En el desierto se adora: parte 1


Estaba escuchando una reflexión (ya no sé por cuál medio la verdad) que hablaba del éxodo bíblico que sufrieron los israelitas en la historia de Moisés. Dice Éxodo 7:16 que Dios le dice a Moisés que le diga al faraón que deje salir al pueblo para adorarlo en el desierto. Otros versículos dicen “deja que vaya al desierto y me sirvan”.

Y hay varias cosas que podemos sacar. Primero, adorar a Dios es servirle. Y NO me refiero que estar sirviendo a una congregación en un grupo de alabanza o cantar a Dios es adorarlo exclusivamente. En parte sí es. Pero el sentido mayor es que adorar y ser útiles para Dios en nuestra comunidad es lo mismo. El reconocer la voz de Dios en el desierto y actuar conforme a lo que escuchamos, es adorar a Dios. El abandonar nuestras inseguridades y dejar atrás nuestros paradigmas para disponernos a entrar en la nube de truenos, relámpagos y sonidos extraños, con la intención de encontrarnos con el que nos liberó de la esclavitud de Egipto, es adorarlo (Deuteronomio 5:22-33, Éxodo 20:18-26) (hace unos años escuché que Dios estaba invitando a Su pueblo a una celebración a encontrarse directamente con Su presencia, pero al final el pueblo tuvo miedo y tuvo que conformarse con la mediación de Moisés; lo escuché en una conferencia EPAMEX y me dejó volando la cabeza). El escuchar de SU voz directamente sus ordenanzas para el florecimiento de nuestra comunidad y de nuestras vidas es lo que Él siempre ha deseado.

Para Dios adorarlo y servirlo es escuchar la voz de Él de la forma más cercana que nos sea posible discernir, atender lo que nos dice y bendecir a otros con este entendimiento. Cantar en una iglesia NO es adorarlo. Compartir tiempo con Él y buscarlo es adorarlo. Si las canciones nos llevan a esa condición completa, qué bendición. Si no, pero hay otra cosa que sí nos lleve a hacerlo, hay que hacerlo. Por eso los desiertos son lugares de adoración, porque podemos escucharlo y necesitamos tanto Su respuesta que estaremos dispuestos a hacer lo necesario para dejar de estar ahí. Ahora, el problema es que depender de dificultades extremas para desarrollar una relación profunda con Dios es un método muy violento. Mejor procuremos tener revelación y espíritu de Sabiduría. Continuará…

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