El megáfono y el susurro


"Creo que tengo una mala relación con el dolor, por un lado me ha impulsado a hacerte los cambios más positivos en mi vida, por otro me produce una incomodidad extraordinaria". TODOS. En algún momento.  

Una de las lecciones que más estoy reescribiendo en mi disco duro es que anhelo no requerir, nunca más, de una dificultad/adversidad/problema para comprender la profunda necesidad que tengo de Dios. Decido de corazón retar la idea de “trabajo mejor bajo presión” en mi vida espiritual, y también en la cotidianidad. Realmente no me gusta sentirme presionada, creo que es algo que le compré a algún ansioso que consideré autoridad (quizás hasta admiré) en algún punto de mi adolescencia. Puedo entender a las personas que dicen que se sienten súper eficientes cuando tienen el reloj encima, la presión a fondo y al aliento de la entrega pendiente en el cuello. Pero si yo lo pienso, a mí no me gusta. Quizás no lo había externado porque pensaba que era bueno o por esa creencia de que se le tiene una aceptación grupal mayor a las personas que tienen esa postura. De ser mucho más productivos bajo presión. Pero creo que mi July en recuperación piensa que eso no es el estado natural del hombre, por lo menos mío seguro no es, y que a los que nos vendieron esa idea de “trabajo mejor bajo presión” necesitamos recordar el gusto de sentir paz cuando con tiempo se hacen las tareas pendientes. El hacer las cosas en orden también satisface el alma (y no que sea ordenada, pero recuerdo la sensación). Yo creo que todos disfrutábamos mucho el trabajo en paz hasta que un día algo nos cambió esa idea, pero esto sólo es mi hipótesis. Respeto a aquellos que sienten que fluyen con la presión, y todavía no me deshago por completo de esa costumbre.

Así como hay personas que sienten que mejor se funciona bajo presión, la mayoría de los seres humanos somos extremadamente receptivos a la espiritualidad cuando vivimos dolores/crisis/sufrimientos insondables. Cuando sentimos esa presión en nuestras emociones de resolver la angustia. Y tiene muchísimo sentido. Cuando uno se corta un dedo lo primero que necesita es parar el escurrimiento de sangre. La meta es no desangrarse. Cuando pasamos una situación compleja, me han dicho, y he vivido, lo primero es evitar el deslave del corazón y la vida a través de la herida. Lo que SEA que pare el dolor. Muchas veces en nuestros países de herencia católica ese “SEA” es Dios. Entonces Dios, que siempre ha estado presente en nuestras vidas como fondo musical de consultorio dental, pasa de ser recordado como el autor del libro abierto en el Salmo 23 en la sala de la abuelita a ser receptor de todas las oraciones/rezos o clamores (lo que salga) que nos de nuestra atormentada cabeza.

Fue C.S Lewis el que dijo «Dios susurra y habla a la conciencia a través del placer, pero le grita mediante el dolor: el dolor es su megáfono para despertar a un mundo adormecido» (C.S. Lewis, El problema del dolor*). Yo sólo me acordaba de la parte del megáfono, Google hizo lo suyo para recordarme lo demás. Mi corazón ahora anhela profundamente que Dios susurre y hable a mi conciencia a través de la gratitud. De los momentos que me producen gozo y placer. Qué necesidad tengo de volverme a exponer a dolores y agonías para entender y experimentar el amor de Dios. Para qué repetir cíclicamente el sentimiento profundo de morir ante la adversidad, pudiendo en mis momentos gratos, placenteros y de gozo entender lo valiosa que es la vida. Lo mucho que Dios está presente en cada momento.  Por qué uno tiene que esperar a que la muerte llegue para enviar las flores. Por qué no podemos agradecer en vida a tantos que nos han edificado, y esperamos a que mueran para recordarlos. Por qué no puedo reconocer a Dios en las glorias más grandes, pero me resulta tan fácil culparlo de cada fracaso. Por qué necesitamos depender del dolor para despertar, y no podemos escuchar los susurros en el placer. 

Entiendo que es parte de nuestra naturaleza, pero también es parte de nosotros el poder atender al llamado de los que amamos cuando estamos bien. También es nuestra porción el libre albedrío. Podemos decidir reaccionar al susurro y no requerir el grito. La verdad no quiero volver a sentirme que me muero para reconocer lo valioso que es vivir y lo mucho que tiene propósito mi existencia en el cosmos. Qué bonito es poder valorar la vida, el amor, las relaciones profundas que nos sostienen, desde el agradecimiento, no desde la ausencia, de la partida, muerte o rompimiento. No quiero que Dios me siga gritando y que para colmo de males sea con el mismo megáfono. Quiero responder a sus amables y gentiles susurros. Tengo ese propósito en mi corazón, de atender esos susurros cuando estoy bien. De no esperarme a morir para vivir. De disfrutar y agradecerle todo lo bueno que me ha dado cuando estoy en el mejor momento, y de no soltarle la mano así sienta que puedo agarrar al mundo con ellas. 


July

 

Referencias:

*https://www.goodreads.com/quotes/9854358-dios-susurra-y-habla-a-la-conciencia-a-trav-s-del

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Sólo para cristianos: Misterio glorioso

Sólo para cristianos: Sangre Que Sana

Sólo para cristianos: ¿permiso para sanar?