El poder de las panaderías japonesas y un propósito de los dolores

*https://youtube.com/shorts/RLrbCQYcIRE?si=o_DWrJa6Ya9B779H

Este video narra cómo los dueños de una panadería japonesa diseñaron de forma no intencionada un sistema con Inteligencia Artificial que reconoce células cancerígenas. Resulta que su sistema de entrega y cobranza de productos era muy personalizado y complicado, a los clientes les gustaba recibir el producto sin empaque (esto lo asocian en japón a frescura), y cada uno tenía un precio individual. Entregar el producto sin empaque y poner precio al momento era todo un reto para entregarlo en tiempo y forma. Entonces contrataron a una empresa para que diseñara un programa que, a través de un sensor, identificara las formas de los pasteles para poder acelerar el proceso de etiquetado y pago. Resulta que las células del cáncer bajo ciertas condiciones también se perciben como donas en el microscopio. Y así, un problema logístico de una panadería terminó trayendo luz a un mal tan grave como el cáncer.

Hay muchas cosas en la vida que son así. Ayer meditaba en lo importante de atender a las advertencias que nos dan las dificultades, pero hay otra cosa de mucho provecho que puede salir de las dificultades. El testimonio, que puede ser una solución intangible para situaciones complicadas que viven los que nos rodean. 

En este caso, el testimonio del problema logístico de las panaderías japonesas terminó siendo precursor de nuevas formas para detectar, y quizás en el futuro tratar, el cáncer. 

 

Este ejemplo seguramente lo has visto en tu vida, o en alguien que forma parte de ella. Cuántas veces el problema que no tenía solución terminó siendo la respuesta para otros problemas que no sabías que tenías, pero eran mucho peores. Cuántas veces un hueso roto ha ayudado a encontrar un tumor. Cuántas veces el perder el boleto de un avión o el no poder llegar a un lugar evitó una tragedia.

Mi papá me cuenta que mi abuelito iba a tomar un vuelo, no recuerdo bien qué año, pero fue allá a mediados del siglo pasado. A mi abuelito no le querían pagar los viáticos y él se negó a viajar. Resultó que el enojo que le dio que no le pagaran los viáticos y no poder viajar, se convirtió en un profundo alivio cuando el avión se estrelló en algún cerro y nadie sobrevivió. Ese pudo ser él.

 

Uno no tiene idea de cómo la prueba que enfrenta, cuando lo hace, va a resultar de bendición para su propia vida o la de los demás. Y uno tampoco sabe qué de lo que está viviendo es fruto de sus propias cosechas o afrentas que desarrollan carácter y madurez. O ambas.

 

Una de las cosas que más me hacen admirar a Dios es esa capacidad de agarrar todas nuestras tragedias, dolores, padecimientos, volverlas hilos, y tejer lienzos de obras que son los testimonios personales, para los demás. Muchas de las tragedias a las que nos enfrentamos suelen ser resultado de injusticias que entre nosotros nos hacemos. Alguien decide manejar en estado inconveniente, alguien no tiene el conocimiento para hacer algo y no dice que no puede hacerlo, alguien prefiere el dinero fácil al trabajado, alguien decidió no hacer bien sus cálculos en el metro…Aún así, Dios en su soberano poder, sin dejar de respetar nuestro libre albedrío, se vale de nuestras faltantes para llenar huecos en un plan eterno que poco a poco entendemos, pero no del todo.

Podemos ver ese plan cuando conseguimos que cosas cambien entre nosotros. Los testimonios pueden llegar a volverse leyes que procuran el bienestar de nuestra sociedad. No podemos verlo cuando la injusticia que vivimos parece ser más grande y abundante que los años que estemos en la tierra. Hay a quienes se les ha hecho justicia años después de estar lejos de la tierra de los vivientes. Hay conexiones y formas de justicia que nos son muy desconcertantes porque no parecen tener que ver unas con las otras.

 

En la iglesia, lo más importante dentro de congregaciones sanas es que exista la posibilidad de confesar unos a otros nuestras ofensas. El hecho de confesar un fracaso, un pecado, una pena nos trae sanidad. Pero, a lo largo del tiempo, ya pasada esa prueba en particular, la suma de todas nuestras confesiones puede convertirse en una película que resulte de ejemplo para otros. Justamente para prevenirlos de equivocarse en lo mismo que uno, o para dar ese sentido de esperanza a los que no la ven en medio de sus aflicciones. 

"Hebreos 12:11 Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados."

 

De cualquier forma, vale la pena considerar que lo que sea que estemos viviendo tiene como propósito un bien mayor, individual o colectivo. Y que el problema de un panadero japonés podría llegar a ser la cura del cáncer aquí en México. Quién lo iba a pensar, quién iba a conectar esos puntos…

 

Dios y ahora nosotros.


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