Mi tanta falta de querer(me)


Madurar es asumir la responsabilidad de las decisiones erradas y sus consecuencias. Sí, lo escribo mucho, porque es mucha verdad. Si repetir una mentira muchas veces la hace verdad, imagínate lo que hace repetirte verdades todo el tiempo...brutal! Amo esta canción de Mon Laferte, porque creo que siempre pensé de ella como un himno al desamor de otro, pero en estos últimos 2 años y medio más bien se ha convertido en una oda a la carencia de amor propio para mí.

¿Cómo fue que uno se dejó de amar? ¿Cómo podemos vivir soportando la ausencia del amor propio?

Hay veces que comienzo a escribir y me pregunto: 1) ¿Alguien va a leer esto? ¿Puedo hacer el oso en comodidad? 2) ¿Este tipo de reflexiones almáticas serán correctas dentro de este espacio?

Conforme más me acerco a Dios, y más descubro quién soy en Él, tecleo y puedo irme respondiendo. Pues sí, alguien lo leerá, pero eso no significa que voy a “hacer el oso”, es decir, no voy a ser honesta teniendo en muy alto concepto lo que piensen quienes quieran, muy en su libre albedrío, abrir estas entradas, y avergonzarme por lo que piensen. El oso se hace cuando uno siente vergüenza profunda de una acción o expresión propia de su identidad que, posiblemente, no forma parte de lo socialmente aceptado. “El oso” no es algo que necesariamente va a pasar si uno es vulnerable y honesto, puede pasar, pero no es forzoso. Y cualquiera que decida entrar a mi blog y darse cuenta de mis exóticas ideas, pues va o no opinar sobre ellas. Los más valientes hasta me lo reconocerán y me dirán que lo han hecho. No es la norma, pero ha pasado.

Estos ejercicios que escribo en este blog son resultado de algunos “pollitos que me como” con Dios, como se dice coloquialmente aquí en México de mi corazón. Entonces, parto del supuesto que a los que dan “clic” a los links que comparto en Whatsapp, Instagram y/o Facebook, para leer, les GUSTA leerme. Digo eso porque chismosos, no, cero...hahahaha. Un chistecito. 

La única excepción a esto fue mi entrada anterior, que sí estaba dirigida a mujeres valiosas de mi vida y con las que sí compartí el enlace específicamente. Pero fuera de eso, pues aquí viene el que quiere. Por ejemplo, si ahora me estás leyendo, es porque decidiste que querías invertir tu muy valioso tiempo en mis sabias reflexiones jijiji.

Todo esto para decir que sí puedo hacer el oso cómodamente.

¿Serán el espacio correcto? En esto he pensado recientemente. Porque una parte de mí, la religiosa que sigo ahogando, aunque la verraca resucita ante el menor descuido hahaha, cree que mi blog sobre Dios no debería tener la canción de dolor y ardor en el alma de Mon Laferte. Pero, la parte que justo está buscando sanar esa pena crónica que me daba el ser transparente y sin máscaras, me indica que nada de lo que escriba debería estar fuera de este lugar. Pues si Dios es la fuente de todo lo que soy, Él sabe de mis ansiedades y carencias mejor que yo misma. A Él no le ofende que piense que me amaba muy poquito y que me atreva a compartirlo aquí. Creo que hasta le gusta, porque pues sino…lean la Biblia. Al profeta Elías diciendo “ya mátame”, a Job diciendo “mejor no hubiera nacido”. Me gustan mucho los salmos del rey David:

"Estoy cansado de tanto llorar; toda la noche inundo de llanto mi lecho y empapo mi almohada con mis lágrimas". Bro, I really felt that.

“Mi espíritu está totalmente deprimido; mi corazón se ha quedado sin fuerzas". Como decía la chaviza “sí soy”.

Todo esto para decir que sí, que es el espacio correcto. A las pruebas me remito, siendo la mayor de ella el libro que rige mis conversaciones con Dios, la Biblia.

Así que, si Elías estaba tan triste que se quería morir, y Job dijo que “mejor no hubiera nacido”, pues se vale decirme que cómo fue que me quería tan poco aquí, en este blog.

La canción de Mon Laferte le habla a un amor ajeno que le dio la posibilidad de reconocer, bueno ese es mi enfoque optimista, lo migajera que era. Y yo fui migajera, pero qué bueno que también de eso me salvó Jesús. Entonces para mí la evolución de la interpretación de la letra de “Tu tanta falta de querer” es “Mi tanta falta de quererme”. ¿Cómo fue que me dejé de amar? ¿Cómo podría vivir la vida soportando no quererme? Pues miren, a saber. Eso literal es terapia de años hahahha. Bueno no, está bien, sí hay cosas que uno reconoce a estas alturas, tampoco voy a despreciar mi avance.

