lunes, 13 de julio de 2026

Te quiero Amor, Te quiero, te quiero más que ayeeeer



Cuando a Anna le dijeron que tenía que perdonar a su esposo, el que había tenido una hija con una de sus primas, que la había despreciado hasta el final de su relación, y que, con las semanas, terminaría descubriendo le fue infiel un total de 16 veces, pensó que se trataba de un chiste de pésimo gusto.

¿Cómo se perdona a alguien así? Además, él nunca le había pedido perdón. De hecho, la última vez que hablaron, le dijo que jamás le daría un solo peso para mantener a su hijo, pues no creía que fuera suyo. Claro, el ladrón siempre juzga por su condición, pensó Anna. El niño era idéntico a él, para tristeza (oculta y vergonzosa) de ella. Se sentía muy confundida porque amaba mucho a su niño, pero él le recordaba sin saberlo en absoluto, la etapa más dolorosa de su vida. Poco tiempo después, Dios también le dijo que tenía que perdonar al niño, aunque a penas podía hablar.

Verás, el perdón no se trata del ofensor. El perdón se trata de la restauración de tus creencias, decisiones y afectos. Es sobre tu alma. El perdón no depende de nadie más que de ti ni beneficia a nadie más de lo que te beneficia a ti. He aprendido que el perdón es el fundamento de vivir plenos en la vida y que es el camino para llegar a otro pilar del bienestar: pasar por alto la ofensa.

Digamos que uno comienza perdonando todo lo que lo ofende, lo que le dicen, cómo se lo dicen, cuándo se lo dicen. Uno perdona todo lo que se acerca a heridas que para los ojos de su interlocutor son invisibles, pero para uno son evidentes e intocables. Porque uno es el que está resentido pero la mayoría del tiempo no lo sabe. El prójimo no es responsable de que tú no quieras ni puedas compartir tu comida porque cuando tenías 6 años, Robertito tu primo te quitaba toda la merienda cuando visitabas la casa de tu abuela.  El prójimo no tiene ni idea de que, para ti, desde el último día que viste a Robertito (cuando se fue a vivir a otra ciudad), te prometiste jamás volver a compartir con nadie. El prójimo no tiene ni idea de tu voto interno y de lo agraviante que es para ti que si quiera se les OCURRA pedirte un poco de tus papas a la francesa cuando vas a Carls Jr. En realidad, ni tu ni el prójimo saben que ese pedido estaba vulnerando tu sensibilidad, pero no es responsabilidad del prójimo saberlo. Es tuya. Por eso tú necesitas perdonar y sanar. Tu no lo sabes, porque se te olvidó, pero esa irritación irracional muestra que algo hay que resolver.

Vivimos en un mundo de gente herida que anhela justicia por ofensas que no recuerdan, pero por las que demandan restitución inmediata cuando alguien se las evidencia un poco. Que tu no seas consciente del impacto que Robertito tuvo en tus conductas adultas, no te exime de la responsabilidad/necesidad de curarte de esa irritabilidad que tanto perjudica a todos los que te aman, te rodean y también necesitan lidiar con sus propias heridas inconscientes.

Por eso el perdón no tenía nada que ver con el HP que perjudicó tanto a Anna y a su hijo. Tenía todo que ver con ella. Anna tuvo que decidir perdonar, aunque no lo sintiera. Aunque lo único que quisiera es mandar a secuestrar y drenar todas las finanzas de ese hombre pequeño, pues sentía que eso había sido él para ella: una prisión y desagüe de vida. Anna tenía el poder porque su familia tenía negocios que marginaban la ley y sus hermanos tenían un temperamento intempestivo y violento. Pero Anna no lo hizo, porque ese Hombre Pequeño seguía siendo papá de su amado hijo.

Cuando Anna decidió perdonar al papá de su hijo, aunque no lo sintiera, aunque quisiera todo lo peor para él, recibió una paz sobrenatural que nunca había experimentado antes. Anna entendió que si Jesús la perdonó y la sigue perdonando, que si la muerte y resurrección de Él cubrió la multitud de sus pecados, lo que correspondía es regresarle a todos los que la hubieran ofendido ese perdón.

Eso es lo hermoso de Jesús. Las últimas palabras que dijo en la cruz fueron “perdónalos porque no saben lo que hacen”. A los que lo ejecutaron. A los que lo dejaron hecho una sola herida. Y en ese perdón estábamos nosotros. A diferencia de todos los credos que existen, de todas las religiones que tienen dioses, o que hacen de cosas dioses, el cristianismo es la única que plantea a un Dios que se hizo hombre para regalarle a la humanidad, por precio de nada, un perdón que vale y cubre todo.

Porque a nosotros no nos cuesta creer en Jesús como Salvador, pero a Jesús le costó toda su humanidad darnos ese privilegio. Mientras los dioses de la antigüedad demandaban sangre en intercambio por favores de la divinidad, Jesús vertió toda la suya para restaurar nuestra relación con el Padre. Entonces nosotros recibimos todo el perdón de Dios para poder acercarnos confiadamente delante de Él y alcanzar ayuda en tiempos de aflicción. Y con ese perdón, que no nos costó nada, pero nos llena todo, podemos perdonar a los demás. Recibimos perdón, cuyo único requisito para obtener es el pedirlo, y podemos entregarlo en libertad a todos los que nos ofenden.

He descubierto que el perdón es algo que al principio se hace con muchísima frecuencia por muchos motivos, pero que conforme pasa el tiempo, se van decantando y haciendo más profundos. Al principio uno puede perdonar hasta porque la señora del mercado lo miró mal, o al que lo cerró cuando iba manejando. Con el tiempo uno aprende a perdonarse a sí mismo por los límites que no puso, por el abuso que tanto le hizo desarrollar fortalezas mentales que se convirtieron en caminos de muerte para su vida. Como todo con el Señor, es un proceso.

La oración que se volvió casi rezo para Anna de perdón a su exesposo fue algo así:

Papá, muchas gracias por la vida que me has dado. Gracias por mi amado hijo Raulito. Gracias porque tengo mucho más de lo que necesito. Gracias por mi trabajo. Gracias porque tengo una familia que se siente feliz y triste conmigo. Gracias porque ellos me expresan tu amor.

Te pido perdón porque ayer me enojé mucho cuando Raulito me desobedeció y le grité. Perdón por perder tanto tiempo viendo series y películas. Perdón porque todavía tengo resentimiento contra ya sabes quién. Recibo tu perdón Papá y lo quiero dar.

Hoy quiero perdonar a ya sabes quién. Ya sabes quien, te perdono porque hoy recordé que me dijiste que yo había sido el peor error que cometiste esa última conversación que tuvimos y me dolió mucho. Te perdono porque me sentí desvalorada, rechazada y muy enojada con ese comentario. Reconozco que eso me ha hecho creer que no merezco amor. Pero porque he recibido el amor y perdón de Jesús, decido perdonarte. No me debes nada y no te debo nada. Rompo toda atadura de resentimiento. Eres libre de mí y soy libre de ti. Reconozco todos esos sentimientos de impotencia, frustración y enojo y los suelto. Tú no eres responsable de satisfacer mis necesidades emocionales, espirituales y físicas. Eso sólo lo puede hacer mi Padre Celestial. Papá, te pido que hagas Tu parte, yo ya hice la mía.

Señor, por favor reemplaza mis sentimientos de amargura por gozo. Que el resentimiento y la ira no formen parte de mi motivación detrás de mi relación con ya sabes quién. Alinea mis sentimientos con los Tuyos Papá.

Renuncio a sentirme desamada, renuncio a sentirme rechazada, renuncio a sentirme desvalorada. Renuncio a creer que no valgo, o que valgo menos que mi prima. Renuncio a ser víctima. Renuncio a la ira y renuncio al enojo.

Me comprometo a vivir este proceso de perdón y restauración de Tu mano Jesús. Como dice el Salmo 23, unge con aceite mi cabeza, sana mis heridas Señor. Quiero hacer Tu voluntad conforme sano amado Dios.

Ya sabes quien, rindo el derecho de ser tu juez y tu abogada demandante. Rindo todos mis juicios en tu contra. Yo no soy quién para juzgarte, ese lugar es exclusivamente de Dios. Y Papá, te pido que tengas misericordia de él, quítale todas las excusas para buscarte, abre sus ojos para que se pueda acercar a Ti. Quítale todos los colchones, todos los apoyos humanos que tenga, para que seas Tú su único lugar seguro. Haz con él como haz hecho conmigo. Hazme justicia en contra de esos enemigos que tengo: la infidelidad, el maltrato, la destrucción de mi familia. Tuya es la venganza, tú pagarás.

Ayúdame a mantener los límites correctos con ya sabes quién Papá. Y me comprometo a dejar este perdón concluido y a evitar volver a sacarlo a la luz.

Si el enemigo de mi alma, alguien más o yo misma trae pensamientos de derrota, yo me recordaré que ya perdoné y veré Tu gloria en mi vida.

En el nombre tuyo Jesús, amén.

