Sólo para cristianos: Sangre Que Sana
Decir que yo considero que el aborto es matar a un ser humano o que el diseño de Dios para la prosperidad de una vida en la tierra se fundamenta en relaciones heterosexuales, creaba istmos profundos entre personas que siempre he considerado valiosas para mí y yo misma. Y es chistoso, porque yo no considero que sea mejor que nadie, de hecho verdaderamente más bien lucho con este antiguo sentimiento de poco valor, y he sido muy falsa e hipócrita muchas veces en mi vida. Sigo luchando con varias inconsistencias en mi carácter y, ya por fin, hice paz con la idea de que seré obra terminada cuando esté delante de mi Hacedor. Entonces estas opiniones no vienen de un "me sé o me siento mejor que x persona". Más bien vienen de la convicción profunda de que existe una verdad absoluta, una manera correcta de vivir la vida en la tierra, y que esa está en Jesús y en la intimidad que cada ser humano desarrolle con Él. Esta convicción no me hace superior, pero me da profunda esperanza. Me da un norte. Y el norte es esa guía que nunca alcanzas pero siempre te da una ruta para caminar. El norte es Jesús, el camino que se anda, para llegar al Padre.
Es muy esperanzadora la idea de que toda la historia de la humanidad es una carta de amor de quien nos creó para nosotros, que considera y respeta nuestra libre capacidad de hacer lo que queramos, así sea dañarnos a nosotros o a otros, y que culmina en una salvación de todo aquél que la quiera.
Pero lo oscuro de la época en que vivimos es que afirmar este tipo de ideas, inevitablemente para muchos, sonará a agresión. Aún a cristianos. Y lo más increíble de la palabra de Dios es que todo esto ya estaba predestinado a ser; vean lo que dice el apostol Pablo al respecto:
2 Timoteo 3: 1-5 "También debes saber que en los últimos días vendrán tiempos peligrosos, y que habrá hombres amantes de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, envanecidos, que amarán los deleites más que a Dios, que parecerán muy piadosos, pero negarán la eficacia de la piedad; evítalos".
Aquí la palabra mágica es "parecerán muy piadosos". Esto no es para inconversos, es para aquellos que se dicen ser cristianos. Entonces vemos que era una presuposición que desde la venida de Jesús, vendrían tiempos en los que el ser humano sería egocéntrico, egoísta y perverso, en la iglesia. Y considerando que el apóstol Pablo creía que Jesús regresaría durante su vida en la tierra, esta tendencia nada más va en aumento conforme pasan los siglos.
Y bueno, volviendo a la sangre de Jesús...ella es la medicina para esta maldad que hay en el mundo y comienza en nuestro corazón:
Hebreos 9:22 "De hecho, según la ley de Moisés, casi todo se purificaba con sangre porque sin derramamiento de sangre no hay perdón".
La sangre de Jesús nos ha habilitado para ser libres del pecado de una manera muy bien reflejada en la biología: el antídoto para la mordedura de serpiente.
Cuando una persona es mordida por una serpiente, tiene que recibir a la brevedad inyecciones anti-veneno que la curen. Estas inyecciones provienen de los anticuerpos que las ovejas producen. Y el mecanismo va mas o menos así: durante meses las ovejitas son inyectadas con pequeñas dósis de veneno que con el tiempo van generando anticuerpos. Las ovejitas se usan porque tienen la capacidad de responder rápido al veneno y eficientemente generan antídoto. Esta idea es una revelación hermosa de la salvación a través de la sangre de Jesús:
Juan 1:29 "Al día siguiente, Juan vio que Jesús se le acercaba y dijo: «¡Miren! ¡El Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!"
