Verdades que editan- algo personal parte 2 (Buenísimo :p) hahahaha
Disclaimer: por varias razones, tuve que aplicar lo que hacen las miniaturas de YouTube para llamar la atención a esta entrada. No abusaré de este recurso.
(Les debo la imagen *imagínela correspondiendo al título e inserte aquí*)
El escribir
es una disciplina, a la que como a tanto en la vida, una vez que te lo
propones, vas a encontrar mil excusas para no hacerlo. Hoy, además de que no me
he sentido particularmente bien emocionalmente hablando, realmente a penas me
puedo sentar frente al buen Word a continuar con mi sana disciplina.
Aprovechando
mi ánimo y la reflexión que comencé el viernes, voy a seguir con esta meta que
tengo tatuada en el corazón de modificar mis pensamientos para mejorar mis sentimientos.
Dios sabía
que hoy necesitaría escribir de esa otra parte que mencioné en mi entrada
anterior. Hay muchas verdades que son fundamentales para el bienestar de mi
alma y que existen, pero no forman parte de mis sentimientos, pensamientos y paradigmas
de forma natural. Es decir, no me fueron reveladas, o inculcadas, no tuve mi
apocalipsis y lo estoy teniendo que buscar ahora (no pasa nada, todos nos
enfrentamos con esto conforme maduramos, aunque no todos lo enfrentamos de la
misma manera). Hay cosas que no podemos creer pero que son verdad. Como que
Dios nos ama. Y hay un millón de razones, o más, que nos damos/dan para no
hacerlo. Malas relaciones con figuras paternales, o figuras masculinas de
autoridad, pésimo ejemplo de personas que se decían ser representantes de Dios
desde los siglos y hasta el regreso de Jesús. Tragedias personales. Muchas
cosas nos pueden hacer sentir que Dios no nos ama. Y quizás esos sentimientos
sean casi imposibles de combatir. Yo llevo muchos años siendo cristiana, pero a
penas ahora estoy comenzando a entender el amor de Dios. Y yo creo que esto no
es algo que sólo me pasa a mí. Muchas personas que hemos crecido dentro del
mundo cristiano, eventualmente nos enfrentamos con a misma decisión que todos los
que no lo han hecho: creer que Dios me ama o no. Y se escribe fácil. Pero nada
de eso…Ese extraño y real concepto del ser por encima del sentir,
suena muy ajeno en medio de nuestra sobre-estimulada y sensorial generación.
Ya les he
mencionado mi lucha con el basar mi ser sobre mis experiencias sentimentales/sensoriales,
si no directamente, indirectamente. He recordado mucho como en el último año de
bachillerato tuve que hacer un ensayo sobre la existencia de la verdad
absoluta. Y en su momento se me hizo bastante coherente el decir que en
realidad la verdad era relativa. Que lo absoluto es incognoscible. Ahora, estoy
segura de que la verdad existe y es una persona. Es Jesús. Y es bastante fácil
de conocer por lo menos en nuestros días y en nuestro continente hispanoparlante
de raíces cristianas.
La verdad
creó al universo con Su ser (en el principio era el Verbo, y el Verbo era con
Dios y era Dios). La verdad se hizo hombre y trajo una cosmovisión dramáticamente
diferente a todo lo que había existido hasta ese entonces, expresó que el bien
supremo es humillarte frente a los que te odian, el pagar bien por mal, el perdonar
infinitamente a quien te lastima, el ayudar al rechazado por tu grupo social,
el velar por el bien de los más desamparados. Murió, pero contrario a tantos
otros que habían profesado ser seres divinos, resucitó, ascendió al cielo, e
impactó tanto al mundo que vivimos en el año 2024 Después de Su nacimiento.
Gracias a Su radical presencia en nuestro mundo, los esclavos fueron liberados,
los hospitales desarrollados, los orfanatos inventados, las mujeres pasaron a
tener una opinión válida y considerada, la medicina y la ciencia avanzaron en
todas partes.
Y esa
muerte fue por amor. Esa verdad que puedo relatar ha sido parte de mi teología
desde hace años, pero puedo decir que sólo a través del fuego de las pruebas que
he estado viviendo se han podido tatuar en mi corazón. Y se han tatuado de una
forma superior a mis sentimientos. Yo no todos los días me “siento” amada por
Dios. En realidad, no todos los días me siento cualquier cosa. A veces me
siento triste, a veces me enojo, a veces estoy alegre, otras veces me frustro,
otras veces me siento muy agradecida y optimista. Pero TODOS los días me SÉ
amada por Él. Últimamente esta convicción de que soy hija de Dios gracias a eso
tan inefable que hizo en esta tierra, en esa cruz y en esa resurrección, simplemente
es en mí.
Esa verdad
de que soy amada por encima de lo que siento es algo nuevo para mí. Toda mi
vida mi sentido de validez se sustentaba mucho en la aprobación recibida por
buen desempeño, de autoridades (aún en la misma iglesia), profesores, amigos, parejas,
etc…
Y ahora me sé
amada. El amor no depende de nada de lo que pueda hacer. Tampoco de nada que
deje de hacer. No depende de cómo me siento o no me siento. El amor de Dios no
considera el desempeño. No considera mis capacidades, ni lo que le puedo dar.
El amor de Dios es la realidad en la que vivimos aquellos que hemos decidido
creer en lo que Jesús hizo por nosotros en la cruz del calvario. Y sobre esa
verdad hemos de movernos, porque somos amados. Nosotros no actuamos de una u
otra manera para ser validados, reflejamos la validación que por existir
tenemos por medio de nuestras acciones. Y todo nace de ese agradecimiento que
tenemos.
La verdad
que me había tardado en saber, pero que es sustancia de mi vida, es que Dios me
ama, y lo demostró con acciones, pero yo no le tengo que demostrar nada a Él
para recibir ese amor. Sólo creer en lo que Jesús hizo por mí. Creerlo como
creo que nací en Bogotá, que soy buena cantando, que mis manos escriben este
texto. Creerlo porque es.
Yo no me
siento que nací en Bogotá. Yo nací ahí. Yo no me siento que canto bien. Yo
canto bien. La verdad es. No se siente necesariamente, refleja lo que simplemente es.
Comentarios
Publicar un comentario