En mi caso creo que el tema de estarme moviendo desde muy pequeña sin echar raíces en ninguna parte rompió algo en la parte del sentido de pertenencia que es tan fundamental en la infancia. También el hecho de haber interpretado el amor de aquellos que literalmente hubieran dado la vida por mí, como escaso, porque ese amor estuvo bañado de sus propias dolencias y tristezas, de sus propias heridas, me hizo creer que no merecía mucho afecto durante décadas en mi vida. Ya puedo decir décadas, *qué fuerte*. He aprendido que cuando uno no recibe amor incondicional de Dios, siempre va a caminar manco por la vida. A medias marchas. Migajereando de varia forma. Y me atrevo a decir que no he conocido a nadie que haya recibido desde su infancia amor incondicional, pero bueno, eso ya es niveles avanzados…

Todos manifestamos esta carencia de maneras tan infinitas como formas de pecar existen. Orgullo, altivez, baja estima, materialismo, envidia, lujuria, amor al dinero, el deseo de demostrarle a todos que “puedo” (dirían Paco y Catriel -La que puede, puede-)

Al final, todo ese pecado es simplemente otra manera de decirle a la creación que no nos sabemos incondicionalmente amados por el Dios creador de todas las cosas. Cuando uno sabe dónde está la fuente de su vida, y se llena de esas aguas milagrosas todos los días, sí o sí las cosas cambian. Y eso me ha estado pasando a mí.

Yo ya no me veo migajera, y tampoco me avergüenza el reconocer que lo fui. Tengo estos ataques de ansiedad circunstanciales que se apaciguan con el agua eterna que fluye del cielo y baja a mi corazón. Me levanto con el corazón a toda en el pecho, a horas que las películas de terror denominan “diabólicas” (mentiras, son horas muy espirituales), oro, pido perdón, perdono, leo un salmo bien perrón y me puedo acostar a dormir otra vez como bebé.

Todos los días necesito ir a esa fuente, no tengo opción. Y ya me puedo ver como la hija amada de Dios que siempre he sido. Todos los días un poco más, sin presiones, y sin saltos cuánticos. Así ha sido mi proceso hasta ahora. Empiezo a ver las cicatrices que se han formado de esa profunda herida que tuve de falta de amor. Me dejé de amar, o quizás nunca me amé bien. Esperaba tanto de personas que estaban igual o más rotas que yo, y me enojaba cuando se negaban a darme lo que no tenían. ¡Qué locura! quería que otros ya me dieran lo que yo no tenía, ni para mí, ni para darlo de vuelta. Y entonces, cuando me daban sobras de sus propias sobras, sentía que estaba bien. Eso es ser migajero…vivir de las migas de los demás.

Y bueno, así es como resolví sí escribir de Mon Laferte y su tanta falta de querer aquí. O de Julyta y Mi tanta falta de quererme.

No la tengo resuelta, por algo Jesús es un camino. Todos los días se avanza. Quizás por eso a tantos les gusta “el camino de Santiago”. Toca avanzar y cada día trae sus propios afanes y panes. Toca todos los días buscar la vida en medio de tanta muerte, y es necesario escoger la vida. Siempre se puede escoger vida o muerte. Hay días que amanezco con ganas de COMERME AL MUNDO y otras veces veo cómo abre sus fauces para intentar tragarme. Eso ya lo he escrito por aquí en alguna parte, creo…

Así que igual me equivoco, pero ya voy más rápido con Jesús para que me limpie, me perdone, me de perdón para otros y avanzar. No hay más. No tenemos opción amigos lectores. Cualquier otra manera de solventar el dolor profundo, las heridas enquistadas y llenas de pus, o las que te acaban de abrir con machete sucio, las que estás recibiendo en un quirófano limpio, las que te dejaron descolocado hace 40 años, o 20, o 30. Las que te hacen irte a acostarte con quien sea para darte dos segundos de paz mental, o las que te llevan a atiborrarte de comida en la madrugada. Las que te hacen perder 5 horas en redes sociales, o las que te llevan a mentar tu sabes qué duro y parejo ante la menor provocación.

El camino es extremadamente sencillo de entender. La vaina es hacerlo.

Y bueno, eso es todo amigos. No seamos migajeros…ni lujuriosos, irascibles, envidiosos…practiquemos el amor propio, a Dios y al prójimo. Esa es la ley y los profetas. El resumen más ejecutivo de la Biblia. 

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