma es
Jesús y el Padre que tengo, el de todas las luces, me sigue sosteniendo.
Estimado
lector, no siempre las palabras necesitan hacer sentido, no siempre las ideas
tienen que ser las mejores, o los planes los más claros. A veces sólo toca
pedirle a Dios que nos ayude a terminar un día más, con agradecimiento por la
bendición que es vivir, y al mismo tiempo con el sentimiento de que la vida
pesa muchísimo. Ambas cosas pueden ser verdad al mismo tiempo. Y es fundamental
sentir todo para hacer un buen duelo. No hay atajos para vivir los desiertos.
Toca vivirlos.
Espero que,
si estás viviendo algún tipo de desierto, o hay cosas que no te hacen nada de
sentido, esta noche mi Dios y Señor te den mucha paz, sepas que somos muchos
pasando por pruebas parecidas, y por más que los dolores todos tengan matices
diferentes, su esencia es la misma. Ese vacío y esa añoranza, la nostalgia y el
deseo de que no fuera lo que ha sido, todos los hombres lo hemos vivido y
podemos comprenderlo. Yo te entiendo y te mando un abrazo.
Ten mucha
paz y descansa bien.
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