En Canaán le enseñaron esta oración a Anna. Esta fue la oración que la ayudó a perdonar a su HP, aún mientras él la seguía ofendiendo, aún mientras procuraba seguirla despreciando. Con el tiempo, Anna entendió que todos esos maltratos y tristezas hablaban más de él que de ella. Anna consiguió despersonalizar las ofensas y comenzó a pasarlas por alto. De pronto, aquel HP se dio cuenta que no conseguía nada ofendiendo a Anna, comenzaron a llevarse mucho mejor por el bien de Raulito.

Cuando el Hombre Pequeño y Anna eran novios, él le dedicó la canción de Palito Ortega “Te Quiero Amor, Te Quiero”. Cuando el HP la defraudó y comenzó a perdonar para sanar, ella se agarró de todos los perdones que decían los versos de esa canción y los tomó como la manera de él de pedir perdón por anticipado. Esta acción, que para todos podría parecer una bobería, le hizo mucho más fácil su proceso de perdón.

Dios siempre tiene salvavidas o recursos de sanidad para nosotros, empaquetados en maneras variadas. Canciones, escenas de películas, poemas, libros, recuerdos bonitos. Cuando tenemos un corazón agradecido y podemos reconocer algún buen detalle de la persona que nos lastimó, perdonarlos se puede hacer un ejercicio más sencillo. A esto se le llama gozo, a la gratitud y a la apreciación de los momentos bonitos que componen nuestra cotidianidad.

No todas las historias que producen heridas fueron una pena completa. El reconocer lo bueno y agradecérselo a Dios nos hace más fácil perdonar a los demás. La vida de todos es difícil, todos enfrentamos procesos, duelos, heridas y luchas. Pero la gratitud y el gozo nos pueden hacer todo mucho más vivible y, con el tiempo, hasta disfrutable.

 

 

 

jueves, 9 de julio de 2026

Ni víctima ni villano




Creo firmemente que todos seremos, en alguna medida, y en algún grado de consciencia, villanos en las narrativas de otras personas. Esta idea peligrosa de “el otro es el villano” tiene el riesgo de hacerlo a uno “la víctima”, lo que es muy destructivo para uno mismo.

El entender el tema de la codependencia como algo que es tan pecado como la adicción, me ha ayudado a ver que no soy ni víctima ni villana, sino que bastante humana y con alto potencial de autodestrucción, así como de auto edificación. Cuando hay un conflicto entre dos partes, cada una narrará las cosas desde su perspectiva. La única versión completa la tiene nuestro Papá, y creo que sí puede sernos revelada si tenemos la fortaleza interna para reconocer esas verdades que tanto nos incomodan.

Por ejemplo, en la mayoría de las historias que he contado, cada una de las personas que fueron agraviadas por el pecado de la infidelidad, muy fácilmente se hubieran podido quedar con el INRI de víctima. Y, así como con el tema del “no perdonar”, lo único que esto hubiera hecho es impedirles sanar y avanzar con su vida.

Cuando estamos sujetos a narrativas externas para ser validados internamente, somos víctimas y perdemos todo el control de nuestra vida. Esto pasa mucho más a menudo de lo que nos sentamos a considerar. Millones de personas todos los días le regresan el espíritu a Dios creyendo que fueron víctimas, sin poder reconocer el rol protagónico que Él les dio en esta vida, y las buenas obras en las que Él quería que caminaran. Porque la narrativa de víctima es extremadamente cómoda y muy fácil de comprar.

Uno de los grandes villanos de la historia cristiana, y que sí lo es, pero no como lo hemos institucionalizado, es el diablo. Satanás, el adversario, o el enemigo ha sido responsabilizado por infinidad de decisiones, heridas, carencias y respuestas en las que él no ha jugado un rol activo. Yo estoy segura de que el enemigo tienta, todos los días, a todos, de muchas formas. Pero tentar y hacer son cosas diferentes. Influenciar y obligar son acciones distintas.

Yo he pensado que al enemigo le encantará que lo culpemos de las consecuencias de nuestras propias acciones, porque así nos imposibilita reconocer nuestra parte dentro del caos, éxito o mezcla de ambos en lo que se ha convertido nuestra vida. Nos impide madurar y sanar.

El libre albedrío es un súper poder que todos los seres humanos tenemos pero que menospreciamos por completo, casi tanto como a nuestra alma. Y ambos están tan profundamente relacionados. En nuestra alma, donde están nuestros sentimientos y nuestras decisiones, por la que el Reino de los Cielos combate con el reino de las tinieblas, está la capacidad de escoger la muerte o la vida. Y esta capacidad la podemos ejercer todos los días. Y hay fuerzas que la quieren influenciar hacia uno u otro lado. Pero la decisión SIEMPRE es nuestra.

Un codependiente es responsable de haber puesto expectativas que sólo Dios podía satisfacer en un hombre. Un codependiente es responsable de esperar que un ser humano pudiera satisfacer el hambre permanente de aceptación, reconocimiento, validación que su alma insaciable tiene. Un codependiente es responsable de haberse inventado cuanta artimaña fuera posible para mantener la fachada de tener una vida perfecta, de haber arrojado todos los colchones, poner todas las tazas, para evitar que la verdad del adicto saliera a la luz. Y no lo hacía por amor, no exclusivamente, al adicto sino también a sí mismo, porque para un codependiente, el adicto es una extensión de sí. Entonces impedirle caerse, es impedirse a sí mismo caer. Un codependiente es orgulloso. Un codependiente no es víctima.

Un adicto es responsable del daño que ha hecho con sus vicios. De las mentiras, los engaños y las máscaras con las que ha caminado para ocultarlos. Un adicto es responsable de cada estrategia que usa para cubrir su vicio, y todas las consecuencias que eso trae a su familia. Un adicto es responsable de creer que algo externo le va a llenar el alma, va a resolver la herida, va a quitar el dolor que produjo el abuso, la pérdida, la injusticia que enfrentó hace mucho tiempo. No hay vicio que pueda llenar el hueco de Dios. Un adicto es muy egoísta. Un adicto no es villano.

No voy a menospreciar el dolor que experimentamos cuando somos codependientes. No voy a decir que nos merecemos todo lo que nos pasa o que hemos hecho una u otra cosa para recibir ciertas pruebas en la vida. No haré pequeño el dolor de la infidelidad y del corazón roto. Pero si nos quedamos en la afrenta, en la injusticia, en el dolor y el resentimiento, estaremos condenados a no avanzar, al estancamiento, al dolor. Cualquier persona que ha experimentado violencia o injusticias profundas, puede llegar a convertir su dolor en una canción que inspire a muchos, en un trabajo que mueva a millones. Ese dolor va a encontrar propósito si nos disponemos a liberarlo y dejarlo ser. A vivirlo y a soltarlo, si buscamos refugio en lo que Dios nos ha dado, en Su amor. Quizás el camino no parece sensible, a nuestros ojos mortales, pero si el fin es eterno, lo vale. El dolor ya está, ¿qué hacemos con él, amados codependientes?

Ambos son pecadores, ambos son responsables y para ambos hay esperanza de vida, cuando hay reconocimiento de las faltas, cuando hay perdón y cuando se sueltan las deudas pendientes. Yo no soy villana ni víctima.

Sólo Jesús sana, sólo el perdón libera, sólo el asumir las responsabilidades propias puede hacer la diferencia. Nada más. Pero en esta vida no somos víctimas ni villanos. Somos responsables.

lunes, 6 de julio de 2026

Manual para el duelo




No hay!! Hahahaha, ¿cómo se te ocurre que te voy a escribir en una entrada de blog un manual para el duelo? Mi tía tiene un libro para gestionar el duelo a través del arte 😊 (ExpresARTE: Arteterapia en duelo), pero sé que es un tema muy complejo que tiene multitud de material, investigaciones y libros. No me atrevería a hacer un manual del duelo, bueno, no aún... quién sabe, ¿verdad? 

Hoy tengo ganas de expresar más bien qué me ha costado a mí hacer en los duelos. Al final, la meta de este blog es encontrar qué es lo bueno y qué podría ser lo justo, para que en eso pensemos. Lo bueno y lo justo también se pueden encontrar en medio del dolor y el duelo.

El duelo es el proceso que se vive cuando hay un cambio dramático en la vida, que el cuerpo, el alma y el espíritu necesitan para adaptarse a la nueva realidad. Es algo que se vive, sí o sí. Lo que está en discusión es el progreso que cada uno pueda hacer en su proceso. Yo diría que, de acuerdo con el valor de lo que se altera o se pierde, de lo que cambia, tendrá una mayor o menor duración el duelo. También de acuerdo con la propia manera del ser, a la personalidad, o a las heridas previas al cambio, se podrá o no llevar a buen puerto el duelo.

Cuando Juan Roberto se enteró de que su esposa, la que lo había llevado a la iglesia cristiana, la que le había presentado a Jesús como Señor y Salvador, le estaba siendo infiel con alguien de la iglesia, poco después del cumpleaños número 4 de su unigénita, cayó en una depresión muy profunda. Culpó inmediatamente a Dios, “¿cómo, si se supone que ella era tu hija, me fue a hacer esto?”

Ay amado lector, yo quisiera decirle a la gente que jamás confíe en los hombres, por más que le digan que son cristianos, o practicantes fieles de cualquier religión. En realidad, toda religión sólo será siempre a lo más un intento de religarnos, en nuestras capacidades, a la dimensión divina. Pero eso jamás va a salvar. Así sea la cristiana… lo dije. Bueno lo escribí. Juzga todo por su fruto. Por algo la mitad exacta de la Biblia es:

“Mejor es confiar en Jehová que confiar en el hombre.”

