La triste historia del pez gota
El pez gota es ese que tiene cara de Doug Narinas deprimido (los conocedores, conocerán), y que ha sido objeto de múltiples burlas y ternuras. Aunque mi objetivo inicial de este blog era hablar de puras cosas buenas, prometo llegar a una conclusión que no termina en la tristeza. O por lo menos hacer todo lo posible de mi lado para que no quede en tristeza. Sin embargo, como muchas cosas en la vida, es necesario que primero entendamos lo triste de la situación para llegar a apreciar lo bonito. Realmente muchas veces necesitamos saborear lo amargo para disfrutar lo dulce.
El pez gota o blobfish es esta especie que habita en su estado natural entre 600 y 1200 metros bajo la superficie del mar. En su ambiente se ve como cualquier pez, sin embargo conserva el super poder de la longevidad, pudiendo vivir hasta 130 años, así como de ser un excelente cazador pasivo, comiendo todo lo que pase cerca de él sin consumir mayor energía.
Este pez me llegó como una revelación de esas que Dios todos los días le está mandando a los hombres. Dice Job 33 que Dios le habla al hombre de una o dos maneras, yo creo que Eliú se quedó corto. Dios habla de mil maneras, conforme a la época y de acuerdo al hombre. Dios, como excelente comunicador, sabe cómo llegar a la audiencia que necesita escucharlo. En mi caso, como mujer del siglo XXI, he de decir que me ha llegado a hablar aún por medio de reels, memes, videos, documentales, etc.
En este caso el buen Richieto me mostró el video de la injusticia a la que ha sido expuesto el silencioso pez gota. Este animal no nos lo podemos comer, pero aún así varias ocasiones lo hemos capturado como daño colateral de una pesca invasiva de las profundidades del mar.
Es decir, nos burlamos de un animal al que extraemos de su hábitat natural, exponemos a diferencias de presiones destructivas, mismas que alteran su apariencia y le impiden la supervivencia, por puro accidente, a consecuencia de nuestras malas prácticas de pescar lo que a nadie se le ha perdido en lugares que deberían permanecer escondidos.
Y pensé en cuántas veces hemos juzgado a las personas como al pez gota. Como nos hemos burlado del aspecto de personas que están completamente lejos de su hábitat natural. La mayoría de seres humanos nos encontramos viviendo pruebas que no pedimos, no quisimos o cuya relación con alguna decisión que hemos tomado en el pasado nos resulta incognosible al momento de experimentarla. De cualquier forma, estamos siendo pescados, o extraídos de nuestra hábitat natural, por redes de enfermedades físicas, mentales o del espíritu. Todos estamos lejos de la presencia de Dios, que es nuestro hábitat natural. Y nos vemos como el pez gota. Nos conocen con la narizota, la piel inflamada, la cara triste. No somos así, si nos vieran en nuestro hábitat natural verían lo hábiles que somos para la caza, o los más de 100 años que podemos vivir, lo bien que podemos escribir, lo fácil que nos es el entender a otros, lo bueno que somos sirviendo a las demás personas, los abrazos reconstructivos que podemos dar, los consejos millonarios que damos gratis, lo bien que tocamos uno o varios instrumentos, las manualidades tan hermosas que hacemos, la facilidad que tenemos para resolver complejas ecuaciones y su aplicación a tantos problemas cotidianos, lo súper buenos vendedores que somos, la paciencia que tenemos con los niños o con los ancianos, los diseños épicos que nos salen sin pensar, lo mucho que cuidamos a nuestros papás, lo bien que criamos a nuestros hijos, lo productivamente que hacemos cada actividad, lo incondicionales que somos como amigos, lo prudentes que somos en cada conversación, lo mucho que animamos a otros a conseguir sus sueños, y lo mucho que luchamos por los nuestros, lo fantásticos que somos y el bien que le hacemos a nuestro ecosistema.
Pero así somos, juzgamos lo que vemos con nuestros 2 pesos de perspectiva. Nos cerramos a la infinidad de bienestar que puede haber en otros, porque los queremos ver con nuestros sesgados ojos, no con el amor con el que Dios los/nos hizo.
El pez gota, como especie, ha vivido y vivirá más de lo que nosotros podemos. Si bien dicen que es una especie en peligro de extinsión (y no dudo que sea vulnerable por tan torpes que somos administrando la Tierra), el mar y sus profundidades son tan mistoriosas para nosotros que veo más posible que entre seres humanos nos destruyamos primero, antes que él deje de ser.
Y quizás así también nosotros podremos continuar siendo, pues como profundo es el mar, disponible está la presencia de Dios para los que lo quieran encontrar. Y en esa presencia no estamos deformes, ni heridos, ni muertos. Ahí podemos vivir en nuestra máxima expresión. Ahí podemos ser lo que nacimos para ser, ahí podemos dar todo el bien que Dios nos regaló para compartir con los demás, sin que nos importe lo que otros digan. Ahí podemos estar tan ocupados viviendo más de 100 años, que no exista tiempo para que alguien nos juzgue por la temporada que vivimos fuera de nuestro hábitat.
Espero que cada que veas una mala cara, o a alguien muy de malas, cuando te traten mal, de forma injusta o percibas amargura en alguien a tu alrededor, consideres que quizás no está en su hábitat natural. Quizás está siendo probado de formas que no conoces, y si te lo hubieras encontrado en otro escenario, verías sus talentos, dones y qué tan agradable es. No te quedes con la narizota, ni con la piel inflamada. Evita el considerar "piensa mal y acertarás". Quizás esta forma de pensar es tu propia piel inflamada. Es la expresión de tus propias heridas porque estás fuera de tu hábitat. (Creo que uno como ser humano no quiere verdaderamente pensar mal, sino que esto es el resultado de nuestras aflicciones y traumas, son nuestras respuestas a malas pasadas experiencias).
Considera los días que tú también has sido difícil de ver y de admirar. Creo que yo he sido muchas veces difícil de valorar, a consecuencia de mis malas maneras (a sabiendas y en ignorancia), y de mis dolores sin descubrir, pero hay personas que Dios pone en el camino que me ayudan a regresar a ese hábitat de la presencia de Dios, donde soy lo más que puedo ser. Es un proceso, como todo en la vida...
July

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