La virgen, el bebé y la arrodilladita
He estado
siguiendo el plan de lectura bíblica de Nicky Gumbel, un ministro británico que
todos los días hace muy buenos comentarios que relacionan historias cotidianas
con fracciones de la Biblia que llevan a escucharla/leerla completa a lo largo
de un año. Hoy recordé mucho una de ellas y creo que tiene que ver con el
proceso de sanidad que muy agradecida me encuentro llevando. La reflexión habla
del cuadro que está arriba, del maestro renacentista Filippino Lippi, quien era
amigo de Botticelli. Esta obra, a ojo frontal de buen cubero, se ve desproporcionada.
El crítico de arte Robert Cumming estaba observándola en el museo de Arte
Británico y no entendía bien las dimensiones ni el sentido de las miradas. Estos detalles lo tenían “cabezón”,
pensando mucho en cómo alguien tan talentoso había cometido errores básicos a su parecer.
Cuenta la
historia que Robert un día tuvo una epifanía. Pasaron varios años sin que la
pintura se apreciara correctamente, muchos críticos habían juzgado esta
desproporcionalidad, pero finalmente Dios tuvo misericordia y el buen crítico conectó
los puntos: la pintura fue diseñada para estar en un altar, el de la iglesia de S.
Pancrazio, en Florencia, no frente a críticos y paseantes en el pasillo de un museo.
Cuando se arrodilló
frente a ella, el crítico pudo ver todo en sus correctas proporciones, y aun
las miradas antes desconcertantes, tomaron sentido. Los brazos largos se vieron normales, las miradas perdidas tenían dirección, y lo que parecía locura, se volvió genialidad. And I really felt that. Tocó mi cócoro.
No es
secreto que soy una persona sensible. Y esto tiene muchos sostenidos y bemoles. Aquellos que somos así tenemos la capacidad de encontrar palabras para cosas que muchos
piensan, o de sentir felicidad muy intensa. Por otro lado, nuestros puntos bajos
pueden ser bastante oscuros. Es bonito y doloroso. Es complicado. En un mundo
lleno de agredidos/agresores, donde todos somos muy víctimas y victimarios, la
sobre-sensibilidad es un arma de doble filo. Y es algo que se necesita dominar, pulir,
para que no hiera. Este atributo hace que fácilmente uno pierda el foco, porque
recurrir a los sentimientos cuando eres sensible es lo natural, es el recurso
primario, la respuesta automática. Entonces todo lo ves frente a frente, y pierdes mucha perspectiva. Perspectiva que por favor de Dios recibió el buen Robert Cumming, y gracias a la que puedo escribir hoy esto.
Hemos
perdido tanto tiempo viendo nuestros problemas de frente, cuando la respuesta
está de rodillas y viendo el rostro de Dios. Hemos perdido vida viendo todo en
una sola dirección cuando podemos admirar nuestro alrededor en tres dimensiones.
Hebreos
12:2 nos recuerda que los ojos se ponen en Jesús, mientras corremos la carrera
de la vida. Ubicar la mirada en el lugar correcto en medio de la adversidad o
del gozo desbordante siempre llevarán a un buen lugar. Sea para salir de un
problema, o para conservar la bendición del bienestar. Y si hoy se ve muy desproporcionado
el mal que enfrentas, una arrodilladita puede ayudar mucho. ¿Cómo dice esa
frase que decimos mucho, pero ejercemos poco? No le cuentes tus problemas a
Dios, cuéntale a tus problemas qué tan grande es tu Dios.

Comentarios
Publicar un comentario