Juan Roberto es un hombre que tiene muchos dones, mucha inteligencia y aprende rápido. Cuando conoció a Jesús, muchas dudas que tuvo dejaron de ser. Pero todo fue trastocado cuando su amada lo apuñaló por la espalda. Ahí comenzó a darse cuenta de lo mucho que había esperado de alguien que era tan de barro como él mismo. Hubo mucho enojo, tristeza absoluta, y desespero en ese "darse cuenta".

Su esposa, una mujer pequeña cuyo nombre no tiene importancia, pasó de ser una mujer de profundas convicciones en Cristo (eso decía ella y por un buen tiempo aparentaba…quizás si era así pero cambió, a saber), a dedicarse al estudio de los ángeles, el New Age, tarot y brujería. Ella pasó de ser una cristiana de convicción a sumergirse en otros credos porque Jesús no le dio rápido las respuestas económicas que ella necesitaba. En su camino a ser hija pródiga (del cual, dicho sea de paso, no todos regresan amado lector), destruyó todo lo que había en derredor. Hizo que el proceso de divorcio fuera lento y tortuoso para Juan Roberto. Lo estaba prácticamente asfixiando, económica y emocionalmente. Juan Roberto era también codependiente, y él tenía toda la intención de hacer lo que fuera necesario para rescatar ese matrimonio. Juan Roberto se casó “para siempre” y el divorcio le resultaba una abominación. Sin embargo, uno de los dones que Dios le dio a él fue el de escuchar Su voz. Todos escuchamos la voz de Dios si nos disponemos a hacerlo, pero a él Dios le habla audiblemente.

Un paréntesis, es curioso como si la gente dice que le habló un fantasma, o un pariente que murió en sueños, o en visiones, habría muchos que respetarían bastante, si bien no entenderían, ese comentario. Pero no vayan a decir que Dios les habló, porque eso sí es de locos. El diablo todo el tiempo está hablando y tentando a la gente para hacer cosas estúpidas y autodestructivas, pero no fuera Dios diciéndole a alguien que perdone, que ponga límites al abuso, o que se aleje de una u otra situación…porque eso sí es locura.

Dios le dijo que estaba lidiando con el espíritu de Leviatán, y eso fue suficiente para que él desistiera de querer salvar su matrimonio.

Leviatán está muy ligado al narcisismo y al orgullo. Leviatán comparte con la serpiente antigua esta capacidad de asfixiar, envolver y torcer todo lo que toca. Por esto, Dios establece en Su palabra que de Leviatán sólo Él mismo se encarga. Dios juega con el Leviatán, sólo Él lo puede domar (Job 41; Salmo 104:26DHH).

Juan Roberto perdió mucho económicamente cuando se divorció. Pero ganó sabiduría, sanidad y esperanza como nadie en su familia. Todo lo que Leviatán le quitó, por un lado, le fue restaurado por mil al final de su proceso. Conoció a Rut, una hija de Dios que había pasado por el mismo proceso que él, con un hombre pequeño. Ambos se casaron y establecieron una familia en la que existe paz, amor y respeto. Algo que ni para Juan ni para Rut era norma en sus vidas anteriores.

Y no les vino fácil, amado lector, porque seguir a Jesús es difícil. Restaurarse, perdonar, hacer duelo, cuesta mucho. Es incómodo y duele. Seguir a Jesús es duro. Pero es la única opción. Porque sólo Él es el camino, la verdad y la vida. Actualmente tienen un hermoso ministerio de restauración familiar y predican de la libertad en Cristo, a través de las pruebas y del dolor.

Creo que a mí lo que más me ha costado trabajo de hacer duelos es reconocer el tamaño de la deuda, asignarle atributos, y soltarla. Cuando uno perdona y cuando uno hace duelos, necesita ponerle un adjetivo preciso a lo que perdió a causa de la ofensa o de la pérdida. Por decir algo: perdí los sueños que tenía junto a esa persona que se fue, que murió y no va a volver. Perdí 5, 8, 15, 20 años de mi vida construyendo una vida que no será. Perdí la posibilidad de trabajar en este lugar. Perdí al compañero o la compañera que había escogido para mi vejez. Perdí el sentido de amor propio. Perdí la capacidad de confiar en mí misma o mí mismo. Perdí la capacidad de confiar en otros. Perdí la expectativa de la realidad tranquila y cotidiana que tenía antes del evento…

Con suerte el evento será canónico, ¿verdad?

Juan Roberto supo bien cuantificar su pérdida, se asignó un tiempo para llorar. Ponía canciones de Bacilos, que le recordaban triunfos y batallas en su matrimonio, y cómo se perdió la última guerra. Perdonó a la MP (mujer pequeña) por los años perdidos, por los vienes perdidos, por el amor perdido. Lloró durante un año su matrimonio y todo lo que le significó a su alma ese reacomodo. Y floreció.

Creo firmemente que la esperanza que hay en Cristo Jesús es verdadera y única, en medio del panteón de todos los dioses. Pero creo que nos han vendido en muchas religiones e iglesias una versión extremadamente rebajada de esa esperanza. Tanto en los medios para adquirirla como en el resultado final. Porque la gloria que todos anhelamos es muy pequeña en comparación a lo que ofrece la eternidad en la presencia de nuestro Creador. Y, por lo tanto, las aflicciones del tiempo presente no se pueden comparar con ellas. Pero si esperamos que siguiendo a Jesús los duelos no existan, las pruebas sean de días, las respuestas sean instantáneas (como las sopas), pues nos vamos a decepcionar un montón. Si la gloria que viene es mucho más grande que tu mero “high” momentáneo, que tu satisfacción inmediata, los dolores presentes podrían ser mucho más sorteables. Proporcionalmente a las dimensiones de nuestras pruebas, vendrá la restauración y plenitud, si podemos poner nuestros ojos en Jesús y ahí dejarlos.

Si no, pues igual enfrentamos cosas horribles, dolorosas, a lo largo de la vida, pero sin esperanza. O sea, el dolor ya está. Vivir es difícil (¡Breaking News!), pero hay un "difícil" con propósito y hay un "difícil" que lleva a la tristeza vacía.

Sé que no estaba en los planes de Dios que vivir fuera difícil, pues el primer mandamiento de la Biblia era MUY sencillo: Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra, y sojuzgadla (Génesis 1:28). Literal, era reproducirnos y administrar una creación perfecta. Dios inventó las relaciones sexuales. Imagínate. Y su primera instrucción fue que nos valiéramos de ellas para poblar la tierra y posteriormente, administrarla a nuestro criterio, inspirados por nuestra cercanía con nuestro Padre. El árbol que Adán y Eva debían comer, el de la vida, no fue el que escogieron. Pero Dios siempre ha querido que tengamos vida en abundancia. Nuestra dependencia de Dios siempre ha sido. Pero la hemos cambiado por dependencia a cosas que se van, que se evaporan, que no son eternas. Y por eso, entre otras cosas estamos como estamos.

Finalmente, nuestro santo libre albedrío y las fuerzas espirituales que continuamente están influenciándonos hacia un camino u otro, el de la vida y la muerte, han tejido un árbol de decisiones (con sus respectivas consecuencias) que en este punto de la creación sí ha producido un ambiente difícil y caótico para todos los hijos de Adán.

Pero ¡Hay Esperanza! (comercial no pagado…hahaha)


jueves, 2 de julio de 2026

Miranda y Ernesto: no todo es divorcio



Mi amiga Miranda descubrió que su esposo Ernesto le estaba siendo infiel con una fulana de la mitad de su edad. Su familia eran ambos y sus dos niñas. Habían vivido juntos un sinfín de pruebas. Ambos eran cristianos, y servían al Señor con mucha devoción. Sin embargo, Miranda omitió muchas banderas rojas conforme se relacionaba con Ernesto, y como tantas veces, terminaron viviendo un matrimonio disfuncional que aparentaba ser perfecto. 

En esta entrada te quiero hablar de todas las cosas que se nos pasan por la cabeza cuando nos quitan el piso repentinamente con la noticia de una infidelidad. Miranda recordó el video de Britney Spears en el que se rapó por completo la cabeza. Vio su cabello como una parte de ella que ya no quería. Tenía que ver por sus niñas mientras su alma estaba rota, tenía que buscar proveer amor cuando se sentía completamente seca. Para ella, su cabello representaba todo lo que ya no sería en su vida. Ernesto le acariciaba su abundante cabellera y le decía que ella era lo mejor que le había pasado. Le recordaba que era la mujer más hermosa que había visto. Le gustaba consentirla mientras bailaban juntos "bachata en Fukuoka". Esas palabras y recuerdos se convirtieron en tijeras cuando pudo entender las dimensiones del pecado de quien las dijo. Miranda se cortó todo su cabello, y tuvo un corte pixie mientras sanaba sus heridas con esperanza.

La misma esperanza que tuvo Ernesto. No todas las historias de mujeres que sufren infidelidades terminan igual. No todas se divorcian, hay quienes se restauran. Miranda y Ernesto son ese ejemplo.  Ernesto rompió los votos, pero hubo un trabajo divino que llevó a buen puerto este atribulado y hermoso matrimonio.

