Lo bueno y lo justo
TODO LO
BUENO, TODO LO JUSTO, SI TIENE BUEN NOMBRE, DE ESTO ESCRIBID
(Mi interpretación
de Filipenses 4:8)
Hace mucho
no escribo, y quería volver a hacerlo de una manera respetuosa, en un mejor
lugar y, procurando, algún tipo de periodicidad. Como muchos y como tantos,
también he estado luchando con la ansiedad y con estas tristezas enormes a las
que me niego llamar depresión, pero quizás justo eso son. Siempre me ha gustado
mucho escribir, y aunque de antemano reconozco que no considero haber leído lo
suficiente ni saber tanto como para transmitir un mensaje trascendente, tengo
la intención de hacer una terapia de esto. Para los que me conocen, no es
secreta mi tendencia al fatalismo y a la catástrofe. Mi temperamento
melancólico me lleva muchas veces a pensar en los escenarios más nefarios (palabra
de la semana que recordé por una de mis mejores amigas esta semana 😊), a la velocidad de la luz, menor provocación
y sin temor a las consecuencias. Realmente si este fuera un super poder, de las
personas que conozco, nadie podría ganarme. Lo digo con vergüenza y orgullo
chistoso. Y, en contra de mi manera de ser, y sin saber cómo este ejercicio
resultará, quiero dirigir mis pensamientos y mis palabras a Filipenses 4:8 “Finalmente,
hermanos, piensen en todo lo que es verdadero, en todo lo que merece respeto,
en todo lo que es justo y bueno; piensen en todo lo que se reconoce como una
virtud, y en todo lo que es agradable y merece ser alabado.” Entonces, mi meta
es generar un blog que escribe de cosas buenas, con la advertencia de que, quizás
en ocasiones, mi melancolía se cuele, pero con el objetivo de evitarlo. Quiero
pensar en todo lo que sea virtuoso, y me doy cuenta de que esto suele pasar si
consigo escribir y meditar en todas las cosas que son buenas.
Estoy en un
proceso dentro de mi caminar con Dios, en el que todos los días me doy cuenta de
lo mal que juzgo las cosas y de lo mucho que no pienso bien de lo que sucede. Luego
recuerdo que esto pasa dentro de la iglesia, como cuerpo de Cristo. Muchas veces
yo me he acercado a Dios como el que juzga lo que hago todos los días, mide mis
fallas y cuenta cada error. Y esto es una idea que nació completamente en mí, la
idea que hacemos de Dios nace en nuestra respuesta a nuestro entorno, a la
información que nos dan, a los dogmas que nos enseñan, al contexto en el que
vivimos, y en lo que nosotros somos, o nos convertimos. Eso creo que es en
muchos casos el cristianismo para un montón de personas. No me consta, no es algo
científicamente comprobado, no he visto estudios o tesis al respecto. Es mi opinión.
El cristianismo, como tantas religiones se ha convertido en un camino hacia un Dios
autodefinido, una trascendencia, un lugar que le de significado a nuestra
existencia. Y pensamos que viene de nosotros. Y lo hacemos tan personalizable
como individuos somos. No me extraña que haya tantas denominaciones dentro del
cristianismo, si cada quien se inventa una expresión de Dios a su medida, le hace
una nueva ley, que se ajuste a sus expectativas, y pone un nuevo templo, con
nuevas normas, que son como uno es. No es un juicio en el sentido de “esto está
mal”, es una descripción. Durante mucho tiempo califiqué a las personas como buenas
y malas, y todavía lucho mucho con ese mal vicio, pero ahora estoy convencida
de que todos somos una amalgama de maldades y bondades con infinidad de
matices. Y eso mismo pienso de las múltiples denominaciones y congregaciones
que conforman el cuerpo de Cristo en estos postreros días. Sería muy fácil
decir que todas esas están mal y todas estas están bien. Sería sencillo catalogar
las cosas binariamente. Pero esto no es un software, sino un organismo, el
cuerpo de Cristo, es algo que está vivo, y todos los días crece, de formas que
no entendemos, en lugares que no sabemos, e idiomas que desconocemos.
Desde yembés
en África, a guqines en China, guacharacas colombianas, o guitarrones mexicanos y,
todos en una sinfonía se unen constantemente a lo largo y ancho del mundo para
dar gloria a Dios, en idiomas que no conocemos, y con melodías que no habíamos
escuchado. Dios es más soberano, más amoroso y más justo de lo que podemos concebir.
Y por absolutamente todos los hombres Jesús dio la vida en la Cruz. No sólo los
que piensan, se ven y hablan como tú. Eso me gusta mucho de esta época, con sus
bemoles, pero estas letras van a hablar más de lo bueno.
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