un Dios como ningún otro- Feliz Natividad de Jesús
Navidad es recordar quién nació, murió y resucitó por nosotros hace 2000 años. Navidad es una manera de adorar a Jesús. Y la adoración es parte fundamental del ser humano.
Desde que comenzamos a apreciar lo que nos rodea, aprendimos a adorar. Me puse un poco histórica hoy, así que ahí les va mi escrito por Natividad.
Las primeras pistas de nuestra tendencia a adorar aparecieron con el hombre-bisonte de la cueva de Chauvet, donde también se cree que existe un posible retrato de Venus. Lo que serían rituales chamánicos, búsqueda del porqué somos y estamos en la tierra, han sido algunos de los racionales de tales obras rupestres. Posteriormente descubrimos a la Venus de Willendorf, escultura que representa este deseo del hombre de tener algún tipo de imagen que retrate la búsqueda de prosperidad como fin y preservación del vivir. Esta Venus consta de grandes pechos y abultado vientre, características reconocidas en la antigüedad como señal de abundancia y fertilidad. El estar bien y encontrar la manera de preservarse a sí mismo ha sido el leitmotiv de los cultos de adoración alrededor del mundo. El retratar aquello que representa esta fuente que sacia nuestras necesidades y pedirle que por favor lo siga haciendo, ha construído las religiones de todas partes.
Después llegamos a Göbekli Tepe, el lugar que le ha roto paradigmas al mundo de la arqueología moderna, justamente por la afirmación de quien la ayudó a desempolvar, Klaus Schmidt: "Primero llegó el templo, después la ciudad". Siempre creímos que la religión era una consecuencia de la civilización, y que a falta de "mejores explicaciones", un ser creador era lo único que podía representar nuestra realidad de existencia, y lo que nos sostiene: lluvia, alimento, reproducción, bienestar. Por lo menos, eso se cree en occidente. Se nos ha hecho más fácil, como hombres modernos, llamar "ignorancia" la idea que hasta hace pocos siglos se tuvo de la creación como producto de la obra de alguien sobrenatural, que en humildad reconocer cómo es verdad que un Dios Creador de todas las cosas estiró con sus manos los cielos y con amor hizo al hombre en la tierra. Y que ésta mal llamada "ignorancia" de generaciones anteriores, en realidad era una mente clara y más limpia que la nuestra, que tenía la libertad de reconocer (sin todo el ruido que nosotros llevamos experimentando los últimos tres siglos) que "Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y el firmamento anuncia la obra de sus manos" (Salmo 19:1). Hemos creído que porque entendemos cómo funcionan algunas cosas, tenemos el mismo estatus que quien las hizo funcionar, y las hizo. Confundimos la misericordia de Dios a través de la capacidad cognitiva del hombre, con poder creativo.
Göbekli Tepe se estableció en un lugar alto, una montaña, lejos de fuentes de agua históricamente conocidas, y fue como ciudad enterrada a voluntad, no producto de los años ni de calamidades. Sus capillas y pilares con símbolos de lo que se adoraba en la antigüedad (animales, constelaciones, y figuras desconocidas), la ausencia de "habitaciones", han consolidado la hipótesis de que fue más lugar de adoración que otra cosa.
Para algunos milenios más adelante ya estas figuras e
imágenes borrosas adquieren nombres que nosotros podemos reconocer. Con los avances en la ciencia y el conocimiento de la historia, llega la asociación más
clara entre los dioses y sus dádivas a los humanos, así como la retribución
que esperaban(an) de nosotros en reciprocidad. Comienzan a aparecer los gigantes de
Babilonia: Anu con su poder creador de gobierno celeste, padre de los Anunnaki,
Enlil, el dios de la tormenta o Marduk, el dios de la victoria y la excelencia
de Babilonia. Los dioses mesopotámicos requerían sacrificios de animales como su
alimento literal y mano de obra humana como soporte de su culto.
Después vemos a Zeus, Hera, Poseidón y Afrodita, entre
tantos otros, que ofrecían a sus adoradores poder, seguridad en viajes,
seguridad en general, fertilidad y amor. Victoria, inspiración y trascendencia
eran el bien recibido a cambio de ofrendas, sacrificios y bacanales heredados tiempo después por los romanos. Que el hombre supiera su lugar inferior y reconociera la
superioridad de su dios, honrándolo y adorándolo públicamente, era fundamental
para tener el favor de estas deidades.