Cuando uno recibe la mala noticia de que la persona que le prometió amarla en las buenas y en las malas decide renunciar al “en las malas”, permanente o temporalmente, esa fractura en el alma puede tomar manifestaciones físicas y emocionales variadas y exuberantes. Miranda cortó todo su cabello, Sara se lo pintó por primera vez en su vida. Adriana se puso botox. Lorena se hizo una liposucción. Rosaura se enfermó de cáncer de mama. Penélope cayó en depresión e inició una relación de dependencia con variedad de ansiolíticos y antidepresivos.

Lamentablemente, mientras no tengamos las herramientas correctas para canalizar y expresar ese dolor, para hacer el duelo que se necesita a ese matrimonio que dejó de ser (porque la restauración implica llorar y dolerse de lo que se murió con la traición, con la infidelidad, con la adicción descubierta; restaurarse implica llorar la confianza que se perdió y dejarse llevar por el amor de Dios; restaurarse implica que ambos se fijen en su parte dentro de la pérdida y llenen el hueco con el Espíritu del Señor), tendremos una alta probabilidad de desarrollar enfermedades en la mente o en el cuerpo, o en ambas.

Ernesto se cayó camino a Damasco. El dormir lejos de los amores de su vida fue la luz que lo tiró de su caballo y el enfrentarse a la pérdida de todo lo que durante años había construido fue su Lucas 15:17. Ernesto buscó como pudo ayuda para recuperar lo perdido. Bendito Dios que no sólo le dio lo que perdió, sino que tuvo el privilegio de vivir un matrimonio resucitado con una familia que ve con amor y esperanza, con más entendimiento y corazón, a Su Señor y Salvador, Jesús. Ellos volvieron a servirle al Señor, desde el amor, desde la gratitud, no desde la religión y el deber ser. Su ministerio de restauración matrimonial ha alcanzado a muchas familias en el mundo.

Pero el camino fue arduo. Ernesto tuvo que reconocer toda ofensa y pedir perdón por cada una. Miranda fue movida a misericordia porque el amor que le tenía no se acabó, fue renovado al ver el corazón de su esposo quebrantado. Ernesto nunca había entendido tanto el valor de tener un varón experimentado en quebrantos como Señor, hasta que vio completamente perdido todo lo que con tanto esfuerzo había construido con Miranda. Su corazón estaba desecho. Y ahí fue donde Jesús pudo quitarle las escamas de sus ojos. Cuando no tienes nada, te das cuenta de que Dios es todo lo que necesitas. Eso dicen por ahí.

El quebrantamiento es otro superpoder que Dios nos ha dado, que tiene la facultad de acercarnos a Él como nada en el mundo, y nos da la posibilidad de conectar con el corazón de otros que están siendo atribulados como nosotros.

Otro de los motivos por los cuales encuentro tan valiosa la sanidad interior es porque veo que muchas personas a lo largo y ancho del mundo viven con enfermedades físicas y de la mente ocasionadas por heridas sin resolver. Qué bueno que Ernesto pudo acercarse a Jesús y pudo reconocer su parte, porque su humildad llevó a Miranda a también hacerlo y reconocer la suya.

Miranda entendió lo idólatra de su corazón al matrimonio, a su esposo, a las ideas que “deben ser” de toda mujer cristiana. Miranda es una adoradora, por lo que su corazón está destinado a adorar. Sí o sí. Como tantos corazones de codependientes que son cristianas pero que todavía no aman a Jesús.

Cuando el amor de Dios la atrajo así mismo, y cuando entendió su identidad de hija muy amada, las escamas de sus ojos también cayeron. Miranda comenzó a verse hermosa, valiosa, talentosa y llena de amor. La vergüenza y el temor fueron desplazados por el amor inexcusable del Padre.

A veces creemos que sólo los adictos tienen escamas en los ojos, por eso dependen de sus vicios. Pero no es así, los codependientes también tienen. Y así como sin codependiente no hay adicto, cuando al adicto se le caen las escamas, también caen de los ojos de sus codependientes. Se pierde el embrujo. Se cae la venda.

Miranda comenzó a recordarse todos los días que es hermosa, que es digna de honra, que vale todo, porque nuestro Señor lo dio todo por ella. Encontró mil promesas en la Biblia y todos los días se repetía tres al despertar. Fue limpiando sus pensamientos y llenándose de las verdades que su Padre celestial había escrito de ella desde antes que el mundo se fundara.

La verdad de Dios siempre prevalecerá sobre todos los engaños del enemigo, sobre todas las heridas del alma, sobre todos los circuitos rotos en nuestra cabeza. Sólo nuestro Papá puede abrir caminos en el desierto y ríos en la soledad. Y eso hizo en la mente de mi amada amiga Miranda.

Así que, por favor, siempre considera, que hay esperanza. Ninguna herida es más grande que la que Jesús cargó en la cruz del calvario. Y esa la cargó para que tú pudieras ser sano. Para que puedas vivir abundantemente, no a medias.

Gracias por leer y gracias amada Miranda por compartirme tu historia.

lunes, 29 de junio de 2026

“Sin taza, no hay café” o sobre la codependencia: el principio de todo adicto y la vida de quien lo idolatra

 

En todas las historias que he escuchado de procesos, de crisis, de sanidad y de avance, he aprendido a reconocer el patrón adicto- codependiente. Desde que me lo enseñaron, me es imposible dejar de reconocerlo. A mí me gusta entender las cosas, no sólo hacerlas funcionar. Se tendrán opiniones variadas de mi efectividad para hacer las cosas, pero no de cómo entenderlas. Jijiji.

El punto es que cuando reconocí mi problema de codependencia, vi que era mucho más común de lo que esperaba. Prácticamente todos desarrollamos cierto nivel de codependencia como mecanismo de defensa cuando anhelamos tener el control de lo ingobernable a nuestro alrededor. Hace poco escuchaba en un podcast que el tema no es lo que te sucede, sino el circuito que tu cerebro desarrolló, basado en diversas experiencias en tu infancia, para asimilarlo. Pasar por alto la ofensa, algo que es un concepto casi alienígena en nuestro entorno, en nuestro contexto, lo es porque todos hemos estado acostumbrados a recibir heridas y demandar justicia, desde pequeños. Hay dimensiones de heridas, hay dimensiones de abuso, pero al final, la ausencia de un amor incondicional, sin “peros”, ha sido el leitmotiv de todos nosotros, con muy contadas excepciones. Creo que no conozco personalmente a alguien que desde siempre haya recibido amor pleno e incondicional. Conozco personas restauradas, pero no a personas que hayan crecido con amor sin condiciones. No aún.

Si nuestro corazón fuera sano, pasar por alto la ofensa no sonaría como una locura, sino como lo más natural. Porque cuando uno está sano, uno asume que a la otra persona no le provocaba necesariamente lastimarlo, o que, si sí le provocaba, pues habla más de esa persona que de uno mismo. Y no a modo de juicio, a modo de reconocimiento de carencias del corazón humano. Yo no estoy ahí, pero pues es mi meta de la vida, como decía una amiga muy querida, “Señor, hazme inofendible”.

No porque los papás no quieran amar a sus hijos de esa forma incondicional, sino porque no pueden. Porque ellos mismos vienen de una cadena generacional de amor incompleto que los habilitó para dar, a lo más, una versión diferente y en algo mejorada del amor que recibieron, pero nunca incondicional.

El amor condicionado necesariamente produce roturas en el alma. Y esas roturas siempre nos llevan a desear tener el control, para evitar, al precio que sea necesario, volver a ser heridos. Todo esto pasa cuando somos pequeños, y dependiendo del nivel de heridas y abusos a los que hayamos estado expuestos, desarrollaremos estrategias alternativas para anestesiar el dolor. Para evitarlo. De ahí nace la codependencia- o el síndrome del salvador, y la adicción. Estamos condenados a repetir estos patrones a menos que aprendamos a recibir el amor incondicional de Dios, a través de Jesús. Ese amor es el único que nos permite abrazar y enfrentarnos con el dolor, con la herida primaria, y nos da la libertad de perdonar. Sin que nos pidan perdón, mientras hablan mal de nosotros y nos desean el mal aún. O sin que nos puedan pedir perdón porque se fueron de este mundo, por ejemplo.

La escena que estoy compartiendo en el video es sobre la película “La Cabaña” creo que es de las que mejor conceptualizan este pensamiento. Ya la había compartido creo en este blog, pero me parece buenísima, así que quizás luego lo volveré a hacer.

Todas mis amigas codependientes, las de las historias que he contado, y yo hemos pecado gravemente al considerar que “somos mejores” porque “no engañamos” o “no vivimos diciendo mentiras”, como muchos adictos hacen.

Hay un chiste que mi papá siempre cuenta que me parece ejemplar de la dinámica “adicto-codependiente”. Cuenta que había un instituto psiquiátrico en el que todos los días a la misma hora un loquito encontraba la manera de escaparse y tirarse de un piso medio alto. Gritaba “café café café” y se lanzaba por la ventana. Como los enfermeros ya sabían qué iba a pasar, entonces se coordinaban para ir por una sábana y la estiraban para evitar que se cayera directo contra el piso. Un día, hartos de la dinámica, recibieron la instrucción del director de ya no estirar la sábana, a ver qué pasaba. El loco iba a emprender su salto alto y se asomó…al ver que no estaban para salvarlo, dijo “sin taza, no hay café”. Sería loco, pero no estúpido…hahaha.

