Préstamo de 80 a 100 años
Hoy
escuché una enseñanza de Jeff Vines que giraba en torno al gozo como producto
del agradecimiento. Realmente no tengo mucho qué decir por ahora. Estoy
procesando mucha información, pero la idea general es que, en parámetros
bíblicos, la riqueza humana como Jesús la planteaba era tener un techo, cama y
comida. El tener contentamiento eterno tiene mucho que ver con dimensionar en
su justa proporción las cosas que poseemos. Todo lo que poseemos en esta vida,
lo tendremos por unos 80-100 años. Pero lo que somos es eterno. Lo más
importante que tengo es lo que soy, y eso es hija de Dios. Sobre eso, la mayor
riqueza que puedo tener es que otros lleguen a entenderse como hijos de Dios
(por todos ha muerto y resucitado Jesús). Si esos dos parámetros fueran los vectores
principales de mi vida, y si todo lo que tengo en la tierra lo entendiera bajo
esa óptica (que en realidad no es mío, porque sólo lo usaré por un límite de
tiempo definido), gastaría cada segundo por enriquecerme en la eternidad,
sembrando el Reino de los Cielos en otras personas.
Hablo
de esto en indicativo condicional porque no es algo sobre lo que en este
momento actúo. Quisiera ser más consistente entre lo que sé que es cierto y
cómo actúo. Creo que los sentimientos son ese puente entre ambas cosas, pero
como llevo reflexionando, a penas estoy sanándolos entonces todavía me resulta
un poco complejo.
Creo
que la consistencia que lleva los pensamientos a la acción la definen los
sentimientos, la pasión. Pero tampoco creo que necesariamente todas las
acciones nacen del sentir. En este momento no siento muchas cosas, pero las
hago porque sé que son correctas. Son correctas porque cuando las he hecho, han
dado un buen fruto. Un fruto que ha sido bueno para mí y para otros. Pero el
sentir es algo en lo que se debe trabajar continuamente, que se alinee con lo
que es verdad. Y la verdad es Jesús.
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