Los egipcios tenían a Ra, fuente creadora de luz y vida,
Osiris con su esperanza de justo juicio y resurrección, Set con su poder
destructivo y Horus legitimando el poder en la tierra de sus creyentes. A
cambio, el alimento y exactitud del rito eran fundamentales para obtener sus
favores.
Del otro lado del charco, nosotros aquí en el norte de Centroamérica, por parte de la herencia Mexica, contábamos con la adoración a Huitzilopochtli, dios del sol y la guerra, Tlaloc, dios de la lluvia, o Quetzalcóatl, la serpiente emplumada que brindaba conocimiento y vida. Del lado maya, tenemos a Hun Hunahpú dios del maíz que ofrecía vida, Ix Chel la diosa de la luna que brindaba fertilidad o Ah Puch que a cambio de la resignación sobre el destino, daba orden al inframundo. Los mayas también tenían su serpiente emplumada que ofrecía conocimiento, Kukulkán, quien tiene su pirámide en Chichén Itzá y se deja ver en los equinoccios de primavera y otoño. Estos dioses, quizás más parecidos a los cananeos como Moloch (a cambio de muerte de infantes por fuego ofrecía prosperidad y seguridad) o Baal Hammon (ofrecía fertilidad y protección a cambio de huesos de niños), requerían sangre y sacrificios de muerte humana con el fin de mantener el orden cósmico. En particular, Huitzilopochtli amenazaba con destruir al Sol y con ella a la humanidad, si no se le daban corazones de hombre.
Actualmente, aún los más sabios en su opinión, ateos,
agnósticos y espirituales, con y sin religión, ofrecen duros sacrificios
inconscientes a muchos de estos dioses con nuevos nombres, en un paquete
diferente, pero igual de exigentes que los de antaño. El dios del dinero
demanda vida de años fértiles y fuertes a cambio de un "futuro"
estable. El dios del amor y la aprobación humana ofrece aceptación personal a
cambio de sacrificar ideales, o intercambia formas propias de pensar por sentido de pertenencia -sentirse
"parte de"-. Muchos otros no se maquillan tanto, como Moloch, que a
muchas mujeres y hombres les sigue ofreciendo prosperidad y futuro cómodo, a cambio de entregar
en el altar del aborto su sacrificio.
Y entonces, el Dios de Abraham, Isaac y Jacob se nos dio a
conocer en la persona de Jesús para trastornar por completo la realidad de la
humanidad y convertir el rigor, el ritual, el sacrificio, la sangre no en una
demanda, sino en una ofrenda propia. Y es por eso que celebro con
mucho gusto la Navidad, la Natividad de Jesucristo. Porque en una humanidad en
la que gobernaban ángeles caídos, el único y verdadero Hijo de Dios decidió
despojarse de Su naturaleza divina para hacerse hombre, nacer en un pesebre,
reconocerse hijo de Dios en cuerpo humano, tomar su cruz y morir por toda la
humanidad, resucitando al tercer día. En una creación corrompida por la avaricia y el deseo de estar bien
por encima de todo, de trascender, de ser validado por pares, el Hijo de Dios
se dió sin escatimar nada, nos ofreció vida eterna plena, nos regresó el
gobierno sobre todo lo que existe y nos amó sin ninguna condición. El creador
de TODO nos ama sin un solo "pero".
Mientras que los dioses falsos nos exigen morir para
encajar, entregar años para prosperar, dar nuestra vida a cambio del bienestar,
Jesús nos entregó Su sangre para que vivamos de manera que YA SOMOS aceptados,
tengamos seguridad en Él independientemente de nuestras circunstancias, y
sepamos que el estar completamente bien es descansar en la Presencia de aquél
que TODO lo llena en TODO. Porque fuera de Dios ninguno de nosotros es completamente.
Estamos caminando a marchas forzadas fuera de nuestra relación con quien nos
hizo, y nos ama por siempre. Podemos existir, podemos aparentar muchas cosas,
pero nuestra existencia plena y consciente sólo está en medio de la intimidad que
tenemos con Dios a través de Jesús. El propósito de todos los hombres habita en
su cercanía con el Padre, por el camino que es Jesús y con la ayuda idónea del
Espíritu Santo.
¡¡¡Así que muy feliz Navidad!!! ¡¡Gracias Jesús por haber
nacido y cambiar el curso de la humanidad!! ¡Gracias por ser el camino! y Feliz 2026, año de nuestro Rey Jesús :)
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