Lo cierto es que, sin codependiente, el adicto puede sanar. Sin taza, no hay café.

La codependencia es muy difícil de identificar como pecaminosa, como dañina, porque es extremadamente útil. La codependencia hace que las cuentas sean siempre pagadas en la casa del ludópata. La codependencia hace que el hombre infiel pueda desarrollar familias paralelas mientras la esposa calla y pretende que todo está bien. La codependencia impide que las cosas se revienten, y favorece al florecimiento de todas las conductas destructivas del adicto. Porque la codependencia va a evitar que él reciba el daño por su propia maldad. Y a consecuencia, decida ir con Jesús a resolver sus heridas.

El codependiente se cree “dios”. Está convencido que, estirando sábanas, tirando colchones, tapando actitudes, va a “salvar” al adicto. Nada más falso.

Es un pecado grave porque provoca que todo permanezca en tinieblas, sin ser expuesto, y abordado. Es grave porque evita que Dios intervenga en nuestras vidas para sanar lo que sólo Él puede sanar: los corazones carentes de amor incondicional. De esa falta de amor viene todo lo malo en nuestras vidas. De esa desconexión vienen nuestras sinapsis rotas. Porque no nos reconocemos incondicionalmente amados, somos esclavos de migajear amor, sea en un adicto, en el caso del codependiente, o en un vicio, en el caso del adicto.

La codependencia, como pecado, tiene consecuencias, y esas consecuencias necesitan ser asumidas. Es por eso por lo que no es injusto que, digamos, si un hombre se endeuda por jugarse su patrimonio, su esposa, que no jugó un centavo, deba asumir la responsabilidad del haber perdido la casa también. Esto suena a una locura, pero, si sabemos que todo pecado trae consecuencia, las consecuencias de la codependencia son las de la carencia de límites, las del encubrimiento del daño, las del enmascaramiento crónico de las deficiencias del adicto. Todo lo que uno le tapa a otro, por ser idólatra a él y por creer que tiene el poder de “dios” para salvarlo, tiene consecuencias, que necesitan ser asumidas. El codependiente está muy ciego, pero cuando empieza a ver, ya no puede dejar de hacerlo. Por eso la esperanza de un adicto es la sanidad de su codependiente o sus codependientes principales. Mientras el adicto, narcisista, infiel, ludópata, mitómano, cleptómano, drogadicto, alcohólico, continúe teniendo codependientes que le tapan todo, que lo guardan como si fuera una extensión de sí mismos, poca esperanza de cambio va a tener.

Pero Hay Esperanza. Les prometo que Canaán no me paga para hacerle promoción, sólo me siento como esas señoras que usan por primera vez unas gotas que les destapan los oídos, y se las recomiendan a todos los que saben que están medio sordos. Me hizo tanto clic, tanto sentido, el poder reconocer que yo quería tener el control de todo lo que pasaba en mi vida, y que por eso vivía esclava de la ansiedad, la tristeza sin propósito y la frustración perpetua. Me hizo sentido el ver cómo tenía un corazón idólatra porque no sabía que Dios verdaderamente me amaba incondicionalmente y me lo ha expresado desde siempre por medio de la muerte y resurrección de Jesús, de esa sangre que limpia todo, cubre todo, suple todo. Si yo tengo esperanza, todos la tenemos. Esta excontroladora, exmigajera, exenojona, exreligiosa, tiene esperanza…seguro tú también. No me avergüenzo del Evangelio, de esta buena noticia que es poder ser sanos en esta vida (no teniendo que esperar a la venidera) para prosperar y sonreír sin culpa. Para tener paz mientras se cae el mundo. Las buenas noticias de Jesús nos dan libertad.

He entendido que yo siempre voy a adorar, y que mi Papá respeta profundamente al objeto de mi adoración, sin embargo, desea ser Él ese afecto principal mío. He entendido el superpoder del libre albedrío, y cómo el enemigo, nuestras heridas, nuestro corazón roto, lo terminan cautivando a idolatrías que jamás van a saciar nuestra sed.

Claramente no soy un dechado de virtudes ni me muevo sobre nubes sin tocar el piso porque “soy mejor”. En lo absoluto. Totalmente sé que estoy transitando un proceso, quizás muchos. Pero ya puedo entender que mi identidad no es el proceso que vivo, así me tomara toda la vida, ni las cosas malas que hago en un punto finito de mi vida, sino que es Jesús. Y si sobre esa identidad estoy anclada, ya la armé, como se dice aquí en México. Entonces si me enojo, eso no define quien soy. Si tengo deseos de controlar algo, eso tampoco es mi identidad. Reconozco lo que siento y pienso, sin convertirlo en el centro de mi existencia. Yo no soy lo que pienso. Yo no soy lo que creo o lo que siento. Yo soy lo que Dios dice que soy. Yo soy la razón por la cuál Jesús murió y resucitó, como lo somos TODOS. Yo soy hija del Dios creador de todas las cosas, y Sus palabras, esas que cuánticamente construyeron todo cuanto existen, sostienen el aliento que me mantiene viva.

“En el principio la Palabra ya existía.

La Palabra estaba con Dios,

y la Palabra era Dios.

El que es la Palabra existía en el principio con Dios.

Dios creó todas las cosas por medio de él,

y nada fue creado sin él.

La Palabra le dio vida a todo lo creado,

y su vida trajo luz a todos.

La luz brilla en la oscuridad,

y la oscuridad jamás podrá apagarla.

Dios envió a un hombre llamado Juan el Bautista para que contara acerca de la luz, a fin de que todos creyeran por su testimonio. Juan no era la luz; era solo un testigo para hablar de la luz. Aquel que es la luz verdadera, quien da luz a todos, venía al mundo.

Vino al mismo mundo que él había creado, pero el mundo no lo reconoció. Vino a los de su propio pueblo, y hasta ellos lo rechazaron; pero a todos los que creyeron en él y lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios. Ellos nacen de nuevo, no mediante un nacimiento físico como resultado de la pasión o de la iniciativa humana, sino por medio de un nacimiento que proviene de Dios”.

Juan 1:1-13

Bueno, eso es todo, gracias por llegar hasta aquí! 

jueves, 25 de junio de 2026

Licenciado Pedro Odín de la Fontdera

 



Esta entrada esta larguita pero no te aburres, vas a ver. 

Quiero volver a hacer una aclaración, siempre he escrito del caso de las mujeres como codependientes, pero claro que existen hombres en esa situación. También hay mujeres adictas que hacen sufrir a sus esposos. Solamente que en mi proceso de sanidad he escuchado más historias de mujeres en el plano de codependientes principalmente. Próximamente te escribiré de una mujer y un hombre en los papeles adicta y codependiente. 

Pedro Odín, licenciado en economía por parte de una prestigiosa universidad, era de ascendencia catalana, su familia se fue a vivir a Guadalajara hace 4 generaciones y se estableció en tierras tapatías, buscando reconquistar el sueño que sus antepasados ibéricos encontraron en el ombligo de la luna. 

Sus sobrinos le decían Pedro Orín, les parecía muy chistoso, y para lo mal que se comportó, Teresa, alma del Señor y ex esposa de este hombre enfermo de corazón, terminó por llamarlo por un tiempo don Orín. Pero sólo mientras estuvo enojada y hasta que Jesús la llenó de convicción de pecado y arrepentimiento. Después de haber sanado, volvió a decirle Pedro.

Hoy no te voy a hablar de Teresa mayormente, te voy a hablar de cómo se gestó la maldad en este hombre que tenía todo para ser de bien, pero se esforzó mucho para convertirse en uno de esos hijos pródigos pórfidos, que a todas las amigas de Teresita nos daban unas ganas que se quedara allá prodigando. Por allá bien lejos…

Pedro Odín era un hombre muy inteligente, con capacidad de argumentación infinita, a quien sus papás, don Pau de la Fontdera y la señora Romelia Rosales, no le negaron nada, todo le dieron, lo que fundó los cimientos de su mal camino. Don Pau estaba obsesionado con la mitología nórdica y por eso decidió ponerle el nombre de la deidad principal de esa religión. Quizás eso tampoco ayudó, porque cuando Pedro actuaba más como Odín, el orgullo y la altivez brotaban mucho en sus modos. Eso decía Tere que lo conocía bien. 

Ellos eran personas acomodadas en recursos económicos, un poco escasos en emocionales, pero muy bien intencionados. Buscaron hacer de Pedro y su hermano Ramiro hombres de bien. Con Ramiro hubo esperanza más rápida, pero Pedro Odín … luego te contaré. Bueno, también hubo esperanza, pero necesitó tocar muchos fondos antes de vivir Lucas 15:17.

Pedro Odín, antes de ser licenciado, fue un adolescente que le dio el ajo a oler a sus papás. Su padre no sabía cómo acercarse a él en esos años tumultuosos. En alguna conversación cuando vio que evidentemente su hijo estaba comenzando a salir con muchas señoritas, le dijo que se cuidara siempre y le dio dinero para que comprara el método que le hubieran enseñado en el colegio o que considerara. Esa fue toda la plática de sexualidad que hubo en ese hogar. Porque en todo hogar disfuncional, las aguas no se remueven, por nada. 