Hace 2000 años los evangelios nos narraban cómo Juan anunciaba que Jesús quitaba el pecado del mundo, como cordero. Hasta 1890 el antídoto para la mordedura de serpiente se desarrolló. Nos tomó 1900 años ver en la ciencia la verdad de cómo la sangre del Cordero se volvió el remedio para el pecado del mundo. Jesús vino y vivió 3 años de ministerio, expuesto a pequeñas dosis de pecado, ante el cual no sucumbió pero que siempre estuvo incitándolo, para que dentro de Él se gestara toda la salvación que el mundo necesita. La serpiente pensaba que estaba matándolo con cada traición, con cada duda de sus discípulos, con cada treta de los fariseos, con la persecusión silenciosa de los romanos...pero en realidad estaba produciendo el antídoto al pecado del mundo. En la sangre de Jesús, en la que él vivió mientras minsitraba a miles en la tierra, se estaba preparando la libertad para nuestras heridas más profundas. Jesús no estaba tan preocupado por el fruto del pecado, sino por la raíz que nos llevaba a inevitablemente pecar. Sabía que siendo hombre, y en profunda comunión con el Padre, no actuando en sus poderes divinos, sino en sus restricciones humanas, siendo tentado, perseguido, acosado por el pecado, crearía dentro de sí la capacidad de resolver el pecado del mundo.
Y esto es lo hermoso de la persecusión que vivimos como cristianos. El dolor del rechazo por causa de Cristo es la demostración de la salvación que hay en nuestra alma. Porque cristiano es aquél que es como Cristo. De ahí viene la palabra, de hecho significa si mal no recuerdo "pequeños Cristos".
Juan 6: 52-59
“Los judíos discutían entre
sí, y decían: «¿Y cómo puede éste darnos a comer su carne?» 53 Jesús les dijo:
«De cierto, de cierto les digo: Si no comen la carne del Hijo del Hombre, y
beben su sangre, no tienen vida en ustedes. 54 El que come mi carne y bebe
mi sangre, tiene vida eterna; y yo lo resucitaré en el día final. 55 Porque mi
carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. 56 El que come mi
carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. 57 Así como el Padre
viviente me envió, y yo vivo por el Padre, así también el que me come también
vivirá por mí. 58 Éste es el pan que descendió del cielo. No es como el pan que
comieron los padres de ustedes, y murieron; el que come de este pan, vivirá
eternamente.» 59 Jesús dijo estas cosas en la sinagoga, cuando enseñaba en
Cafarnaún. Necesitamos la sangre de Jesús para ser sanos. Y cuando lo somos,
queda evidencia de la herida del pecado en forma de cicatriz, pero ya no nos
lastima”.
En Jesús siempre hay vida y hay esperanza. Beber de la sangre de Jesús es incorporar las verdades que hay en la Palabra a nuestro día a día. Bebemos la sangre de Jesús cuando declaramos que somos sanos a través del sacrificio de Jesús, cuando nos arrepentimos por nuestros pecados las veces que los hagamos, cuando somos conscientes y vivimos como hijos de Dios. Comemos de Él cuando integramos Sus palabras a nuestra mente y las convertimos en acciones cada día. Al fin y al cabo, somos lo que comemos (y lo que bebemos).
Isaías 1:18
“Vengan ahora, y pongamos las cosas en claro. Si sus pecados son como la grana, se pondrán blancos como la nieve. Si son rojos como el carmesí, se pondrán blancos como la lana”.
El anticuerpo que las ovejas producen contra el veneno de las serpientes funciona neutralizándolo y restringiendo su capacidad destructiva dentro del cuerpo humano. No destruye el veneno, lo neutraliza. Como cuando somos sanos de una herida, queda evidencia de la herida en forma de cicatriz, pero ya no nos lastima. El pecado que usamos para resolver nuestros dolores, el dolor que nos llevo a pecar queda como una huella en nuestra mente, como cicatriz en nuestro corazón, recordándole a nuestro cuerpo, como buen anticuerpo, que el pecado estuvo presente, que el veneno nos alcanzó, pero que no pudo consumirnos. Nuestra boca es nuestro hisopo y en los dinteles de nuestras puertas ponemos la sangre del Cordero de Dios. Nuestro antídoto a la maldad tomó 3 años de ministerio activo en formarse, y resultó en la salvación de la humanidad.
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