Pedro se aprovechaba mucho de ese deseo fundamental y esencial que sus papás hicieron obvio a sus vástagos, de darles su vida y la siguiente para que encontraran la plenitud y abundancia de la que ellos carecieron cuando crecieron. Ese fue el error. Los padres tenían una relación casi vicaria con sus hijos, en la que a través de ellos estaban empecinados por vivir la mejor vida posible que pudiera ser. Por lo que negarles cualquier cosa era como negárselas a sí mismos. Todos estos eran procesos del subconsciente. Teresita aprendió mucho de psicología cuando se comenzó a sentir ahogada continuamente sin ver una salida en ese matrimonio que no daba ni un higo. Le hizo "análisis clínico" a todos los que le dolían en el corazón. Como toda buena codependiente.

Don Pau y doña Romelia malcriaron muchísimo a sus muchachos. Los hicieron hombres aparentemente responsables con muchas disfunciones ocultas que harían sufrir a todas sus parejas. Nunca a propósito, como suele ser la situación, no por eso menos real.

El rector del Tec siempre decía en sus discursos: “a los hijos, un poquito de hambre y un poquito de frío”. Y ese señor sabía muchas cosas, Dios lo tenga en Su gloria.

Pedro Odín era muy noviero, a pesar de haberse criado en un hogar religioso y disciplinado, él vivía a plenitud el “el que reza y peca empata”. Abusaba constantemente de la gracia de Dios. Cuando se divorció de Teresita lo hizo mucho. Bueno, en realidad todo el tiempo que estuvo con ella abusó de muchas cosas, de la gracia de Dios y del amor que Él le permitió encontrar en Teresita. Estaba enceguecido, era parte de su enfermedad del alma.

Para Pedro no era pecado el estar picando flores sin pactos de por medio. Eso contaba cuando sanaba conmigo Tere. A pesar de que para la señora Romelia el vínculo matrimonial era algo de mucho respeto y valor, él le decía muchas veces a Teresita que eso ni existía. Que el matrimonio era un papel a lo más. Eso sí, para sacerdote no era bueno, también lo podía reconocer. Entonces quería todos los beneficios del matrimonio sin el compromiso que representaba. Y así vivía, y conocía a muchas mujeres, con o sin temor de Dios, que le caminaban en aquella teología libertina.

Teresita tenía temor de Dios, pero poco amor por ella y por Jesús, así que, desde su codependencia, intentaba cuestionarlo infructuosamente. Cuando se hicieron amigos, ella le decía que el matrimonio era un pacto muy importante, y que él no debía buscar tener avances de ninguna naturaleza con alguna mujer que no fuera a ser su esposa. Tere era muy católica y percinada. Pedro Odín se burlaba de ella. Mi amiga Teresita no mantuvo su postura muy firme con él…con el tiempo le dijo que él sería el único hombre con el que estaría además de su esposo. Eso lo cumplió.

Tere lo acompañó durante toda su carrera, estuvo en todas sus presentaciones de exámenes profesionales, le ayudó a conseguir tutores cuando tenía problemas con matemáticas avanzadas. Tere lo instó a honrar a sus padres cuando él no sabía cómo escribir honrar, porque para él, la “h” era una opción. Tere se volvió su mejor amiga y lo amó. Lo terminó de formar en muchos sentidos, aunque para él eso nunca fue. Pedro sólo supo encapricharse con ella. Era un bebé emocional. Cuando la tuvo y se dio cuenta que no era todo lo que pensaba que debía ser, o comenzó a cambiar conforme pasaron los años, la odió. Como lo hizo Amnón con Tamar. Y dejó que a ella se le fueran muchos años jugando con sus afectos. Fraguó en su inconsciente, después en su consciente, cómo librarse de ella, a manera de quedar como pobre víctima. A esa conclusión llegó en algún devocional Tere. Pedro Odín era astuto, pero Dios más sabio, SIEMPRE.

Mi Tere no es víctima. Pedro no tenía “banderas rojas”, él ERA una bandera roja del tamaño de la que está en la asta de San Jerónimo. Y Teresita erró porque pensó que con ella sería distinto. Ella pensó que por haber sido honesta y vulnerable con él, eso necesariamente cambiaría su corazón. Ella estaba segura de que, por haber sido Pedro el primer eslabón en su propia vida, redimiría a todas las que la precedieron a ella en los afectos de él. Él era experto en las mujeres, ella nunca había conocido a ningún hombre. Ella era muy ilusa, él era muy leviatánico.

Ella se creyó Jesús, y eso le costó caro. Sé que no voy a hablar tanto de Tere, pero esto es importante. Es un pecado muy grande el creer que puedes cambiar a otro con tus afectos, es una transgresión mayor que no debe ser subvalorada. Es algo que requiere convicción de pecado y arrepentimiento, porque produce muchas heridas tanto en la persona que cree que va a cambiar al otro como en el que se supone que se intenta cambiar. Y Tere de eso se arrepintió muchísimo. Así comenzó su "volver en sí".

Amigas, siempre recordemos que si creemos que tenemos que salvarlos o que podemos cambiarlos, ahí definitivamente no es. Sólo Jesús salva, sólo Él puede cambiar los corazones. Ella creyó que él iba a cambiar, y él deseó que ella nunca lo hiciera. Esta frase fue de Pedro, se la dijo a modo de reproche mil veces en cualquier discusión que tenían. Y era verdad y ambos estaban muy mal.

Vamos a adelantarnos en la crónica de este divorcio anunciado que fue el matrimonio de Tere y Pedro.

Para el final de su relación, Pedro reflejó una a una las escamas endurecidas de su falsa persona, que enmascaraban el hijo de Dios que eventualmente mostraría ser. Pero muy eventualmente, o sea, mucho tiempo después de que acabaran mi Tere y él de firmar el divorcio.

Esta bien, sí voy a comentarles más de Tere, pero sólo porque es importante ver lo que la gente codependiente está dispuesta a hacer por migajear afecto. Ellos estuvieron casados 12 años. Nunca tuvieron hijos. En su lugar, Pedro adoptaba cuanta mascota pudiera para apaciguar el hambre que Tere tenía de ser madre. Siempre que tenían la conversación “incómoda” de la paternidad, terminaban en discusión y Pedro le traía un loro, una gallina, un gato, a la mañana siguiente. No debería ser incómoda, pero Pedro nunca quiso tener hijos con Tere. Así que los enmascaró como pudo. No sólo era un excelente economista, era un manipulador de nivel avanzado. Leviatánico, les digo.

Pedro comenzó a serle infiel al año 1 del matrimonio. Salía con las compañeras de trabajo que le medio sonreían porque la alegría de Tere ya no le satisfacía. La gran crisis que catalizó el divorcio fue cuando Tere encontró un email donde le estaba escribiendo a un amigo que nunca tendría hijos con ella. Que haría todo lo necesario para no tener hijos con esa mujer difícil y por eso había convertido su casa en un zoológico ilegal.

En una crisis nerviosa Tere lo abandonó, le dijo a don Pau y a doña Romelia que su hijo estaba haciendo cosas incorrectas, que ella sí quería ser mamá y que eso era una traición de alto nivel. Que estaba agradecida con todos, pero que la situación era insostenible. Que no tenía pruebas de infidelidad reciente, pero que sabía que algo estaba pasando, porque toda la comunicación era extremadamente nociva y que el único rezo que Pedro consistentemente meditaba era que ella era el problema."Tere es el problema" rezaba día y noche. Ese era su catolicísimo.

Él procedió a minimizar completamente lo que Tere dijo, exhibió todas las faltas de carácter que ella tenía, todas las cosas secretas que ella le contó en intimidad, las convirtió en armas de destrucción masiva. Un defecto de carácter se volvió atributo de villana. La familia De la Fontdera Rosales convirtió todo el aprecio que tenía por ella en profundo desprecio. Se fue sin más del hogar que juntos, a medias tintas, intentaron construir por 12 años.

En medio de esta separación, Tere le puso investigador privado a don Odrín para confirmar que no estaba loca y encontró lo que sabía que era cierto en su mente, pero que para su corazón era una píldora difícil de tragar.

Tere había sido muchas veces “gaslighteada” en medio de tanta infidelidad, lo que evitaba que don Odrín las reconociera y provocaba que ella fuera quien le pidiera perdón a Pedro por haber “considerado si quiera” que él le era infiel. Así era cada una de las veces. "No tienes pruebas, por lo tanto eres una celosa, loca y obsesiva".

En fin. El investigador privado le dijo que Pedro estaba tomando clases de cerámica, donde había conocido a una instructora gringa. Pedro comenzó toda una relación con esta mujer. La llenó de regalos, le hizo invitaciones que a Tere ni siquiera se le hubiera ocurrido hacerle. Se volvió el más romántico, bailador y cariñoso que pudiera existir. Digo, durante los 5 minutos que le duró. Le dijo que estaba casado, pero en proceso de divorcio porque su esposa era una arpía que lo había hecho profundamente infeliz tan pronto se casaron. Pedro Odín era muy cliché en esto, la verdad. Y sentía que se estaba cuenteando a la gringa, pero ella era la colmilluda.

Ella comenzó siendo un amor, un dulce, pues una escoba nueva siempre barre bien. Ella se dio cuenta de lo presumido que era y de que tenía con qué sostenerlo. Le encantaba que era todo lo caballero que nunca nadie había sido con ella (tampoco él con nadie, pero pues el ardor del ser descubierto en su narcisismo por Tere tuvo "poderes sobrenaturales" en don Odrín). Él no sabía cómo convencerla de que era lo valioso que él dudaba que era. Esta contrariedad de la gente que se siente mucho por fuera y por dentro se cree pequeña. Pedro era otro hombre pequeño. 

Con el paso de las semanas, Kathy empezó a hacer sutiles insinuaciones de que le gustaría que ya estuvieran bien como novios. Pedro Odrín pasó de decirle a Tere que jamás firmaría el divorcio a urgirla para hacerlo expeditamente. Siguió trabajando en deteriorar la imagen de Tere ante sus conocidos cercanos, para justificar la urgencia que tenía de ya acabar las cosas y darle a su rubia desabrida lo que ella tanto quería, que no se atrevía a pedírcelo, pero con sugestiones exigía dictatorialmente. Tere berreaba mientras me contaba lo que iba descubriendo y viviendo semana tras semana.

Pedro llevó a la gringa desabrida a su “apartamento de soltero”. El que hacía a penas unos meses era el hogar oficial del matrimonio que tenía con mi buena Tere. El que tenía todo el zoológico ilegal. Él se apresuró a quitar todas las fotos que había de ambos, quitó las palabras de amor y matrimonio que había colgadas en las paredes de la casa. Borró todo rastro de ella en ese hogar, aunque en su consciencia siempre estuvo que la señora de ahí no era la gringa rubia desabrida. Así le decíamos Tere y yo mientras mi Teresita se desahogaba conmigo. Después sanamos, y ya le volvimos a decir Kathy.

Mientras desarrollaba esta relación paralela, Pedro le decía a don Pau y a doña Romelia que la más mala de las malas era Tere. Les negó hasta el cansancio estar con otra mujer, algo que Tere había alcanzado a insinuar en la última conversación que tuvieron como familia política. Don Odrín les dijo que ellos no tenían ni idea de lo malvada que era Teresa. Que él había tenido que soportar muchísimos desprecios y maltratos. El punto era atacar y destruir el “carácter” de Tere para presentar en el breve tiempo el nuevo personaje, mejorado y excelente, que era Kathy.

Pedro Odrín intentó consumar su amor con Kathy en la cama que antes fue de Tere, pero la poco y muy cauterizada consciencia que aún tenía no se lo permitió. Dios es bueno, siempre nos da un chaleco salvavidas, aunque nosotros estemos obsesionados con ahogarnos y hacer acuerdos con tiburones. Él siempre nos quiere salvar, pese a que luchemos en contra de Su amor. Él no se cansa, por eso es nuestro Padre Bueno. También de los que se comportan mal, es Padre Bueno. SIEMPRE.

Don Odrín buscó hoteles cercanos en la zona donde vivió con Tere para el momento especial con Kathy. El hotel se lo reportó el investigador a Tere. Kathy era muy guapa físicamente y aparentemente ligera; tenía la profundidad de un charco en verano. Se evaporaba rápido. Eso era lo que "necesitaba" Pedro, pues Tere era muy compleja, de sentimientos insondables. Le encantaba que con dos videos de YouTube hubiera podido manipular a Kathy por completo, le parecía una cosa maravillosa. O bueno, eso creía él.

En realidad, no sabía la joya que era Kathy. Muy pronto pudo asumir las consecuencias que, tan pronto firmó el divorcio, estaba dispuesto a pagar sin reparos. Y fueron duras.

Tuvo que hacer toda suerte de esquemas para convencer al resto de su familia que Kathy era la buena, Tere la mala, y que por favor se la aceptaran, porque pues ni modos.

Y mientras don Pau y doña Romelia le presentaron su apoyo incondicional, Pedro terminó viviendo durante muchos años una vida muy mediocre, parecida a la del mentor que tuvo años atrás en su infancia, quien jamás pudo prosperar emocionalmente pese a ser el más religioso entre los religiosos. Quizás más bien a causa de ello. Don Pau y doña Romelia le excusaron todo, le creyeron todo y le pasaron por alto todo, con tal de que él no volviera a entrar en un episodio loco de manipulación, con el que tantas veces los envolvía y los llevaba a sentirse culpables. 

Poco antes de su divorcio, cuando Tere comenzó a sanar e investigar más de su propio psyche, Pedro Odín dejó de poder envolverla en todas estas conversaciones infructuosas. Pero cuando ella se fue, y se demostró que ella no era el problema, como tantas veces había dicho Odrín, tuvo que volcar todo su deseo de permanecer víctima a cualquiera que estuviera cerca de él, manipulativamente. Y así se pasó abusando psicológicamente de su familia, amigos y todo el que se dejara. Les decía mentiras y se le comenzó a olvidar con cuál había tapado qué. Él sabía exactamente qué llevaba a la frustración a sus papás, a su hermano, a sus amigos, jefes. Cuando se sentía cercano a ser descubierto, utilizaba esa arma oscura en contra de ellos, y de nuevo, la gente no entendía cómo comenzaba enojada con él y terminaba pidiéndole perdón. Leviatán, les digo, Leviatán.

A veces le decíamos Odrín porque pudimos ver cómo finalmente Pedrito era un odre en manos del Señor. Esta fue una revelación que Tere tuvo y le ayudó mucho para perdonarlo. Él era un hijo muy pródigo. Muy. Pero hay peores. Y para todos hay perdón de pecados, redención y libertad. Para TODOS los que puedan arrepentirse.

Eventualmente, por providencia y misericordia del Padre, Pedro Odín volvió en sí y se transformó en todo un Pablo de Tarso. Se cayó camino a Damasco. Kathy fue un instrumento doloroso usado por Dios para conseguir este valioso fin. Las mentiras cayeron como castillo de naipes. 

A Tere y a mí nos da mucho gusto ver el hombre de Dios que por fin brotó de tanta escama oscura y pesada. El proceso fue doloroso, brutal, humillante, pero es hermoso verlo salir a la luz. Lo hicimos desde la distancia, en agradecimiento al Padre, porque jamás Tere dejó de orar por él y por los suyos.

Mi amiga Tere salió adelante, yo le hablé del programa de Hay Esperanza del ministerio Canaán y fuimos compañeras de luchas y victorias. Durante su separación, ella se volvió una cantautora por hobby, así nos conocimos, y comenzó a cantar en diferentes iglesias.  Actualmente le ayuda a mujeres católicas a sanar la herida de la religiosidad. Les enseña a conocer a Jesús de otra manera y a verlo como Su único salvador sin sentirse culpables de renunciar a las tradiciones de hombres. Ella se sigue identificando como católica, pero dice que es de la renovación carismática verdadera. 

lunes, 22 de junio de 2026

Los Benjumea: duelos adicionales al principal



Federico Benjumea era un doctor costeño, barranquillero, de muy buena familia. Él era extremadamente talentoso, tenía memoria prolija y era muy encantador. Le hizo una casa en el aire a mi amiga. Narcisita encubierto, y muy buen conversador. Cuando Isabela lo conoció, y él comenzó a tratarla con abrumadores detalles, extensas conversaciones e invitaciones halagadoras, ella se dejó llenar. Mi amiga Isabela no sabía nada de Jesús para sanar sus heridas, pero era muy empática, romántica y elegante.

La relación de ellos fue como la de la mayoría de las mujeres que estaré narrando en muchas de mis próximas entradas, ya que es con ellas con las que he hablado, como decía la película de Pedro Almodóvar. Ellas me han hablado sus vidas, yo les he vaciado la mía, y de recolecciones que tengo, con nombres que varían, escribiré historias que narran el leitmotiv del corazón vacío y todas las locuras que se nos ocurren para llenarlo; toda la gimnasia y las maromas que damos, buscando saciarnos con otros tan vacíos como nosotros. Buscando llenarnos con lo que sea menos con Dios. Somos seres de barro, obstinados. 

Uno de los “patrimonios” más importantes de Fede era su familia. Era de estas familias costeñas de plata, con dinero de décadas, ganado con arduo esfuerzo y que sí o sí salían adelante. Trabajadores, muy unidos y en todo momento se apoyaban. La familia de mi amiga era más distante, más dispersa y debido a temas sin resolver que ella tenía con su papá, el irse de su casa lo más rápido que se pudiera se convirtió en su objetivo principal.

Esto es importante, porque, aunque Isabela no lo sabía, uno de los factores que más vendía Fede a todas sus parejas era realmente su familia. Y uno de lo que más anhelaba ella comprar, inconscientemente también, era armonía y estabilidad familiar.

La mamá de Fede era una santa. Su papá un amor, y sus 3 hermanas se convirtieron en las hermanas que mi amiga nunca tuvo. Ella tenía 2 hermanos, uno mayor y otro menor. Isabela se enamoró tanto de los Benjumea como de Fede. Lo amó íntegramente, a este otro hombre pequeño.

Sin embargo, todo tiene su final, y la verdad no gastaré palabras en esta ocasión detallando la historia perpetua que repiten los que viven, se casan o aman a narcisistas infieles y carismáticos. Isabela y Fede se casaron. Isabela vivió varias infidelidades por parte de su amado doctor, pero descubrió con certeza 2. Una de ellas, el muy descarado le dijo que quería divorciarse urgentemente de ella porque la otra le daba, emocionalmente, todo lo que ella no le daba.

Un paréntesis, he tenido esta conversación con algunas amigas, a quienes sus esposos les fueron infieles, y en lo que coincidimos es que, si bien la infidelidad física rompe el corazón, la emocional destruye el alma. Porque se pensaría que la física corresponde o es justificada por “la naturaleza primitiva” de los hombres (no es argumento, pero “digamos que sí”). ¿Pero la emocional? A los hombres ni les gusta ser emocionales, ¿cómo podía responder mi amiga Isabela a ese comentario ruin? Cierro paréntesis.

La otra se dio cuando estaban separados, pues él se fue a un congreso de Cardiopatías, a la European Society of Cardiolgy, en Múnich. Eso sí, se podrán decir muchas cosas de Fede, pero definitivamente era extraordinariamente bueno tanto para curar un corazón como para deshacerlo por completo. Fede, como se quedó el mentado Federico en el subconsciente colectivo de nuestras amigas, aprovechó para quedarse un mes en tierras germanas para descansar. No quiso llevar a mi amiga Isabela, pese a que ella le había dicho de mil formas que le encantaría acompañarlo. Usó cuanta excusa pudo. Isabela, como siempre, le creyó.

Para fines prácticos, Fede es otro de tantos que es infiel, lo niega todo y se victimiza. Nada nuevo bajo el sol. Y mi amiga es tan codependiente como hemos sido tantos en la tierra de los vivientes. Hoy justamente recordaba viendo Hay Esperanza que todo adicto es primero codependiente…en fin.

Pero lo que les quiero contar de él es lo que le pasó a mi amiga con la familia Benjumea. El día que Isabela reunió el poquito valor que encontró no sé en dónde para cuestionar a Fede por lo que encontró que le demostró su infidelidad alemana, él no sólo lo aceptó, sino que dijo que ella se lo merecía porque nunca había sido lo que él quería que ella fuera. Le dijo que jamás querría que ella fuera la madre de sus hijos. Que ella no era competente. Que le pedía a la vida que le diera oportunidad sana de cortar y separar sus caminos.

Cada una de estas maldiciones lastimó lo más profundo del corazón de mi amiga. Pero Dios tiene otros planes y esta agonía la acercaría al taller del Maestro, a los pies de Jesús, en donde su alma encontraría sanidad, reposo y restauración. 

En ese camino de sanidad pasaron muchas cosas y la concerniente a la familia fue una de las que más le costó sanar a chabelita. Isabela se marchó de la casa que compartían con 2 maletas. Dejó los 2 gatos que tanto amaba. No se llevó nada más que su dignidad y su ropa, la poca que pudo recoger de ambas.

Ella intentó contactar a los Benjumea. Llegó el cumpleaños de la mamá y le pidió a Nora, la hermana menor de Fede, que si pudiera ir a saludar y compartir tiempo con ellos. Ella le dijo que no, que eso sería indeseable porque seguramente Chabela haría un escándalo y qué vergüenza. Nunca le volvió a hablar, Nora parecía que había decidido odiar a chabela, y chabela decidió resignarse a ese odio infundado. 

Chabela decidió respetar el tono que los Benjumea habían tomado con ella, y pasado un tiempo suficiente, intentó volver a acercarse a ellos para saber cómo estaban. Le preguntó a Fede si podría ir a celebrar el cumpleaños de Estela, su otra hermana. Él le dijo que no, que eso era totalmente indeseable e innecesario, que ella había decidido irse y que toda la familia extendida, con quienes se celebraría a Estela, ya sabía del abandono de hogar, y de lo mala y villana que era Isabela.

Mi amiga chabela lloraba conmigo mientras me contaba esto. Ella no había cuantificado la pérdida que representaba toda su familia política, quienes se convirtieron en su familia, a secas.

Cuando a Fede le preguntaron “¿qué pasó con Chabela?” él muy rápido respondía “me abandonó”.  Le encantaba tirarla debajo del bus, como se dice en inglés, a la menor provocación. Todo menos reconocer su parte dentro del derrumbe de su matrimonio.

¿Me abandonó? pero... ¿Y las infidelidades? ¿Y las humillaciones? ¿Y los desprecios? Y las continuas conversaciones que concluían en “tú estás mal y tienes que cambiar, Isabela”, cuando ella intentaba pedir algo de consideración sobre una situación que le parecía incorrecta, o cuando tenía la desfachatez de dar un consejo a su esposo, al ver un peligro inminente. Todos los problemas se resumían en “tú estás mal, y necesitas cambiar”. “Te crees mejor que yo, por eso dices esas cosas”. Isabela escuchó como en disco rayado la frase que ninguna mujer debería oír ni una sola vez “estoy resignado a estar contigo, ya renuncié a la felicidad. No me haces ni me harás feliz”.

Isabela hizo muchas cosas mal, ella lo pudo reconocer con el tiempo, aún, erróneamente, intentó explicarle a su verdugo que ella estaba mejorando su manera de hablar, que estaba aprendiendo cómo limpiar mejor sus batas, para que no gastaran de más en lavandería. Ella habló muchas veces con Dios reconociéndo todo lo que idolatraba a Fede. Le puso un peso en los hombros que ningún hombre podría llevar, cuánto menos un narcisista.

Buscó la manera de conservar su paz, teniendo un sueño sensible, y durmiendo con Fede, un roncador olímpico. No lo culpó, se las arregló para descansar mejor y evitar tantas peleas significativas, que no debieron serlo. Ella intentaba apaciguar un volcán con una botella de agua de 1 litro.

Lo que Isabela no sabía es que Fede nunca iba a aceptarla, porque para el narcisista nunca será suficiente lo que se haga. Ellos en verdad no tienen llenadera. Ellos no pueden amar, ni a sí mismos ni a otros. Y un adicto a sí mismo muy fácil encuentra eco en una codependiente. Ella lo adoraba y él la despreciaba. Ambos súper mal.

Isabela decidió cargar con el INRI de "abandona hogares" cuando Jesús llegó a su corazón y le dijo que Él había cargado toda la vergüenza, toda la injusticia. Él cargó la cruz en silencio. Y le pidió lo mismo a ella. Isabela quería decirle a los Benjumea que estaba muy agradecida, que los había llegado a amar, que no hubiera querido que las cosas fueran así. Ella quería decirles que no era ni tan mala ni tan buena, que era muy humana y que estaba a penas conociendo a Jesús, pero que, como fuera, siempre tendrían un lugar en su corazón. Que ella quiso llamarlos mil veces o verlos otras más, pero que las condiciones no se lo permitieron. Siendo las principales condiciones el abuso sistémico del que fue víctima por parte de su vástago tan idolatrado, Federico Benjumea. Su nené. 

Quería decirles que, si hubiera podido seguirse relacionando con ellos, sin ver a Federico, lo hubiera tomado. Pero que reconocía que era imposible separar lo junto de lo revuelto.

Hay muchos duelos que se hacen en paralelo y en silencio durante las crisis mayores de la vida, como los divorcios o las muertes. Uno cree que cuando se pierde a alguien, el duelo es exclusivo de la persona que deja de estar, pero hay que llorarle al café que se tomaban juntos en la mañana. Hay que soltar la rutina de ir a trabajar al tiempo o juntos. Hay que dejar ir el dormir acompañado, para comenzar a dormir solo. Hay que soltar a los Benjumea, y llorarlos. Hay que abrazar todos esos dolores, para después soltarlos. Hay que vivirlos y después dejarlos ir. Hay que llorar a la familia que se verá mucho menos a causa de la muerte. Hay que llorar a los sueños que se construyeron no sólo con el que se adelantó, sino con la familia que se tendría si no se hubiese ido.

Y eso es lo bonito, en medio de lo doloroso, de hacer duelos con Jesús. Que siempre estás acompañado mientras lloras cada muerte, cada pérdida, cada familia Benjumea que dejas a un lado. Estas acompañado mientras cuantificas todo lo que perdiste, tangible e intengible. Jamás estás solo. Estás con el Dios que sabe perfectamente cómo se siente la traición más dolorosa. Jesús abrazaba a Isabela mientras ella reconocía ya no tener a la familia que había adoptado en su corazón de lado suyo, sino sentada en la silla de juez sobre ese sufrimiento silencioso que la aquejaba. Fue duro, pero pudo ser mucho peor.

Así que cuando sufras tus pérdidas, llora hasta el cansancio. Y después deja ir. Eso fue lo que aprendió mi amiga Isabela, y ahora es la líder de duelos en su iglesia local. Cuando alguien muere, se divorcia, o un hijo deja el nido, la llaman a ella. Es una gran mujer mi amiga Isabela. 

Bye Bye depresión...

  Esta canción sólo la puse porque hoy quise escuchar a Vilma Palma e Vampiros, de los mejores grupos de rock en español...jajaja para mí, ¿...